A Guillermo Álvarez Guedes* lo prohibieron en Cuba. Lo borraron de la historia, como a Olga Guillot y Orlando Contreras. Como a todo el que se fue. Pero en el caso de GAG el tiro les salió por la culata

 

Con las primeras caseteras que entraron a Cuba, a comienzos de los setenta, llegaron los chistes de Álvarez Guedes. Mucho antes incluso que el azúcar de Celia Cruz, a la que los más jóvenes redescubrirían tras los viajes de la ‘comunidad’ a fines de esa década de espanto. En la era del casete se hizo imposible mantener la prohibición de las grandes voces nacionales que habían sido condenadas al silencio de la censura.
No había por entonces una fiesta o reunión de amigos en que no pusieran los casetes de GAG. Hasta en el centro de trabajo hacíamos un break a media mañana para reunirnos alrededor de una casetera mono de la época y oír al gran humorista exiliado. Incluso el tipo del Partido se reía con los chistes y se ponía nostálgico recordando el soberbio papel de borracho que hacía Álvarez Guedes en la televisión de antes.
GAG arrasaba en Cuba con sus chistes grabados. Al punto de que intentaron neutralizarlo, sin éxito, con grabaciones de Enrique Arredondo y Chaflán, dos buenos humoristas pero sin el filo crítico que solo se logra viviendo en libertad.
Los cuentos de GAG se seguían oyendo en Cuba. Eran imbatibles. No admitían competencia. A jodedor no había quien le ganara al guajiro que nació en Unión de Reyes en 1927. Neutralizó y venció con su gracia criolla la férrea censura del quinquenio gris, del decenio rojo o de estas casi seis décadas negras de castrismo. Y ese es el gran homenaje que su pueblo le hiciera en vida a Guillermo Álvarez Guedes. Un grande absoluto del humorismo cubano.
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*Álvarez Guedes hubiera cumplido 89 años este 8 de junio y, con tal motivo, se va a develar hoy una estrella con su nombre en la calle 8. El evento comenzará a las 4 de la tarde en el Teatro Tower, 1508 SW 8 St. Nos lo recuerda su sobrina Hilda Rabilero.

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