Lo que está sucediendo en la parte Oriental de la Isla de Cuba no tiene ejemplo en la historia de la humanidad.

Ahora o nunca

La insurrección cubana ha hecho en cuatro meses más daño, ha cometido más iniquidades, ha amontonado más horrores que la guerra civil, durante medio siglo, en los Estados peor gobernados y más inquietos de la que fue América española.

Lo que está sucediendo en la parte Oriental de la Isla de Cuba no tiene ejemplo en la historia de la humanidad. Los bárbaros talaban los territorios por donde pasaban, cuando encontraban resistencia o no pensaban volver a ellos; también destruían las comarcas que abandonaban, pero no aplicaban la tea ni el hierro al suelo que pensaban continuar pisando.

Los rebeldes de la Isla de Cuba incendian las ciudades en donde han nacido, talan los campos que los han alimentado, arruinan a sus hermanos, a sus padres, a sus esposas y a sus hijos; son el genio de la destrucción en su más horrible deformidad.

Cuando las generaciones venideras lean lo que está sucediendo, considerarán fábula la historia, y las naciones americanas y europeas se negarán a dar entero crédito a lo que pasa, o apartarán con horror los ojos de un país que presenta tales modelos.

En circunstancias mucho menos graves, no conocemos ningunas ‘que igualen a las que atraviesa la isla, suspenden los ingleses su célebre habeas corpus, y han dado los americanos facultades dictatoriales al Presidente Lincoln.

No es momento de vacilar, no es momento de detenerse, ha llegado la solemne hora de obrar con tanta resolución como energía, de reunir todas las fuerzas de la sociedad, para oponerlas a los que quieren destruirla, de dar el contra-fuego a ese incendio que todo lo arrasa en su marcha.

Es imposible que los más no estén inclinados al bien; es imposible que no quieran salvar el honor de sus familias, sus vidas y sus propiedades. Los que quieran la destrucción pueden ir a aumentar las odiosas falanges de los incendiarios; pero es preciso que los que prefieran la antorcha de la civilización a la tea de la barbarie se decidan a combatir hasta perecer o triunfar. El mal es grave, el remedio urge: ahora o nunca

Diario de la Marina, febrero 1869.

Hispanista revivido.