Ya es hora de que Obama o alguien que mande algo, se remangue para poner orden en la esfera internacional

 

Enrique Navarro LD

Mientras, aquí en España estamos haciendo magdalenas o hablando de cajas de madera, como si ya no tuviéramos centenares de ataúdes de víctimas inocentes, el mundo está convulsionado como no lo ha estado desde la crisis de los misiles de Cuba. El neutralismo latente en nuestra sociedad y en la izquierda especialmente, pretende llevarnos otra vez a estar ausentes de los grandes conflictos mundiales en los que se han decidido y se ha de decidir el futuro de la humanidad. Comparten el mismo orgullo que Franco y Alfonso XIII por haber mantenido a España neutral en las dos guerras mundiales y en este nuevo conflicto ya nos estamos preparando para una nueva salida de tiesto. ¿Cómo nos vamos a reclamar occidentales y defensores de los valores democráticos si cada vez que hay que defenderlos nos ponemos de perfil? ¿Cómo podemos inspirar respeto y solidaridad en nuestros países amigos si les damos la espalda una vez más? ¿ Qué imagen ofrecemos cuando todos los partidos anteponen sus intereses electorales bramando por el no a la guerra para rascar votos el 20-D cuando tenemos cientos de europeos muertos en las calles de París, Londres o Madrid?

Ya es hora de que Obama o alguien que mande algo en la que fue la potencia hegemónica entre 1945 y 2008, se remangue para poner orden en la esfera internacional. Sólo Estados Unidos puede restaurar el orden necesario entre los aliados para consensuar los objetivos estratégicos que son terminar con la amenaza terrorista y devolver la paz a Siria, pero no la paz de las salas de tortura ni de la represión sistemática sino un gobierno de consenso apoyado por los vecinos y las grandes potencias. Si nos apartamos de este objetivo y cada potencia se dedica a sus intereses propios, estaremos mucho más cerca de un conflicto generalizado del que el principal beneficiado a corto plazo será el Daesh.

Nada bueno podemos esperar de esta situación y no sería la primera vez que un gran conflicto se inicia por un hecho que al principio parece intrascendente, ya fuera el apetito de don Rodrigo por Florinda la hija del conde don Julián o por el asesinato del archiduque de Austria Francisco Fernando en Sarajevo. Cuando dos potencias se obcecan en enfrentarse, al final siempre lo acaban haciendo y terminan arrastrando a otros al abismo. Por ello ahora lo fundamental es devolver la cordura y clarificar los objetivos en Siria para que no tengamos que hablar de un escenario tenebroso en unos pocos meses.

 

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