Monumento a Cristóbal Colón, Santa Margherita Ligure.
Monumento a Cristóbal Colón, Santa Margherita Ligure.

París, 19 de junio de 2016.

Querida Ofelia:

El miércoles 20 de abril continuamos la navegación por el mar de Liguria con ruta noroeste en dirección hacia el Golfo de Génova. Esta área marítima es conocida como “El santuario de los Cetáceos” debido a la cantidad de este tipo de animales que se pueden avistar en esta zona. Gracias a la limpieza del agua, el silencio y la elevada profundidad, es un lugar ideal para su reproducción. A primeras luces del alba avistamos frente a nosotros la costa de la Liguria y a las 8 a.m. embarcó el piloto local que nos acompañó hasta el muelle. El amarre se realizó a las 08.30 h. Teníamos un cielo parcialmente nublado, el mar poco agitado y +14°centígrados.

Cristóbal Colón pasó también por aquí. A la altura de Savona, rodeada de huertos, también existe una “Casa de Colón”, una de las tantas dispersas por la Liguria, visto que son muchas las ciudades que se jactan del honor de haber dado nacimiento y residencia al gran navegante.

Savona es, sobre todo, una ciudad rica en historia y actividades ligadas al puerto. El primer monumento que acoge a quién llega desde el mar es la Torre de León Pancaldo, dedicada al célebre marinero que en el 1519 acompañó a Magallanes en la primera circunnavegación del mundo y que, en el curso de la aventura, escribió un diario, que durante siglos, condujo a barcos y veleros por mares y océanos nunca antes explorados. La Torre, durante un tiempo denominada “Torre de la Quarda” hace de centinela al puerto y a la ciudad desde hace más de 600 años.

A poca distancia de la Torre símbolo de Savona, se alza la fortaleza del Priamar, donde entre historia y leyenda, se estableció la primera comunidad aliada de Cartago contra Roma, descrita ya como “Savo Oppidum Alpinum” por el historiador latino Tito Livio en el 205 antes de Cristo.

La importancia de Savona decreció rápidamente en el momento en que Roma fundó la ciudad Vada Sabatia, la actual Vado, que poco después de las invasiones bárbaras se convirtió en un importante asentamiento bizantino.

Savona fue destruida en el 643 por las tropas de Rotavi, rey y caudillo lombardo.

Durante los siglos IX y X, se convirtió en capital de la Marca Aleramica y, sucesivamente, una libre comunidad, aumentando notablemente su importancia marítima y comercial,  desarrollando sobre todo su tráfico con Francia, España y África del Norte.

La ascensión al pontificado del savonés Sixto IV (1471-1484) y sucesivamente del nieto Julio II (1503-1513), permitió a Savona asomarse a lo alto de la política internacional, y  vivir el periodo más intenso de toda su historia, conocida como Renacimiento Roveresco. Se crearon numerosas construcciones que cambiarían el rostro de la ciudad, gracias a la gran generosidad de los Papas de Rovere, manteniendo los rasgos característicos de la Roma monumental, que también quedaron reflejados en Savona.

Sixto IV, en los años en que hizo construir la Capilla Sixtina de Roma, quiso que en Savona fuese construido un edificio para albergar el mausoleo de sus padres. Fue realizada así la Capilla Sixtina de Savona, edificada por trabajadores lombardos entre 1481-1483.

El crecimiento de la emergente Savona sufrió una brutal quiebra en el 1528 con la conquista definitiva por parte de Génova: el puerto fue enterrado, la ciudad saqueada varias veces y parcialmente destruida. Pocos años después, los genoveses arrasaron la maravillosa catedral y el área religiosa que se encontraba sobre el peñón de Priamar para construir la homónima fortaleza. La fortaleza de Priamar, hasta aquel momento símbolo de sumisión a los antiguos conquistadores fue reestructurada y transformada en centro de acontecimientos sociales y culturales de la ciudad. Después de casi tres siglos de dominio y crisis encuentran alivio con la llegada de Napoleón. Bajo la ocupación napoleónica primero y la piamontesa después, la ciudad desarrolló una fase de renacimiento económico basada en el puerto y la industria.

Los acontecimientos de Mazzini en la primera parte del 1800 y una vivaz e intensa concentración obrera entre la segunda mitad del 1800 y el principio del 1900 distinguieron a Savona por su tradición democrática.

En el 1927  Savona fue  reconocida como capital de provincia. Savona es hoy en día el centro más importante de la Costa de la Liguria de Poniente. Algunas de las ciudades más bonitas e importantes a poca distancia de Savona son: Alassio, Loano, Varazze y Albissola, ésta última famosa por la elaboración de cerámicas.

