Marcela Vera- 2Entre la gente buena, necesaria, desprendida, que su vida la hacen entrega a los demás, hay, mundo adelante, muchas personas que la van a pasar rodeados con el silencio aplaudido intimo de la gente que los quiere y respeta.

La historia, la vida continuada de la doctora Marcela Vera Sánchez, es de un quehacer de premio extraordinario: es una bata blanca luchadora que rara vez la subimos los que tenemos teclado al platillo de la opinión pública, porque este mundo absurdo lo que demanda es la noticia de la vieja que le muerde al perro, no la normalidad de que el perro le muerda a la vieja si la vieja le arrea.

Hoy, este día, esta jornada de inquietud social política por nada; porque simplemente todo seguirá igual mañana salvo que llegue el día de la revolución total, voy a nombrarla una y otra vez; voy a intentar mostrar la admiración que siento por gente de la talla moral y buen hacer de la doctora Marcela Vera, y desde la comodidad de mi mundo infectado por el virus de la malicia y la mentira, decirle que su verdad, su realidad, es razón más que suficiente para la ventana abierta que significa lo suyo en la esperanza de todos nosotros.Marcela Vera 3

Marcela, la doctora Marcela trabaja en el Hospital San Rafael de Leticia, allá por cerca de donde dicen las bocas que se encuentra el culo del mundo que le interesa al sistema. Antes la doctora se formó concienzudamente en la Escuela Latino Americana de Cuba, para servir a los demás, sin más protocolo, sin más cascabeles, y rara vez, desde que la tecnología del internet me permite tener noticias de ella, rara vez la he visto con un mal gesto, o de mal humor.

Quizá por eso, por tu sonrisa perenne, porque el sistema no quiere ejemplos de entrega a los demás como el tuyo, desde este renglón en adelante, voy a pedir que en su persona, en tu figura, doctora Marcela, se personifique algún premio, no por aquello de que has salvado más vidas que el político más eficiente, sino que la sociedad, los distintos estamentos se olviden de tu ciencia, de tu conocimiento sobre la enfermedad, y premien el buen humor, la sonrisa perene de su cara de buena persona, que nos conmueve en la distancia y nos alegra la existencia. Gracias, buena mujer. Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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