París, 4 de octubre de 2015.

Querida Ofelia:

Hacia las seis de la mañana del sábado 22 de agosto pasamos el Cabo Helle, extremidad sur de las Islas Lofoten, costeamos en dirección este y proseguimos hacia la entrada de la rada de las Islas Lofoten en Leknes. A las siete embarcó el piloto y proseguimos hacia la rada, donde permaneceríamos anclados hasta las 6 p.m. El cielo estaba nublado y la temperatura era de +11°centígrados.

Las islas Lofoten, son un grupo de islas, islotes y arrecifes más o menos grandes que se extienden sobre el eje que va de norte a sur entre Tromso y Bodo.

La compleja morfología de las islas está relacionada con la acción de los hielos cuaternarios. Los relieves están constituidos en su mayoría por rocas eruptivas que se precipitan directamente en el mar y la cima de los mismos a menudo está cubierta por hielos o nieves perpetuas: el pico más alto mide 1161 metros.

La sucesión de montañas que surgen del agua esconde vastas praderas insospechables en las que pastan las ovejas. Un poco más lejos se descubren playas más largas, con arena blanca y agua verde, azul, de color esmeralda o de color turquesa.

Las distintas islas están comunicadas entre sí por medio de puentes, excepto las islas Vesatgoy y Flakstadoy, a las que se llega en barco.

La muralla montañosa de las Lofoten, que se eleva a plomo desde el Vestfjord, se alarga hacia el oeste y crea una barrera protectora contra la furia del Océano Atlántico. Durante el invierno la costa que se extiende desde las Islas Lofoten hacia el norte es una de las regiones más sujetas a borrascas de todo el continente europeo.

En las Islas Lofoten llueve a menudo, ya que las montañas forman unas verdaderas barreras que provocan, de forma inevitable, la aparición de precipitaciones. El tiempo cambia de manera repentina, coloreando el cielo con unas espléndidas luces. Paradójicamente, el verano es la estación menos intensa de estas islas, que en invierno, en cambio, viven una estación de una formidable actividad. La gran cita es el momento de las Lofotfisket, las pescas estacionales.

Los fiordos y los estrechos de las Lofoten son las aguas más ricas del mundo en arenques y merluzas. Tres mil pescadores acosan las merluzas árticas, que bajan desde el mar de Barents para ir hacia el sur, donde encuentran unas condiciones de temperatura y salinidad ideales. Cuando llega ese momento, los pescadores ocupan las Fiskeuaers, las estaciones de pesca con las típicas cabañas, deshabitadas el resto del año, y ponen a secar la merluza sobre las hjells, unos caballetes especiales con ganchos. Transcurridas de 5 a 7 semanas, la merluza, salada y seca, ya está lista para la exportación.

La isla de Flakstad ofrece unos estupendos panoramas entre los cuales encontramos una playa de arena blanquísima sobre la cual se alza una típica iglesia de madera roja que data del siglo XII. Siempre en esta isla, es posible admirar el Nusfjord, un fiordo pequeñísimo y realmente encantador que esconde un poblado de pescadores cuya vida parece haber permanecido inmóvil o encantada desde hace siglos. Aquí el tiempo transcurre no según los cánones tradicionales, sino siguiendo el flujo de los peces, de la pesca y del secado, a través de un rito que se perpetúa con la misma cadencia desde tiempos inmemorables.

En el barco tomamos lanchas para ir hasta los muelles del puerto, donde nos esperaban los autobuses para las excursiones. El guía y el chófer de nuestro autobús fueron muy desagradables y en chófer hasta agresivo verbalmente con un señor minusválido que se fue a sentar en la primera fila, la cual está reservada siempre para personas con deficiencias físicas. Se lo impidieron, mientras que los dos puestos detrás del chófer se mantuvieron vacíos durante toda la excursión. La guía de Costa Séverine, que nos acompañaba, trató de resolver la situación, colocando al turista minusválido y a su esposa en los dos asientos junto a la puerta del fondo del autobús.

Pasamos por Leknes, centro administrativo de la isla de Vestvagoy. La agricultura en esta isla es tan importante como la pesca. Pasamos junto al pequeño aeropuerto de Leknes sin perder de vista las montañas Himmeltindan, los montes más altos de la isla.

