Blanco nació en Madrid el 15 de febrero de 1968 y emigró con su familia, exiliados cubanos, a Miami, donde creció y se educó. En la Universidad Internacional de Florida consiguió su bachiller en Ingeniería cvil en 1991 y su Máster en Bellas Artes en Escritura creativa en 1997, donde estudió con Campbell McGrath.

Esta semana está de visita en Cuba visitando el pueblo de sus abuelos que emigraron a España cuando Fidel Castro tomó el poder y los expropió.

“Busco la casa de mis abuelos”, explicó Blanco, y recitó los nombres de los parientes que vivieron en lo que solía ser un floreciente pueblo azucarero antes de la revolución cubana.

“¡Ah, eres el hijo de Carlito!”, exclamó Moraima González, de 83 años. Salió disparada de la casa para abrazar al visitante con una sonrisa que le iluminó su rostro. “¡Esa gente para nosotros es familia! ¡Me da mucha alegría verte!”.

Blanco realizó su primera visita a Cuba luego que el presidente Bill Clinton suavizara las restricciones de viaje en la década de 1990. En el 2012, se convirtió en un símbolo del Estados Unidos moderno cuando fue seleccionado como poeta de la investidura del presidente Barack Obama: el primer latino, la primera persona abiertamente gay y el primer inmigrante en tener el título.

Cambios importantes llegaron hasta a El Espartaco y Cienfuegos, donde el tiempo parece haberse detenido en la década de 1960 a los ojos del extranjero casual. Algunos de los primos de Blanco mantenían escondido un cerdo en la azotea de su casa de dos pisos para tener una fuente de comida e ingreso. Ahora el cerdo no está, y le rentan la sala de la casa a un propietario de un negocio privado que vende souvenirs a turistas.

El molino de azúcar de El Espartaco, construido por una empresa estadounidense, se cerró hace más de una década, fue desarmado y vendido como chatarra a una empresa japonesa. Pero el pueblo crece y migrantes del campo llegan a trabajar en granjas privadas para cultivar arroz, frijoles y tubérculos por unos dólares al día.

“Deben ser propietarios de parte de esa prosperidad que creo está por llegar”, dijo Blanco.

Los cubano-estadounidenses, vinculados a la isla y con dinero y recursos en Estados Unidos, ya son fuente de mucho del dinero que mantiene a la isla, tanto por las remesas a familiares como por las inversiones con empresarios que son parientes o sólo socios.

Pero aún hay mucho daño sin resolverse adentro de las familias divididas, dijo.

 

Fuente: Associated Press

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