La gesta independentista criolla fue construida por los ganadores de la República Mambisa y sus ideólogos con el fin de justificar lo injustificable en el imaginario nacional

La situación de Cuba hoy no puede comprenderse sin hacer un trabajo serio de memoria histórica

La esquizofrenia cubana  tiene su origen en lo desacertado e incongruente de su propuesta libertaria originada en 1868. Los actuales estudios históricos sobre la independencia de América, apuntan más a una confluencia de intereses económicos foráneos y privados locales que a sinceras reivindicaciones políticas.

El caso de Cuba es un ejemplo típico de coincidencias egoístas, de colusión, diríamos hoy, entre las élites de las dos orillas, encaminada a apoderarse del poder y, en consecuencia, de la riqueza nacional en su propio beneficio.

Sin ir más lejos, el “padre del patria” Carlos Manuel de Céspedes inicia su gesta de Yara cubierto de deudas. El negocio de la guerra de independencia resultó mucho más lucrativo para él y su familia que toda su capacidad empresarial; es conocido que el “impuesto revolucionario” (sin cuyo pago sus propiedades serían destruidas) exigido a los propietarios de la región Oriental, contribuyó enormemente al traspaso de la riqueza por medio de la violencia en aquellas regiones.

Fidel Castro no subvirtió el orden legal en 1959, ya se había hecho un siglo antes por lo primeros revolucionarios cubanos. La idea matriz de la rebelión de Yara consistía en afirmar que nacer en Cuba nos hacía diferentes de nuestros padres y, que por esa razón, más que merecerlo, teníamos derecho a crear un país diferente, no sólo no se sustenta desde el punto de vista lógico, sino que construye una verdadera aberración psicológica.

El asesinato simbólico de la Madre Patria, perpetrado en 1868 trajo gravísimas consecuencias aún no resueltas en la estructura psíquica nacional. En Cuba no se decapitó a un Rey con nombre y apellidos, símbolo palpable de un orden odioso, se extirpó (o al menos eso se pretendía) de las conciencias la identidad española.

La actual crisis de identidad en España desencadenada por los nacionalistas catalanes se justifica con los dos mismos argumentos levantados en su día por los criollos cubanos: España nos roba y aquí somos catalanes y no españoles.

Si bien en el caso de Cuba la situación era más confusa, dada la realidad geográfica, la situación puede resumirse de la misma manera. La propaganda levantada en Cataluña para probar ambos argumentos y justificar la autodeterminación, se parecen punto por punto a los esgrimidos hace 117 años por los revolucionarios cubanos y tienen hoy la misma legitimidad que aquellos. Valga señalar que la estúpida respuesta del Estado español fue y sigue siendo la misma en ambos casos: la integridad del territorio nacional y la preservación de éste cueste lo que cueste.

De hecho a finales de 1898 El PNV (Partido Nacionalista Vasco) observará la independencia cubana como el preludio de la desmembración hispana, incluso Arana felicita a EEUU por la victoria. En Cataluña, Prat de la Riba encabezará un movimiento tendente a obtener una Mancomunidad para Cataluña que desequilibrará la política de la Restauración de las primeras décadas del siglo XX.

La gesta independentista criolla fue construida por los ganadores de la República Mambisa y sus ideólogos con el fin de justificar lo injustificable en el imaginario nacional. La culpabilización de la nación española en su totalidad por la llamada “Generación del 98” estuvo encaminada (y fue alentada) por los verdaderos culpables de la fragmentación del territorio, es decir los mismos que lucraron con la(s) guerra(s) y se beneficiaron durante años de las ventajas de un mercado cautivo en Cuba Puerto Rico y Filipinas para nada interesados en perder sus privilegios.

La situación de Cuba hoy no puede comprenderse sin hacer un trabajo serio de memoria histórica, los cubanos tenemos que poner las cosas en su sitio, en pocas palabras, salir de la dicotomía América o el caos, si deseamos de veras erigirnos algún día como nación independiente y soberana.

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