España: una nación ausente

El autor analiza cinco problemas que debería enfrentar la sociedad española para resolver su crisis de identidad

Una parte de la izquierda se niega a reconocer los símbolos de España y a ver su unidad como un orgullo y una garantía para el futuro

 

Isidoro Sevilla

Día 20 de julio de 2013, Bogotá: junto con otros compañeros que también estaban de intercambio en la Universidad Pontificia Javeriana y acompañados por bogotanos de toda la vida, presencié el desfile de las Fiestas Patrias de Colombia, llevado ante todo por una curiosidad sociológica, gajes del oficio.

Lo que pude ver fue tanto inesperado como increíble a mis ojos. ¡Qué fervor de patriotismo, chico! Qué respeto profundo entre las gentes hacia los símbolos que identifican a su nación , entre vítores y alegrías festivas. En España, me dije para mis adentros, no hay algo similar, tan sentido y entendido.

Apenas un año después estuve visitando a mi novia peruana y pude presenciar en Lima y Cuzco espectáculos similares como motivo de las Fiestas Patrias: chavales pequeños, de colegio, realizaban performances en las ciudades recordando su Historia con afán y ganas. Sonriendo y siendo aplaudidos por la gente. Y, aunque en algunos casos nos ponían verdes, no pude evitar sonreir: nuestros hermanos de Hispanomérica, aman sus Patrias y no las entienden como un problema ideológico. No celebran simplemente un desfile al que sólo acude una parte de la población, sino que transciende a una semana entera de festejos de todo tipo.

Este tipo de vivencias te permiten corroborar que la nación española vive en una lenta agonía, una crisis de identidad acusada que , con la mano en el corazón e inteligencia política, debemos ser capaces de paliar las generaciones venideras, combatiendo en la trinchera política el concepto de España y también consecuentemente , la idea de Hispanoamérica desde nuestra perspectiva.

Y Bien ¿cuáles son las razones de esta fuerte crisis de identidad que no permita a España tomar conciencia de sí misma? ¿Qué nos impide poder celebrar unas “Fiestas Patrias” orgullosos y con respeto, como hacen en otros países culturalmente vinculados al nuestro?

Iré analizando estas variables punto por punto.

GW550H381La fecha de fundación: España no tiene un acontecimiento puramente institucional de fundación como sucede en otros países. En Alemania e Italia, la unificación durante el Siglo XIX, constituye una fecha de referencia a partir de la cual se puede hablar de Italia o Alemania por ejemplo. En los países de América, tanto al norte como al sur, hay claras fechas fundacionales e hitos patrios que permiten explicar, en gran parte, sus países a partir de ese momento. Esto está ausente como tal en España y nos obliga a bucear en fechas históricas de referencia a partir de las cuales, ante el resto del mundo, se comienza a hablar de España como conjunto. Siendo fieles a la documentación histórica podemos hablar del comienzo de España como nación histórica (comunidad de súbditos bajo un mismo Rey) a partir del matrimonio entre los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (con el Rey Carlos V ya se cumpliría la premisa de todos los súbditos bajo el mismo Rey). Estos dos reyes, que fueron de los más hábiles, astutos (en especial Fernando) y virtuosos y emprendedores (en especial Isabel) de su generación en la totalidad del mundo cristiano-europeo, el mundo conocido para nosotros en la época, son a ojos del mundo, nuestros “Padres Fundadores”.

La apuesta por continuar el descubrimiento (desde nuestra perspectiva) y conquista de un nuevo continente permitió a España difundir su lengua y su cultura, con sus virtudes y sus defectos, desmoronando los Imperios que allí existían y generando en muchos casos una fuerza mezcla cultural, visibilizado por las familias mixtas y la mezcla de sangre, que ha llegado a nuestros días.

Otra fecha importante de identificación de España , es la Guerra de la independencia contra Napoleón, pues a partir de la misma, con la entrada de las ideas liberales y burguesas, se cambia el concepto de súbdito real al concepto de ciudadanos poseedores de libertades y derechos por sí mismos. La Constitución de 1812 , subraya así el comienzo de la Nación Política. No obstante, antes de esa fecha, y también antes de que el primer rey Borbón unificase la administración de los antiguos reinos, todo el mundo hablaba ya de España. Es por ello que pienso que el nacimiento de España como nación histórica es el momento fundacional clave.

CONSTITUCION DE 1812 . ESPAÑA REINADO DE FERNANDO VII PORTADA DE LA CONSTITUCION DE 1812 BIBLIOTECA NACIONAL.MADRID

Sin detenerse más en este punto, cabe decir que Portugal o Francia tampoco tienen una clara fecha de fundación y no tienen una crisis de identidad como la nuestra, con lo que conviene comprender la importancia de otras variables.

