En medio de un estruendoso abucheo, el presidente interino de Brasil, Michel Temer, inauguró los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en el estadio Maracaná, donde los protagonistas principales fueron los competidores refugiados, quienes se llevaron la mayor ovación.

La presencia de la delegación de Atletas Olímpicos Refugiados, compuesta por seis hombres y cuatro mujeres provenientes de Sudán del Sur, República Democrática del Congo, Etiopía y Siria, envía “un mensaje de esperanza”, dijo Thomas Bach, titular del Comité Olímpico Internacional.

El ex maratonista Vanderlei de Lima fue el encargado de encender el pebetero que arderá hasta el 21 del presente.

Hubo música, historia y belleza, como era de esperarse de un país como Brasil. Y entre un alucinante remolino de colores, la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro dejó un mensaje de hermandad y conciencia ecológica en una nación que los necesita más que nunca.

Desde la selva amazónica hasta la “Chica de Ipanema” personificada por la supermodelo Gisele Bundchen, el espectáculo en el estadio Maracaná recorrió el amplio espectro de la historia de Brasil, un país tan rico en recursos e historia como plagado de desigualdad y pobreza.

En el palco de honor, el líder olímpico Thomas Bach observaba acompañado por el presidente interino Michel Temer, un recordatorio de la crisis política por la que atraviesa el país y que amenaza con desbancar a la mandataria Dilma Rousseff. Mientras, cerca del estadio, algunos manifestantes chocaron con la policía durante protestas contra unos Juegos que arrancan precedidos por la peor recesión del país desde la década de los 30, escándalos de corrupción y problemas de contaminación del agua.

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