De padres asturianos, este cubano, al que llaman “El Gallego” por su acento español, es todavía un incondicional de Fidel Castro

 

¿De dónde eran sus padres?

Mis padres eran asturianos. Mamá del propio Oviedo y papá de Morcín, un pueblecito cercano a Oviedo. Es un lugar muy pintoresco.

¿Cuándo llegó su padre a Cuba?

El Comandante en Jefe le entrega el uniforme con las insignias  de General de Brigada.

Como muchos otros españoles de la época, alrededor de 1912-1914, huyéndole al Servicio Militar, que le llamaban “Servir al Rey”. Vino a trabajar con un hermano que tenía una tienda de ropa en Ciego de Ávila.

Posteriormente, se mudó para Santiago de Cuba donde se hizo propietario de un hotel y otros negocios. Le fue bien.

¿Volvió a España?

Sí, alrededor de 1922 decidió retornar, no sé si con el premeditado propósito de casarse; pero lo cierto es que allí contrajo nupcias con la que sería mi madre.

Estando en España se produjo el célebre crac bancario y perdió todo el dinero. Decidió volver a Cuba.

 

 

¿Vivió todo el tiempo en Santiago?

Siendo un niño, papá compró una finca y nos mudamos para las cercanías de un pueblecito llamado Hongolosongo, en lo que era el término municipal de El Cobre. Ahora pertenece al municipio de Santiago de Cuba, en el límite con Palma Soriano, en las estribaciones de la Sierra Maestra.

¿Su padre llegó a ser un hombre adinerado?

Bueno, sí. Nuevamente en Cuba volvió al negocio de hoteles y no le fue bien. Más tarde alquiló una finca en las cercanías de El Cobre y después compró a crédito la mencionada finca cercana a Hongolosongo, que había sido bautizada con el nombre de Nueva Málaga.

El dueño anterior se llamaba Alejandro Dumas, pariente lejano del autor de los Tres Mosqueteros.

¿Dónde estudió?

Estudié la primaria en la Escuela pública de Hongolosongo y luego en el colegio de los Hermanos La Salle en Santiago de Cuba y en el Instituto de Santiago de Cuba. Ya de joven cursé la carrera militar.

 

¿Cómo se explica que con esa educación haya abrazado el marxismo?

Hay que partir de determinados preceptos. La formación en el hogar fue decisiva en mi vida. También la de la Escuela Primaria.

Papá era un terrateniente, pero a la hora de la comida, los empleados se sentaban a la mesa con nosotros. Pese a ser de los pocos blancos que vivíamos en la zona, siempre nos enseñó a llamar a las personas por su nombre y no faltó un pescozón o un severo castigo cuando le decíamos a alguien negro o negrito. En casa nunca existió la discriminación y el artífice fundamental de esto fue mi padre. No podría decirte todavía hoy si ello se debió a su origen humilde o a convicciones propias.

La verdad es que desde muy niño nos inculcó el sentido de la igualdad, de la justicia, de la honestidad, patrones a los que he tratado de ser fiel a lo largo de toda mi existencia.

 

 

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