Escala en Palermo del Costa Mediterránea

relicario

Foto: El Relicario de Santa Rosalía. Catedral de Palermo.

París, 6 de febrero de 2016.

Querida Ofelia:

Anclamos en Palermo el sábado 26 de diciembre al alba, provenientes de Palma de Mallorca. Teníamos marejadilla, cielo despejado y +10°c.

Puente ideal entre Europa y África, con sus 700 000 habitantes, Palermo representa no sólo una ciudad de gran importancia metropolitana, sino que es también una capital llena de arte, cultura y tradición, favorecida además por los tráficos comerciales, que gracias a su posición estratégica han sido siempre muy intensos, y también marítimos. Según demuestran unos estudios determinados con gran seguridad, Palermo, que en pasado se denominaba Panormus, por la profunda ensenada que permitía el atraque de los barcos, estuvo habitada desde la prehistoria por individuos que ocupaban las grutas y los refugios naturales de las laderas del Monte Pellegrino, que, con sus 600 metros de altura, domina la ciudad.

Seguidamente fue una ciudad griega, púnica, romana, cartaginense, bizantina y, en el siglo IX, sarracena, convirtiéndose en una de las ciudades más espléndidas de su tiempo. Sus características moriscas, mezcladas con aquellas heredadas de los normandos, que llegaron inmediatamente después de los sarracenos para dominar durante un largo tiempo, militar y administrativamente, la ciudad y gran parte de la isla, se hicieron célebres gracias a Federico II, que instaló aquí su cosmopolita corte, favoreciendo la creación de un centro cultural muy activo. Después del periodo angevino, durante el cual perdió la primacía del reino, adquirida por Nápoles, y de cuyo gobierno se liberó con la sublevación de las Vísperas Sicilianas (1282), refloreció bajo la dominación de los Aragoneses.

Siguió el dominio español y más tarde el borbónico, al que puso fin Garibaldi con la expedición de Los Mil, el 27 de mayo de 1860. Los contrastes entre todas estas culturas, cada una de las cuales ha dejado su propio testamento arquitectónico en la ciudad histórica y en sus inmediatos alrededores, son sin duda la característica más interesante de un tejido urbanístico lleno de color y tan vivo o más que el tejido social de la ciudad.

Los ejemplos de arquitectura normanda más interesantes, auténticas obras maestras históricas y artísticas, son el Palacio de los Normandos de Piazza della Vittoria, dentro del cual destaca la famosa Capilla Palatina (1132), dedicada a los apóstoles Pedro y Pablo y rica en mosaicos, un ejemplo de fusión de arte románico, árabe y bizantino.

En cualquier caso, el símbolo mismo de la ciudad, y no sólo por su importancia religiosa y de culto, es la Catedral de Monreale que, realizada en la segunda mitad del siglo XII, resulta ser una de las iglesias más bellas y armoniosas dedicadas a la Asunción. Monreale representa también una auténtica visita obligada por sus mosaicos. Ubicada a 7 kilómetros al sur de Palermo, sobre una maravillosa altura panorámica que domina la Conca d’Oro y el valle del río Oreto, se convirtió en uno de los puntos de referencia más importantes de la ciudad cuando Guillermo II erigió aquí la Catedral y el monasterio benedictino.

Arte y riquezas arquitectónicas aparte, toda la ribera de Palermo es un espléndido rincón de costa que ofrece unos imperdibles atractivos veraniegos: el clima, que durante la primavera y el otoño permite disfrutar de deliciosos baños fuera de temporada en un contexto realmente extraordinario. Cefalú, centro marítimo situado a 74 kilómetros de Palermo, es una de las más famosas localidades de la costa septentrional de Sicilia, famosa también por sus numerosos monumentos y edificios históricos que, también en este caso, se encuentran integrados en un entorno múltiple que debe sus principales influencias a árabes, normandos y españoles. En este sentido el ejemplo más importante es sin duda la Catedral, una espléndida construcción normanda cuyo interior presbiteral resplandece con sus mosaicos sobre fondo de oro. También es muy cautivador todo el centro medieval, enriquecido con decenas de talleres artesanos en los que el hierro forjado asume unos contornos de extraordinaria habilidad.

Mención aparte merece, sin lugar a dudas, la gastronomía palermitana, celebérrima por sus platos, ricos y elaborados pero, al mismo tiempo, preparados con productos simples y muy genuinos. Es sabrosísima la “pasta con le sarde”, plato siciliano a base de macarrones condimentado con sardinas, hinojos, aceite, y anchoas en blanco o con tomate y la pasta con berenjenas o con sepias. También son típicas las berenjenas rellenas, los “arancini”, unas croquetas de arroz rellenas con menudillos de carne, el estofado de pulpo, el pez espada, el atún encebollado o la pescadilla a la palermitana. Todo esto sin olvidar los dulces, que en Sicilia cuentan con una tradición propia: la tarta siciliana de requesón, la fruta escarchada, las pastas de almendras, los frutos de Martorana (mazapanes) y los turrones. Un agradable aperitivo, aunque a decir verdad, en estos lares suelen tomarlo con el desayuno, es el granizado siciliano, cuyo sabor esconde, bajo la fruta fresca, un corazón dulce de exquisito café.

Salimos del puerto de Palermo y recorrimos una autovía que atraviesa el corazón de Sicilia hasta la entrada del Valle de los Templos de Agrigento, que desde 1998 es uno de los lugares considerados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, pues constituye uno de los testimonios más representativos de la civilización griega clásica.

Esta ciudad, fundada con el nombre de Akragas en el año 582 a. C. por colonos griegos, alcanzó en pocos decenios un desarrollo extraordinario, hasta convertirse en uno de los centros económicos y culturales más importantes del Mediterráneo. De hecho, el gran poeta griego Píndaro la definió como “la más bella ciudad de los mortales”.

