Por: Nicolás Aguila

A Carlos Gardel lo bautizaron con numerosos sobrenombres, desde el metafórico Zorzal Criollo hasta el descriptivo Morocho del Abasto, pasando por el Mago, el Rey del Tango, el Mudo, etc. Si bien se entienden con mayor o menor facilidad, precisemos al menos dos de dichos sobrenombres, aun a riesgo de resultar un tanto didácticos.

‘El Mudo’ alude, por ironía, a la gran voz del cantante. Un recurso retórico conocido como antífrasis, mediante el cual se define a alguien (o algo) con palabras que signifiquen lo contrario de lo que se quiere o debe decir. Como, por ejemplo, llamarle sabio a un ignorante o hermoso a un feo superlativo.

Por otro lado, lo de ‘Morocho del Abasto’ nos queda claro si sabemos que ‘morocho’, en Argentina y otros países del área, es una persona de piel morena y pelo negro (lo que en Cuba llamaríamos trigueño) y si no ignoramos que Gardel se crio en El Abasto, el barrio tanguero de Buenos Aires atravesado por la emblemática avenida Corrientes.

Pero, entre todos los nombres con que subrayaron la mítica figura de Gardel, este servidor no lograba entender por qué algunos de los gardelianos más fervorosos preferían llamarle ‘el Troesma’. Le daba vueltas y más vueltas y no lograba descifrar el enigma. Hasta que un día me doy cuenta y de pronto descubro, quizás por obra del subconsciente, que ‘Troesma’ (tro-es-ma) era simplemente Maestro al revés. Acabáramos.

Conviene aclarar que, por aquella época de cafishos, bacanes, otarios y percantas, estaba de moda una especie de jerigonza rioplatense (vesre) que consistía en hacer la inversión silábica de las palabras. De modo que muchos, en vez de tango, decían gotán; o decían jovie por viejo, tocuen por cuento, etc. No debe confundirse el vesre (ves-re <—> re-vés) con el lunfardo. Este último es una jerga y aquel es una jerigonza; son códigos distintos, aunque pueden confluir puntualmente. En lunfardo, mujer es ‘mina’, término marcado con una fuerte connotación sexista que lo hace equivalente a ‘jeba’. En vesre, mina se dice ‘nami’. Hasta ahí la confluencia. ¿Daque rocla?

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