Según las encuestas, el PP quedará como primera fuerza en las elecciones del 26 de junio en España; la segunda fuerza sería Unidos Podemos (alianza de los neocomunistas y los paleocomunistas de toda la vida); el PSOE, muy mermado, quedaría tras el ‘sorpasso’ podemita como tercer partido, solo por delante de Ciudadanos, que quedaría en cuarto lugar. Ninguna de los cuatro partidos alcanzaría mayoría suficiente para gobernar, por lo que los socialistas españoles tendrían la llave de la gobernalidad en el juego de pactos poselectorales. Del PSOE dependerá pues el rumbo que tome la España del pluripartidismo caótico. O se despeña por el barranco del chavismo o continúa su curso normal (no exento de grandes problemas como la corrupción sistémica, pero no tan graves como sería el totalitarismo bolivariano), según apoye a la alianza de extrema izquierda o a los partidos constitucionalistas de centro: PP y Ciudadanos. Crucemos los dedos para que a su líder Pedro Sánchez, tan mediocre como ambicioso, no le dé por apoyar a la chusma antisistema que ya gobierna en Madrid y Barcelona, así como otras ciudades importantes del país. Un enorme peligro.

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