El Valle de los Templos es hoy en día el testimonio más grandioso de aquella época, capaz de cautivar a los múltiples visitantes ilustres que le han rendido homenaje a lo largo de los siglos, como Ariosto, Goethe, Maupassant o Pirandello. Nosotros sentimos esas mismas emociones al admirar el Templo de Juno o el grandioso Templo de la Concordia, que nos sorprendió por su majestuosidad, la armonía de la estructura arquitectónica y su perfecto estado de conservación. Continuamos la visita en el templo dedicado a Hércules, el héroe de la ciudad; el Templo de Zeus, construido como oferta de agradecimiento al dios después de la victoria sobre los cartagineses en la batalla de Himera y el Templo de los Dioscuros, que ha pasado a ser todo un símbolo de Agrigento y de Sicilia. Después de la visita, regresamos al centro histórico de Palermo.

Almorzamos deliciosamente la cocina típica siciliana en el Ristorante Primi Piatti, situado en el Vicolo San Giuseppe, 2/b. Nos atendieron muy amablemente los propietarios Roberto mauro y Maria Grazia Bindolillo, que son al mismo tiempo cocineros y camareros. Se lo recomiendo a todo el que vaya a Palermo. El N° de teléfono es: 09 16 11 11 10.

El Macco de habas e hinojo es un plato antiquísimo, originario de la provincia de Agrigento, elaborado mediante la cocción prolongada de habas secas, que crean una crema a la que se añade una verdura y aceite de oliva virgen extra. Precisamente la sencillez es el punto fuerte de este plato: de hecho, el término siciliano màccu designa una actitud soberbia y altiva, como la de la pobre haba seca que, para llegar a nuestra boca, se ha vestido con un preciado brocado de hinojo.

En Sicilia existe la rebelión del sabor. Estamos ante damas y caballeros que pasean por un naranjal mientras el sol se filtra con discreción entre las hojas, en un lugar impregnado del aroma de la bergamota, el jazmín y el limón. El ritmo lento de una tierra antigua y llena de influencias que han hecho que sea inmortal, inmutable, eterna. En esta situación, percibimos el espíritu italiano, por un lado indolente y genial, por el otro capaz de rebelarse profundamente ante quien intenta someterlo. Esta fuerza, casi rebelde, se expresa también en platos como los espaguetis con anchoas, piñones, uvas pasas y pan tostado; en las verduras a la plancha marinadas con orégano; o en el macco de habas enriquecido con aceite dorado, la mezcla perfecta de dulce y salado, de equilibrio y vértigo.

Después de almorzar, nuestro paseo empezó con una vuelta panorámica de la ciudad (en un gran taxi, el cual nos esperó mientras hacíamos las visitas), para admirar sus monumentos más bellos: el Teatro Politeama, el Teatro Massimo, Los Quattro Canti, el Palacio Real y la Plaza Pretoria. Visitamos también las impresionantes Catacumbas de los Capuchinos, una curiosidad del pasado donde incluso hoy en día son visibles más de 8000 cuerpos momificados, nobles y ciudadanos que todavía visten la ropa típica de los siglos XVIII y XIX. Lógicamente mis nietos no entraron, yo me quedé con ellos al exterior. Después de esta visita chocante, nos dirigimos al Castillo de la Zisa, bello ejemplo de la arquitectura árabe, que servía de alojamiento a los reyes Normandos. La tercera y última etapa de ese Palermo misterioso fue la prestigiosa Catedral de Palermo, de aspecto gótico por la presencia de las torres, columnas y arquitos que decoran todo el frente de la construcción, se presenta con las 4 torres de la época normanda y la bella cúpula, junto al Palacio Arcivescovile con dos grandes arcos en la cual se alza la torre campanario con el reloj. El interior custodia las tumbas imperiales y reales de los normandos, en la cual hay una historia de romance y rica de intereses legada a Ruggero II, rey del 1130, el sucesor Federico II y el padre Enrico VI. También la tumba de Santa Rosalía, patrona de la ciudad, se encuentra en una espectacular y riquísima capilla.

Después de visitar la espectacular Piazza Pretoria, regresamos al Costa Mediterránea.
Cenamos como durante todo el viaje en el Ristorante degli Argentieri. Todos gastábamos ropas con los colores de la bandera italiana: rojo, blanco y verde, como nos habían sugerido en el programa del día.

Mientras el barco zarpaba rumbo a Nápoles, todo era una fiesta. Te reproduzco el programa de la noche.

8 y 15 p.m. ELECCIÓN DE MISTER ITALIA con el Equipo de Animación. Piazza Casanova.
9 y 15 p.m ESPECTÁCULO: ELEMENTS . Los 4 elementos: Tierra, Aire, Agua, Fuego con los bailarines del Costa Mediterranea y los cantantes Sharika Bukhory y David Bryan. Teatro Osiris.
10 p.m. Sorteo del: “Registre y Gane” con el Equipo de Animación. Piazza Casanova.
10 y 15 p.m. “Bailamos la Tarantella” con el Equipo de Animación. Piazza Casanova.
10 y 30 p.m. “Latin Dancers Show”. Piazza Casanova.
11 pm. “Lo mejor de la Musica italiana” con el equipo de animación y nuestro DJ Salón Isolabella.
11 y 30 p.m. “Especial de baile Italiano” con la Incoming Band. Piazza Casanova.

Al mismo tiempo funcionaba el Casino, los bares y cafeterías.

En mi próxima carta te contaré sobre la escala en Nápoles.

Un gran abrazo desde la espléndida Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Hispanista revivido.