Nos despedimos de nuestras tres queridas Amigas del Alma que habían venido desde Miami para hacer el viaje con nosotros: Tayde, Gelsys y Mayra. A ellas las llevaron directamente hotel frente al aeropuerto de Génova, desde donde al día siguiente volaron hacia Miami, con una escala en La Ciudad Eterna.

Mi hijo con su esposa y los niños partieron en una excursión hacia Génova. Mi esposa y yo en otra que nos llevó a Santa Margherita Ligure y Portofino. El ómnibus pasó por Génova y Rapallo para llegar a la bella Santa Margherita Ligure. Paseamos por sus calles, visitamos la iglesia, admiramos los monumentos a Garibaldi y Cristóbal Colón. En el muelle situado en el hermoso Paseo Marítimo lleno de palmeras, de este balneario chic, tomamos el yate que nos llevó a lo largo de la costa rocosa, sobre la cual se podían admirar fastuosas mansiones, hasta Portofino.

Portofino es un lugar que nos recordó mucho al francés Saint Tropez, por los cafés, bares, restaurantes, boutiques, etc. Todo muy chic, muy elegante, con glamour. Es un verdadero regalo pasear por sus callejuelas entre las casas pintadas de bellos colores. Fuimos hasta el faro por un parque  de olivos y pinos. Desde allí se admira un panorama extraordinario del Golfo de Rapallo. Continuamos hasta el Castello San Giorgio, desde donde la espléndida vista abarca todo Portofino  hasta la ciudad de La Spezia. Regresamos al Costa Mágica con la mente llena de belleza.

Esa noche el Ristorante Costa Smeralda celebró la cocina típica de Liguria, región donde la tierra se encuentra con el mar, también en la cocina.

El sol caliente se refleja en los olivos y, al fondo, más allá de las retamas en flor, el mar con sus reflejos luminosos se extiende hasta el infinito. En la escabrosa tierra de Liguria, los aromas de tomillo, romero y albahaca se combinan con el incienso de los pinos marítimos y la salobridad de la resaca. En la cocina de esta tierra, muchas veces la huerta y la pesca se dan la mano. Llegan a la mesa esos intensos aromas de guisos y sofritos que salen de las sartenes incandescentes y se desvanecen en una olorosa nube.

La riqueza de la huerta toma forma en mil especialidades distintas, desde la cima alla genovese (ternera rellena) con mahonesa a la albahaca hasta el zemino, una sopa de garbanzos y acelgas, pasando por la tarta de Pascua, rellena de verduras y huevo. De todos modos, cuando el mar se combina con la sencillez de la tierra, nacen los platos más delicados e inolvidables, como la buridda de sepia y guisantes, el cual fue nuestro plato típico en esa cena. La buridda es un plato suave y equilibrado que huele a primavera y se considera parte de la categoría de las sopas de pescado conocidas en numerosas regiones italianas y en la Provenza, pero en este caso se trata de una versión particular e inimitable, elaborada con sepia como único pescado.

Después de la cena asistimos al “Party con noi” en el Atrio Italia Mágica del puente Raffaello. El equipo de animación creó un buen ambiente festivo para esta última noche a bordo, mientras que la música estuvo a cargo del DJ Rullo.

En el Teatro Urbino disfrutamos del recital del tenor Luis Alberto Giner, el cual posee una voz extraordinaria.

A las 5 y 30 p.m. había comenzado la maniobra de salida del puerto de Savona para dirigirnos rumbo  a Marsella. Una vez que desembarcó el piloto del puerto, el barco tomó ruta suroeste y prosiguió la navegación costeando el litoral del poniente de la Liguria.  Durante el crepúsculo, a babor se pudieron admirar las luces  de Imperia y Sanremo. Proseguimos a lo largo de la costa mediterránea de Francia. Pudimos avistar las luces del Principado de Mónaco y de  las ciudades de Nice y  Cannes. Por la madrugada la navegación continuó a lo largo de la costa y las islas de la región de La Provenza.

El 21 de abril amanecimos en Marsella, allí fue el momento de despedirnos de nuestros nietos Victoria -de 7 años- y Cristóbal – de 9 años-, que ya estaban preguntando cuándo haríamos otro crucero. También nos despedimos de nuestro hijo Giancarlo y de su encantadora esposa Anne-Laure.

Debo darle las gracias a las señoritas Silvia Sarturato y Stefania di Nunzio por su amabilidad y disponibilidad para ayudarnos a  que nuestro viaje fuese lo más agradable posible.

Un gran abrazo desde La Ciudad de Luz con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

 

 

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