Pronto llegamos a Borg, el asentamiento de la antigua granja vikinga descubierta por un granjero mientras araba su terreno a principios de los años 80. Hoy está totalmente reconstruida y recibe el nombre de Lofotr. El edificio principal tiene una longitud de 83 metros y en sus alrededores hay distintas exposiciones y reconstrucciones. Nos llevamos una impresión muy realista de las condiciones de vida en aquella época, como por ejemplo el olor a humo en el interior, debido a las chimeneas abiertas. Afuera pudimos ver ejemplos del ganado que se criaba en la antigüedad: cochinos, caballos fiordos, ovejas, jabalíes, etc. Tuvimos una excelente guía, que era una señora francesa llamada Anne, ella se enamoró muy joven de esa región y decidió quedarse a vivir en ella. Como buenos turistas que somos, nos pusimos trajes de vikingos y nos armamos con cascos, espadas y escudos.

Junto a la granja se alza un moderno centro que cuenta con: restaurante, cafetería, tienda de souvenirs (en ella trabaja una encantadora mexicana llamada Diana), un museo de la vida vikinga y un cine donde pudimos ver un documental de 20 minutos muy interesante sobre la vida de los vikingos.

El catálogo sobre la exposición “Las Cumbres sagradas”, escrito por la arqueóloga Dorthe Kaldal Mikkelsen, da una amplia explicación sobre la vida de los vikingos y está ilustrado con bellas fotos.

Posteriormente nos trasladamos al mirador de Hagskaret, desde el que pudimos admirar el Mar de Noruega y el gigantesco fiordo Vest, situado entre la península y las islas.

Continuamos hasta Stamsund, un pueblo de pescadores fundado por Julius M. Johansen a principios del siglo XX. Vimos muelles actualizados, modernos equipos de pesca, una refinería de aceite de hígado de bacalao -que tan malos recuerdos de infancia me trajo-, tiendas, viviendas de pescadores y una iglesia, todo ello construido por un hombre extraordinario que llegó a convertirse en el mayor productor de Noruega de pescado seco y guano.

Antes de regresar al barco pasamos por el mirador de Einangen, desde el cual pudimos hacer excelentes fotos del fiordo Buksnes.

A las 6 p.m. el Costa Pacífica zarpó de Leknes dejando atrás las Islas Lofoten. Tomamos ruta sur. A las 8 y 45 p.m. aproximadamente dejamos el fiordo de Vestfjorden y, siguiendo ruta en dirección sur-suroeste, nos dirigimos hacia Trondheim.

En el restaurant My Way, como en cada cena, esa noche tuvimos un plato típico italiano. Ese día: penne a la tarantina con mejillones, tomate y guindilla. Un plato sencillísimo en el que la calidad de la materia prima transmite el territorio del que viene: mejillones procedentes de un mar cristalino, tomates madurados al sol cálido y generoso, guindilla que ha absorbido de la tierra y del aire su picor natural, y aceite, el preciado y dorado néctar de Apulia.

Recuerdo nuestro bello viaje hace tres años por esas tierras. Desde el Gargano hasta el Salento, resuena en el aire la pizzica, la danza popular típica de esa región que crea un ambiente festivo. Agitando un pañuelo delante de la cara, se invita al frenético baile. El desafío entre los nombres orgullosos y los colores de las faldas, que las mujeres cogen con las manos mientras bailan y dejan entrever los movimientos rápidos de los pies, nos transporta a una actuación que representa la vida con alegría, duelo, sentimiento, juego y conquista.

Entre la llanura más grande de Italia (después de la Padana) y las larguísimas costas, se extiende la antigua Apulia, donde se conservan restos de asentamientos prehistóricos. Allí la materia prima es excelente y las especialidades, genuinas y sencillas, suelen combinar verduras y pescado, como en la focaccia de Brindisi con alcaparras, tomate y battuta de atún en aceite; la sopa al estilo de Bari con tomate, aceitunas y mero; o las penne (pasta) a la tarantina con mejillones, tomate y guindilla.

Asistimos al Cóctel Costa Club en el Teatro Stardust, invitados por el Capitán Antonio Modaffari. Nos tomaron una foto con él, que después nos regalaron. Al final del mismo comenzó el espectáculo “Sport” con los cantantes y bailarines de A. Arimba Dance Company. En la ruleta del Casino jugamos y perdimos los 40 euros en fichas que nos había ofrecido Costa. Terminamos la noche en el Salone Around the Clock con “We love the 00’s !”. Fue una fiesta con los temas más célebres del nuevo milenio.

Continuaré a contarte nuestro hermoso viaje por los fiordos noruegos en la próxima carta.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández.

Foto: Chica vikinga de la granja. Museo Vikingo de Borg. 22.08.2015

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