Españoles de Cuba: Legna Rodríguez Iglesias

La joven escritora de Camagüey recibe el premio Casa de las Américas en la categoría teatro

14ymedio

“Cuando todavía no sabía leer, se aprendía los libros de memoria”. Así recuerda la madre de Legna Rodríguez Iglesias la marcada preferencia de su hija hacia la literatura y la palabra escrita. La joven camagüeyana acaba de ser reconocida con el premio Casa de las Américas 2016 en la categoría de teatro por su obra Si esto es una tragedia yo soy una bicicleta.

La autora se alzó con el máximo galardón a la dramaturgia en un certamen donde se presentaron otros 130 textos de varios países de la región. Este logro produjo una gran alegría pero no sorprendió en su tierra natal, donde muchos conocen la calidad y constancia de su trabajo.

“Tenía 15 años cuando se decidió a participar en la bienal de literatura Ángel Escobar, un evento de la Asociación Hermanos Saíz, casualmente yo era el presidente del comité organizador”, comenta a este diario Alejandro González, organizador y promotor de la editorial Ácana en Camagüey.

El intelectual recuerda que en aquel evento “fue su mamá la que entregó el original de las obras, el mismo día que vencía el plazo de admisión”. Pocos días después, se daría a conocer el fallo del jurado y sería Querida lluvia, un texto de Legna Rodríguez Iglesias, el que recibiría el galardón. A partir de ese momento, se convirtió en la escritora local de moda, aseguran muchos.

Sin embargo, su ímpetu literario no paró allí. “Aquella muchacha que estudiaba la carrera de instructores de arte en la especialidad de teatro” empezó a “formar parte del ámbito literario camagüeyano, a participar en los eventos y concursos”, confirma González. La cosecha de lauros no se hizo esperar.

“Cuando todavía no sabía leer, se aprendía los libros de memoria”, recuerda su madre

“Obtuvo el Premio de la Ciudad, el galardón Augusto Domec, un reconocimiento por cuentos eróticos”, enumera el intelectual. “La mayoría de los premios que se convocaban en la provincia, Legna, en algún momento, los obtuvo”, recuerda el especialista con orgullo camagüeyano y agrega: “Su obra se fue dando a conocer y por supuesto eso le daba el derecho a publicar”.

Tanto éxito acompañó a la joven apasionada por la literatura que con solo 19 años pasó a formar parte de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Ahora, con la satisfacción del talento de su “niña”, la madre de Rodríguez Iglesias, Rocelia Iglesias Moronta, recuerda que “en tercer grado se integró a un taller literario infantil en la casa de cultura Joaquín de Agüero con la ya fallecida profesora Ada Zayas-Bazán, quien fue su guía para conquistar premios y menciones en eventos para su edad”.

La adolescencia de la escritora estuvo marcada por sus estudios en la la Escuela de Instructores de Arte Nicolás Guillén, donde cursó la especialidad de teatro. Entró al centro docente gracias a una beca conseguida por su sorprendente currículo, aclara su madre. “Ella insistía en estudiar allí y aquí, en la provincia no la dejaban, así que enviamos una carta con copia de su trayectoria a la más alta autoridad del país y la respuesta fue positiva”, recuerda. En 2004, la tenaz joven se graduó de teatro.

La joven apasionada por la literatura con solo 19 años pasó a formar parte de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba

Para Alejandro González se mezcla ahora la satisfacción de haber visto el desarrollo literario de la escritora y la convicción de que llegará aún más lejos. “Conocemos su poesía y su narrativa pero no sabíamos que estaba escribiendo teatro. Eso nos alegra mucho”, apunta.

Entre sus contemporáneos, las publicaciones de Rodríguez Iglesias son muy apreciadas, entre ellas títulos publicados en la editorial Ácana como Arroz con mango, Instalando-me y Ciudad de pobres corazones. “Legna siempre tuvo un estilo muy personal y peculiar”, detalla González. “Es una autora controvertida que se torna muy irreverente y maneja códigos dentro de su trabajo que a veces son agresivos”, pero “logra una poesía que llega a un público lector importante”.

El especialista asegura que la aceptación de la escritura de la camagüeyana “es más generacional que general, porque hay mucha gente cercana a su edad que se identifica rápidamente con ella”.

Para su familia, Legna Rodríguez es “un orgullo” confirma su madre; la editorial Ácana siente como “un honor que una autora de esta talla forme parte” de su catálogo y los lectores ya la consideran una voz indispensable para entender la escritura cubana de hoy.

Hispanista revivido.