GIBRALTAR, GIBRALTAR, PUNTA AMADA DE TODO ESPAÑOL

Éramos chiquillos con edades comprendidas entre los diez y los trece o catorce años, cuando me tocó parte del destino en lo universal. Nos vestían de falangistas, y tuvieron que pasar años para que yo entendiera el silencio que se hacía en mi propia casa cuando me veían, camisa azul, el yugo y las flechas, vestido con aquella boina roja, en aquella España victoriosa, que prolongó la lucha armada unos meses más al objeto de darle julepe al máximo posible de españoles, fueran republicanos o no, fueran rojos o no, pero siempre con el tremendo delito de ser pueblo que quiere las cosas justas.

Después que aquel alargamiento guerrero innecesario, sádico, cuando se hizo el alto el fuego en el año del treinta y nueve del siglo pasado, aún tuvieron por más de treinta años, hasta que no empezó la emigración, a España de rodillas, con hambre, tiritando de frío y de miedo, aquellos que vinieron a salvar España y la tuvo que salvar en lo económico los emigrantes, porque, prácticamente como ahora, dinero que cogía el estado se lo mamaba el clero vaticano.

Y aquellos niños (niñas en la sección femenina) cantábamos a pleno pulmón, desgalillados aquello de Gibraltar, Gibraltar, punta amada de todo español; a mi patria te robaron, punta amada del Peñón…Y no éramos para nada conscientes, sumergidos dentro de un franquismo profundo bajo palio que, con nuestras camisas azules, el yugo y las flechas, y las boina requetés, le producíamos un hondo desazón a nuestra propia familia.

Los siete kilómetros cuadrados aproximadamente de extensión que tiene el actual Gibraltar sin contar los miles de metros que le van ganando al mar cada vez que lo necesitan, era y es un espacio geográfico, que más que la fruta madura del franquismo que se caería por su peso del árbol para engrosar la santa cesta del nuevo imperio estelar franquista, hoy es una fruta podrida de la que comen y le sienta muy bien a la economía de los herederos de los que llevaban los palos del palio, y a todo ese basurero que son las sociedades anónimas.

Hay una regla de oro que no la cumplimos y del mismo modo que existe la identificación de los productos a consumir, las sociedades anónimas, dueñas del mundo, deberían de ponerle cara a sus amos, y no mantenerlos en el anonimato, porque nos llevaríamos una gran sorpresa cuando las llamadas petroleras, inventoras de los paraísos fiscales y de las banderas de conveniencia en los grandes buque en los primeros años del siglo pasado, veamos a los sustentadores de palos de palio que las integran; amen de un largo puñado de salvadores patrios de la tipología de los que cuando pronuncian la palabra patria echan unas lagrimicas de paso.

El Gibraltar que nunca lo pudo recuperar para España aquel franquismo que desde el altar lo podía todo menos darle tres veces al día de comer a la gente hasta que no llegó la emigración, fue un costo geográfico por tener el rey que querían nuestros hermanos y aliados ingleses y holandeses, que juntamente con nuestros vecinos y amigos franceses, España nunca ha necesitado otros enemigos teniendo tan buenos y excelentes amigo y aliados.

Ventanillas impositoras del dinero en Gibraltar, Andorra, el Vaticano y muchos paraísos fiscales más, el destino final de todo el dinero negro del mundo que entra por esas ventanillas, se materializa en oro, joyas y papel, descansando en los estados de los Estados Unidos de Norte América de Nueva Jersey y Delaware principalmente, con pleno conocimiento del sistema que, a pesar de sus granujerías infinitas, de su fuerte sabor, olor y hechos insolidarios, es fuertemente aplaudido y expuesto como la única salvación económica de la humanidad.

Desde el altar cristiano con frecuencia se publicita que el comunismo ateo es la perdición del hombre, mientras que el enorme amor “gayláctico” entre los Usas y el Vaticano, padres del capitalismo y los dueños del dinero del mundo, nos llevan de una manera tan sumamente buena que, de cinco hombres, ya falta muy poco para que nueve con ocho de esos cinco hombres hipotéticos, una mil millonada de seres humanos, vivan en el más puro umbral de la miseria y estado de pobreza, mientras ha aumentado el consumo de balas y armas cortas, incluidos machetes, directamente proporcional a las horas lectivas de religiones, todas de dioses únicos y verdaderos, en el mundo.

El franquismo sigue vivo, Gibraltar sigue ahí en una España que se rompió, que la rompieron no se sabe si para anular el floreciente astillero gibraltareño que con maderas traídas por la mar desde el Alto Aragón, estaba haciendo una competencia en calidad y precio a los astilleros cántabros y del resto de Europa, incluida Holanda e Inglaterra, y todo se arregló de un plumazo en Utrecht.

Ahora tampoco sabemos cuanto nos está costando el que una empresa ubicada en Cataluña, traslade su sede al resto de España, y si alguna vez nos enteramos, como son cosas de dinero público, y el dinero público es asunto privado y particular de nuestros políticos, si alguna vez nos enteramos no nos vamos a caer de culo con las cifras que se estén regalando supuesto de este año ya se han perdido más de setenta mil millones de euros del tesoro nacional y nadie sabe dónde están.

Los que llevan los palos del palio han contado lo suyo, y como va a más la cantidad percibida, la cosa va de puta madre.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

1 COMENTARIO

  1. MIS AMISTADES
    Desde siempre,
    desde bien pequeño,
    fui amigo
    del viento del sur
    de la aljibe,
    del brocal del pozo,
    del monte,
    del palmito,
    del camino sin dueño
    hecho espontáneo
    por el andar libre
    del hombre andariego,
    y sentir el placer
    de ver un huerto
    sin valla,
    un parral
    con los racimos de uva
    libres,
    sin malla,
    y poder
    del árbol de la fruta prohibida,
    del árbol inventado,
    robar
    su exquisito
    fruto.

    Si.
    Así fui,
    y lo soy:
    amigo del campo:
    incondicional amigo
    de la mujer del otro,
    que todavía
    levanto gozoso
    su falda
    sin escuchar
    monsergas
    de amores
    peligrosos.

    Prefiero
    el canto del verano
    antes que un sermón
    de un dios
    de los muchos
    que dicen
    que son verdaderos
    y no los otros.
    Y pagano,
    sueño con la trashumancia
    que va
    de una cadera de mujer
    a otra.
    Y vuela así
    mi fantasía,
    antes que me haga
    del todo
    un rastrojo
    sin el gozo
    del nido
    de una mujer
    que me acoja
    para mis malos
    instintos,
    y aunque sea
    en una sola noche,
    intente resolver
    el mal
    de la mala vida,
    que de tan malo
    que soy,
    ni me acongoja.

    Y aunque soy
    el que todavía
    se maravilla,
    año tras año,
    de ver madurar
    la fruta,
    verdear la higuera,
    enrojecer el granado,
    y sentir el frío
    especial que siento,
    porque a lo mejor
    no es frío,
    cuando veo la moza
    que la alcanza de lleno
    la primavera
    recién pasada
    y la hace,
    de golpe,
    de un maravilloso
    golpe,
    mujer,
    hay gente
    que me dice
    que tengo malas amistades.

    Las buenas que tenía,
    las voy olvidando
    y ahora,
    solo busco
    amistades
    de las que otros
    llaman y dicen
    que son malas.

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