2º El Franquismo: los casi cuarenta años del régimen de Franco (y la Guerra Civil previa) es tristemente hoy uno de los factores que impiden a los españoles identificarse del todo con la nación. La propaganda usada por el Bando Nacional primero durante la guerra relacionó España con una serie de ideologías defendidas por ellos y designando a los republicanos (entre los cuales también había patriotas) como “la anti-España”, aislando de facto a una parte considerable de la izquierda española y no sólo a los separatistas. Por lo demás, el régimen de Franco empleó los símbolos que previamente existían: la Bandera Rojigualda y la Marcha Real, pero con una nueva letra. No obstante, por mucho que las heridas de la guerra y el franquismo nos separen ¿ no han pasado ya 70 años de lo primero y cuarenta de lo segundo? Entonces probablemente este factor tampoco valga para explicar todo, pero se conecta, como consecuencia, en la siguiente variable.

3º la izquierda: empleando como pretexto que la bandera y el himno se usaron durante el franquismo , tras la Transición que dio lugar al régimen del 78, una parte de la izquierda se niega a reconocer los símbolos de España y a ver su unidad como un orgullo, ya que , a su juicio “representan a un Estado fascista”. Esta excusa se ha convertido en una de las razones por las que nuestra nación está constantemente en tela de juicio. La izquierda ¿española? Ya no es la de Azaña u otros republicanos que decían que la única nacionalidad es la española, sino que ofrece concesiones a los separatistas hasta en la batalla de conceptos (permitir definir a Cataluña como Nación) y siempre con el beneplácito de la derecha. Por supuesto, con izquierda me refiero a la hegemonía cultural que lidera la progresía en España y a las élites. Dentro de la gente de a pie hay muchos ciudadanos de izquierdas que conciben los símbolos nacionales como propios, pero es difícil defenderlo así cuando las élites de tu partido y de los medios van en la dirección opuesta. Así, entendiendo que España es una ideología, tienden a atacarla y contraponen, con la bandera de la Segunda República (que representa a una minoría , al igual que el Águila de San Juan) , los símbolos de todos. Y cada vez va a más. En definitiva, lo clave aquí es que hay un sector de la izquierda que no siente apego por el consenso que crearon en el 78 (del que ahora hablaré) y en cambio exige a la derecha que lo siga a pies puntillas. Ésta por supuesto, lo hace porque ambos beben del mismo relato.

Así, entendiendo que España es una ideología, tienden a atacarla y contraponen, con la bandera de la Segunda República (que representa a una minoría , al igual que el Águila de San Juan) , los símbolos de todos. Y cada vez va a más.

Franco-ha-muerto4º El Régimen del 78: Si estuviese escribiendo estas variables por orden de importancia, sería la primera causa de la problemática identitaria de la España actual, ya que constituye el marco normativo que lo sustenta. El régimen del 78 ha amparado que las autonomías se conviertan en comunidades separadas unas de otras. Hoy mismo, día de la Fiesta Nacional, escuchaba en Telemadrid (cadena subvencionada por el goberno autonómico del PP) a una periodista que estaba de acuerdo con que Artur Mas, Urkullu y la presidenta de Navarra no asistieran ni al desfile ni a la recepción con el moncarca posterior al mismo. Si bien lo segundo se puede entender si se es republicano de conciencia, el asistir a los actos de todos debe ser obligatorio para los representantes de todos. Pero es que no contento con ésto, la susodicha periodista decía que , “España se conforma de muchas comunidades autónomas y que éstas deben poder decidir a qué actos acuden y a cuáles no” semejante frase permite entender qué es España para los artífices del Régimen del 78. ¿Cómo va a componerse España de autonomías si éstas son una concesión de la misma España? No tiene ningún sentido, evidentemente.

El dislate , para resumir (que me estoy extendiendo) es el siguiente: para la clase política de hoy, España nace en 1978. Todo lo anterior, no es España. Y en línea con ésto, tampoco Puerto Rico o Cuba podrían reivindicar ser parte de España porque la España de los Austrias, de Felipe II, de la Monarquía Universal, la de Galdós o la de la Primera República, no serían España sino otra cosa diferente. Sólo podemos estar orgullosos de nuestra Historia entendiendo que se resume al 78 . Los políticos del 78 pensaron que la mejor manera de combatir algunos mitos nacionales del franquismo era generar un nuevo mito fundacional en relación con la Constitución y el “Consenso” (de las élites generadas durante el franquismo, por cierto.)

Como es lógico, poco a poco ese mito artificial se va desvaneciendo al tiempo que el modelo de convivencia propuesto en 1978 resulta obsoleto a ojos de una mayoria de la juventud. El modelo de las 17 comunidades autónomas además , ha dado rienda suelta a la creación de identidades regionales divergentes con la identidad nacional y no complementarias, en especial en comunidades lideradas por los separatistas desde la Transición. Como todos los partidos asumen que España nace en 1978 y que la España constitucional es lo único que nos une, ni la derecha ni la izquierda son capaces de interpretar España desde otros puntos de vista, más coherentes desde una base historiográfica.

