Francia: estado de emergencia permanente para nada

Francia se está dirigiendo hacia un “Estado militarizado gobernado por el miedo”, asevera el analista Finian Cunningham en un artículo

El autor recuerda que a raíz de la masacre en Niza, el presidente François Hollande y su primer ministro Manuel Valls han reiterado advertencias de que Francia está en un estado de guerra permanente, y el estado de emergencia declarado tras la sangrienta cadena de atentados en noviembre se extendió por un período de tres meses.

“Un estado de emergencia permanente”

Según Cunningham, se reporta que unos 120.000 policías y militares están desplegados en Francia, y es habitual ver a los soldados armados patrullando entre los compradores y los clientes de cafeterías en las calles de las ciudades francesas. Los ciudadanos tienen que someterse a controles aleatorios en sus bolsas, cacheos y arcos detectores de metales al entrar en edificios públicos.

Además, se oyen voces que instan a los franceses a unirse a las reservas del Ejército o la Policía, e incluso demandas para el retorno del servicio militar obligatorio, indica el experto.

Por otro lado, durante el estado de emergencia, el Gobierno ha prohibido las manifestaciones públicas en contra de la legislación impopular para restringir los derechos de los trabajadores, “una infracción sin precedentes sobre las libertades civiles que se ha justificado como una medida de ‘seguridad nacional’ necesaria para combatir las amenazas terroristas”, señala Cunningham.

De esta manera, “Francia ha entrado en un estado de emergencia permanente, caracterizado por altos niveles de los poderes de la Policía y la militarización de la sociedad, la suspensión de los derechos y de las libertades democráticas”, subraya el analista, quien advierte de que el país galo está a “unos pocos grados de distancia de una dictadura declarada”.

Desviando la ira del pueblo

El analista destaca que, si bien “no está en discusión el hecho de los ataques terroristas en Francia”, desde el atentado contra la revista satírica ‘Charlie Hebdo’ en enero del 2015 hasta la matanza de París en noviembre, en el caso de esta última atrocidad en Niza “no está nada claro cuáles eran los motivos del asesino”. Así, según los informes, tenía profundos problemas psicológicos con grados de depresión y violencia, era divorciado y estaba separado de sus tres hijos, y de acuerdo con su familia, no era ningún radical islamista.

Sin embargo, a pesar de la ambigüedad, las autoridades francesas están afirmando que el ataque de Niza fue un acto terrorista. En opinión del experto, probablemente es más fácil calificar todos los ataques violentos como “terroristas”, ya que ese marco conceptual permite a las autoridades “asumir más control sobre los derechos democráticos, sin rendición de cuentas”, así como reforzar la legitimidad de las fuerzas de seguridad gubernamentales y estatales y “desviar la crítica y la ira” del pueblo “por los terribles lapsos en la seguridad pública”.

En un nido de serpientes

El aspecto internacional de la respuesta del Gobierno francés es “igualmente problemático”, sostiene Cunningham, quien advierte de que Francia, al igual que sus socios de la OTAN, “está arando en un nido de serpientes”.

“La desestabilización encubierta de Siria (y Libia) para cambiar el régimen” es “una receta para un contragolpe sin fin”, y el posterior “bombardeo ‘antiterrorista’ de los países árabes, en violación flagrante del derecho internacional, es un paso más en el nido de serpientes”, asevera el analista.

“Sin abordar las causas fundamentales de los problemas políticos –la complicidad francesa en el patrocinio de cambios de régimen y el terrorismo– nunca habrá una solución”, asegura Cunningham, al tiempo que vaticina que “Francia se encamina hacia un Estado policial militarizado autocrático”, donde los ciudadanos “están siendo condicionados a vivir permanentemente con miedo y poderes de emergencia que suplantan los derechos democráticos”.

¿La solución?

Por lo tanto, prosigue el analista, los ciudadanos deben “demandar la rendición de cuentas de sus gobiernos”, para que Washington, Londres y París –las principales potencias de la OTAN– no puedan “pisotear el derecho internacional lanzando guerras y planes encubiertos para cambios de régimen en países soberanos”.

“Esta es la única manera de romper el círculo vicioso del terrorismo patrocinado por el Estado, el contragolpe y la supuesta ‘lucha contra el terrorismo'”, concluye el experto.

Hispanista revivido.