Escala del Costa Pacífica en Ândalsnes (Noruega)

París, 25 de octubre de 2015.

Querida Ofelia:

Al alba del lunes, 24 de Agosto de 2015, navegando por un mar calmo, con +13°c y un sol luminoso, recorrimos más de 38 millas del fiordo, cuya profundidad alcanza en algunos tramos los 200 metros, y con 1 milla de ancho en los puntos más estrechos. Hacia las 9 a.m. llegamos al puerto de Ândalsnes.

Ândalsnes es una pequeña ciudad situada cerca del Romsdalsfjord, a orillas del río Rauma, famoso por sus salmones. La pesca allí es considerada una actividad de gran importancia y atrae a apasionados de todos los rincones del mundo: son famosas las visitas realizadas por la casa real inglesa, y en particular, por el príncipe de Gales, Carlos, quien en más de una ocasión ha medido sus fuerzas con los grandes salmones del Rauma.

Ândalsnes fue vital durante la Segunda Guerra Mundial. Las tropas británicas la invadieron en 1940, pero pronto fueron expulsadas. La mayor parte de la ciudad tuvo que ser reconstruida tras los combates, lo que explica el esplendente y moderno look del lugar, que hace de Ândalsnes una ciudad muy agradable. Pero la particularidad de Ândalsnes son sus campos, fértiles con una intensísima producción agrícola.

A poca distancia de los glaciares, de las nieves perpetuas y de la legendaria pared del Trollwall, la más alta pared rocosa continental, meta de miles de apasionados de free climbing que la han convertido en uno de los muros de escaladas de rocas más famosos del mundo, se cultivan frutas, una demostración de cómo un país tan frío en realidad sabe conservar unas energías extraordinarias que nacen sólo y exclusivamente de la naturaleza y de la protección del hombre.

El itinerario de la excursión nos condujo, en primer lugar, a través de la bonita Romsdal y a continuación, al otro lado del puente Sogge, a través del valle de Isterdal. Allí el camino se inclina hacia la cascada de Stigfoss y luego sube hasta Trollstigen. La meta de la excursión fue el espléndido punto panorámico con vistas sobre el hermoso valle de Isterdal. Frente a nosotros, pudimos admirar las típicas formaciones rocosas de El Obispo, El Rey y La Reina, a un lado, y las cumbres de Las Brujas al otro. Un pequeño desvío se hizo hasta la denominada Trollwalr. La excursión terminó en el embarcadero.

Asistimos al aperitivo musical “Lasciatemi cantare”en el Piano Bar Rick’s. Fue un recital especial de música italiana interpretada por Mario.

Esa noche en el Ristorante My Way , la especialidad italiana fue la sopa de cebolla de Tropea tostada. La combinación de la cebolla con la guindilla y el queso cacio cavallo exalta los aromas de esta tierra generosa.
La cocción lenta realza el sabor de la cebolla que, mientras se vuelve transparente en el aceite caliente, suda y llena la cocina con su aroma.

Calabria, posee la dulzura de una tierra escabrosa. En ella el sol caliente obliga a la cigarra a chirriar y la canícula ralentiza el ritmo de todos los trabajos, que se vuelven más duros. Se alza el polvo del campo cuando pasa el campesino, mientras los olivos nudosos siguen observando, inmóviles y mudos. El aroma de azahar que viene del naranjal nos embriaga mientras descansamos a la sombra fresca de la casa de labranza y saboreamos los platos de una tradición que propone ingredientes sencillos y acertados contrastes, como en la sopa de cebolla de Tropea tostada, un plato simple y sustancioso que nos ofrece el dulzor de un bulbo que no hace llorar, como no sea de alegría al probar este plato.

Después de cenar disfrutamos de un recital de canciones clásicas italianas e internacionales, interpretadas por el tenor Giovanni Cucuccio en el Teatro Stardust. A continuación fuimos a la “Fiesta Tricolor”, en el Atrio Welcome donde se podía bailar al ritmo de los clásicos de la música italiana, con el Equipo de Animación, DJ Mirko, Sabrina y Giuseppe.

Terminamos la noche con “Érase una vez en Italia!” en el Grand Bar Rhapsody, donde eran interpretados los grandes éxitos de las últimas décadas por el Trío Pop Corn.

A las doce de la noche el Costa Pacífica zarpó hacia Hellesylt-Geriranger. Después de haber dejado la rada de Ândalsnes, recorrimos de nuevo el fiordo en el sentido contrario, y continuamos navegando por los fiordos Haramsfjorden, Vigrafjorden y Valderfjorden, característicos por sus innumerables islas, y con un paisaje típico y lleno de colores, para llegar a Breisundet, donde, hacia las 3 a.m. iniciamos la navegación en el interior del fiordo en el que están situados Hellesylt y Geiranger.

Estoy llegando al final de este hermoso viaje, me quedan por contarte los dos últimos días, lo cual haré prontop en sendas cartas.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández.

Foto: Ândalsnes, Noruega, 24.08.2015

Hispanista revivido.