Escribe Hilaria Clinton una carta abierta a los puertorriqueños

Titulada “Mi compromiso con los puertorriqueños” el documento fue publicado por el diario isleño el Nuevo Día ayer

  • Propone un plan “exhaustivo que impulse su economía y guíe al gobierno en un camino sustentable”, pero no explica como será financiado
  • Propone igualmente un plebiscito para que el pueblo de Puerto Rico decida lo que quiere

 

Puerto Rico es uno de mis lugares favoritos en el mundo. He caminado por las playas de Boquerón y disfrutado de arroz y habichuelas en Peñuelas. En visitas desde Aguadilla hasta Cabo Rojo, he conocido a varias de las personas más memorables de mi vida. Todos y cada uno de ellos desean lo que todos los estadounidenses quieren, la oportunidad de desarrollar el potencial y talento que Dios les ha dado.

Aún este simple objetivo ha quedado fuera de sus alcances. Por los pasados 40 años, la economía de Puerto Rico se ha quedado rezagada en comparación con la del resto de los Estados Unidos y ha estado sumida en una profunda depresión por la pasada década. Durante este tiempo, la economía se redujo un 20 por ciento y forzó a que una de cada 10 personas se mudara a otros estados. Desafortunadamente, se estima que la economía continúe decayendo.

El gobierno local ha luchado por pagar los desembolsos contributivos que le debe a los ciudadanos y los pagos que les debe a los suplidores. Ha aumentado los impuestos y reducido gastos, por lo que se ve en la posición de tener que escoger entre pagar completamente a los acreditadores o continuar los servicios de los que depende el pueblo de Puerto Rico. La situación es insostenible y el gobierno federal debía haber provisto hace tiempo la ayuda que los puertorriqueños desesperadamente necesitan.

Nuestros compatriotas en Puerto Rico merecen un plan exhaustivo que impulse su economía y guíe al gobierno en un camino sustentable. En esta campaña, estoy proponiendo una visión para la Isla con este objetivo.

Primero, tenemos que reestructurar la deuda de Puerto Rico inmediatamente. Desde el pasado julio, he exhortado al Congreso en varias ocasiones para que otorgue Puerto Rico la autoridad de reestructurar sus deudas. Esto no se trata de un rescate económico. Simplemente, estamos hablando de proveerle a la Isla las mismas oportunidades para que salga adelante.

Esto no significa que Washington debe imponer una junta que anule el poder de oficiales electos a nivel local. En cambio, cualquier nuevo organismo que se establezca debe trabajar en colaboración con los oficiales de Puerto Rico. Este no debe buscar soluciones contraproducentes como reducir el salario a los trabajadores. También, debe honrar nuestra obligación para proteger las pensiones de aquellos que han trabajado en el gobierno, así como debe proteger los ahorros de retiro de los trabajadores del sector privado. Según el proyecto sobre la reestructuración de la deuda avanza, lucharé para asegurar que estas preocupaciones sean atendidas y trabajaré para asegurar que el pueblo de Puerto Rico tenga una voz en cualquier junta de supervisión que se imponga, para proteger su salud, sus pensiones y su calidad de vida.

Segundo, tenemos que reconocer que la crisis presupuestaria es solo una pieza del rompecabezas. Puerto Rico necesita, además, un plan a largo plazo para atender su población que continúa disminuyendo, así como la continua pérdida de empleos, altos costos de servicios de luz y agua y desigualdad en inversiones federales.

El trato inconsistente de Puerto Rico bajo las leyes federales ha sido un factor clave en su declive económico. Algunos programas consideran al país como un estado de segunda clase, mientras otros no lo reconocen de ninguna forma como parte de los Estados Unidos. Este irregular acercamiento no tiene sentido y estoy comprometida a asegurar que los puertorriqueños sean tratados equitativamente.

Comencemos por igualar la asignación de fondos en el sistema de salud y apoyar a las familias. Programas como Medicare, Medicaid, el Crédito Federal Infantil y el Crédito Contributivo por Ingresos Devengados (Earned Income Tax Credit) puedan hacer una diferencia real cuando se trata de atender a la familia y ganar un sueldo digno. Esto aliviaría la carga sobre el gobierno local y los negocios. Estos programas deberían estar disponibles para todos los trabajadores con salarios bajos, las personas mayores y las personas con discapacidades. Como presidenta, trabajaré tan duro como sea posible para asegurar igual acceso a estos programas para los puertorriqueños.

Tenemos que atraer más inversión para Puerto Rico. Mi plan creará la misma clase de incentivos para inversiones dirigidas a la creación de empleos en áreas desatendidas como se ha aplicado en comunidades afligidas en los Estados Unidos.

Tercero, y más importante, durante mi presidencia, trabajaré tan fuerte como me sea posible con defensores de todas las ideologías para responder a la pregunta fundamental de su estatus político. Le corresponde al pueblo de Puerto Rico decidir y yo me comprometo a apoyar su deseo.

Un proceso para resolver el estatus legal de Puerto Rico tiene que ser justo y consistente con la Constitución y las leyes de los Estados Unidos, cuya decisión debe ser aprobada por un voto mayoritario. Apoyaré cualquier proceso que cumpla con estos términos, como lo es un voto sí o no sobre la estadidad. Es momento de resolver este asunto de una vez y por todas.

Y, por supuesto, ya que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses, lucharé por su derecho de votar en las elecciones presidenciales.

Sé que estos pasos no serían fáciles. Pero, como presidenta, voy a trabajar de cerca con el nuevo gobernador electo, el Comisionado Residente en Washington y la Asamblea Legislativa para asegurar que Puerto Rico tiene lo que necesita y que sea escuchando como siempre he hecho.

Cuando era primera dama, lideré una delegación presidencial para evaluar y ayudar a Puerto Rico tras los estragos del huracán Georges.

Como senadora de Nueva York, me sentí honrada de representar a tantos puertorriqueños y prestarles mi voz en el Congreso. Patrociné legislación para un plebiscito autorizado por el gobierno federal sobre el estatus del territorio y argumenté a favor de tratar a los puertorriqueños de forma igualitaria bajo el programa federal de crédito contributivo infantil.

Como secretaria de Estado, trabajé con oficiales puertorriqueños para coordinar los esfuerzos de respuesta en Haití después del terremoto. También, trabajé para abrir una oficina federal para tramitar los pasaportes en Puerto Rico.

Como presidenta, continuaré siendo una aliada con la que Puerto Rico puede contar. Trabajando juntos, podemos finalmente ayudar a los 3.4 millones de ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico para que puedan alcanzar igualdad y una democracia plena, así como asegurar que llegue el futuro que ustedes merecen.

Hispanista revivido.