Para la clase política de hoy, España nace en 1978. Todo lo anterior, no es España. Y en línea con ésto, tampoco Puerto Rico o Cuba podrían reivindicar ser parte de España porque la España de los Austrias, de Felipe II, de la Monarquía Universal, la de Galdós o la de la Primera República, no serían España sino otra cosa diferente

Brevísima-historia-del-indigenismo5º La Leyenda Negra y el Indigenismo: los lectores que vivan fuera de la España peninsular conocerán este fenómeno incluso mejor que los que residen en ella. Sobre nuestra Historia está la sombra de una leyenda negra que muchos historiadores han defendido como si se tratase de la versión oficial de los hechos. Así, las potencias europeas interesadas en que muchas provincias de América constituyeran Estados propios para ganar influencia a costa de España y potenciar sus propios intereses geopolíticos, han generado una visión de España que dista de la realidad de los acontecimientos, presentando a nuestros gobernantes y a nuestro pueblo como unos tiranos que son los únicos culpables de la situación de pobreza y desigualdad en América así como de la reducción de los colectivos indígenas. Esta versión ignora entre otras cosas, la violencia ejercida contra los mismos por parte de los criollos que querían separarse de España y también que muchos indígenas preferían a la Corona que, al estar más lejos, influía menos en su forma de vida. De hecho son muchos los que lucharon en favor de la Corona.

En línea con la Leyenda Negra, en todos los países de Iberoamérica ha aflorado el indigenismo como ideología. Este no consiste en fomentar la interculturalidad para mejorar las condiciones de vida de los pueblos indígenas y enriquecer la Historia y cultura de sus países empleando para ello el reconocimiento mutuo, sino que implica exactamente lo mismo que la Leyenda Negra: suprimir la huella dejada por España en sus culturas para retornar al origen precolombino en una suerte de “memoria histórica”. Se trata de una batalla perdida ya que el sustrato cultural de estos países tiene más elementos comunes con España que con los pueblos precolombinos. Es importante que no olviden su historia y que reconozcan las peculiaridades de los colectivos indígenas desde el respeto a la diferencia. Esto puede contribuir a una visión inclusiva de las diferentes naciones del continente sin renunciar a su herencia española. Lo que no está bien es tratar de tergiversar la Historia para que la responsabilidad de los actos propios recaiga en otros actores sociales y políticos. Este punto contribuye a la crisis de identidad porque España es uno de los países que más ha asumido esta Leyenda Negra y siente “un enorme complejo” por su Historia. Evidentemente no se trata de defender una visión romántica y rosa de la Historia que la l altere en el sentido benévolo. Se trata sencillamente de asumirla tal como fue y no tratar de cambiarla.

Estas cinco variables contribuyan a que la España de hoy sea una nación ausente, un Estado cuyo único fin de administrar y gestionar un pedazo de tierra, sin que exista ninguna ambición de país. Se puede ver en el escenario internacional: España no emplea su influencia para acercarse a las reivindicaciones de los puertorriqueños, que viven en una situación colonial, sin derechos políticos y tampoco reivindica el estatus del Sáhara Occidental, una región dominada por Marruecos donde se infringen los DDHH y qué decir de Cuba: todos los países han ido delante de España cuando se produjo la apertura del régimen hace apenas tres meses. A diferencia de otras naciones europeas, como Alemania , Francia o Reino Unido, España no tiene ninguna relevancia en la geopolítica mundial. Es por tanto una nación administrada sin orgullo ni ambición de país, precisamente por las divisiones existentes en cuanto a la idea de nación que debería implicar.

Estas cinco variables contribuyan a que la España de hoy sea una nación ausente, un Estado cuyo único fin de administrar y gestionar un pedazo de tierra, sin que exista ninguna ambición de país.

A estas variables se les debe añadir la transformación de la capacidad de las instituciones nacionales (representadas en el Estado, su simbología y apelativos) para constituirse en referente de identidad de los diferentes individuos. En las sociedades posmodernas, son muchos los estímulos y las referencias que tenemos para construir nuestra identidad y se tiende a decir que la pertenencia a una nación es cada vez menos relevante a la hora de definirnos. Sin embargo, si bien las dinámicas de la globalización están transformando las naciones en términos culturales y económicos, reduciendo la acción de la soberanía a políticas que no “dañen” a los grandes flujos financieros, la gran mayoría de la gente se sigue identificando con una nación frente a la consideración general de ciudadano del mundo o miembro de una comunidad territorial más pequeña. De hecho, en los países pertenecientes a la UE, la adscripción a los Estados-Nación es mucho mayor que hacia Europa. Esto lo sabemos por medio de las encuestas realidad estadounidenses de World Values, que evalúan los cambios de ideas y valores cada cierto período de tiempo a nivel global.

En conclusión, para que tengamos unas “Fiestas Patrias” como las de nuestras naciones hermanas, que no se reducen a un desfile sino que implican actos y celebración en las calles, para que podamos defender nuestra propia soberanía y nuestra democracia tenemos que tener claro primero cuáles son las variables que nos impiden ser vistos ante nuestros compatriotas y ante el exterior como un país unido, con sus intereses (por qué no decirlo) , sus políticas soberanas y su proyección a la hora de entender el mundo del hoy y del mañana.

Hispanista revivido.