Humanismo y subjetividad en la fotografía española de los años 50 y 60

Anuario Alfa.1958
Anuario Alfa.1958

Madrid, 1 de junio de 2016.

Querida Ofelia:

La exposición colectiva  Humanismo y subjetividad en la fotografía española de los años 50 y 60. El caso Afal, organizada en el marco de PHotoEspaña 2016 y comisariada por el departamento de Colecciones del Museo Reina Sofía junto a Laura Terré Alonso, reúne un conjunto de más de 70 fotografías y abundante material documental que retratan la transformación que experimentó la fotografía española durante aquella época inspirándose en las tendencias del documental neorrealista y del reportaje humanista que se desarrollaban fuera del país.

En esta línea, la muestra relata la internacionalización de los fotógrafos españoles del periodo y especialmente de aquellos aglutinados alrededor del grupo Afal, analizando los diversos intercambios con otros colectivos europeos y americanos.

La existencia de Afal giró alrededor de una revista homónima especializada en fotografía y cine publicada entre 1956 y 1963, que sobrevivía gracias a las suscripciones, algo de publicidad y, sobre todo, a la aportación desinteresada de sus fundadores, José María Artero García (Almería, 1928-1991) y Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930), directores, editores y promotores de la publicación. La independencia de sus planteamientos y la frescura de su tono atrajeron enseguida a fotógrafos inquietos de todas partes de España y fue así como la revista Afal se convirtió en el motor de la renovación de la fotografía española tras la posguerra.

Gracias a la reciente donación por parte de Carlos Pérez Siquier, el Museo Reina Sofía presenta ahora una selección de material que permite profundizar en Afal como caso de estudio. Entre el material presente figuran trabajos de autores, entre otros, como José María Artero, Leonardo Cantero, Joan Colom, Gabriel Cualladó, Francisco Gómez, Gonzalo Juanes, Ramón Masats, Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Francisco Ontañón, Carlos Pérez Siquier, Alberto Schommer, Ricard Terré o Julio Ubiña.

Otros autores representados en la muestra son Francesc Català-Roca, Gerardo Vielba, Virxilio Vieitez, Juan Dolcet, Fernando Gordillo, Rafael Sanz Lobato o Sigfrido de Guzmán. Por otro lado, y gracias también a una donación por parte de sus herederos, se destaca la figura de Leonardo Cantero y su participación en la exposición Once fotógrafos españoles a París (1962).

Tras una dura posguerra marcada por la escasez, el exilio, la represión y la propaganda, al inicio de los años cincuenta del siglo XX comenzó a activarse en España una fotografía conectada con las tendencias internacionales del neorrealismo y del reportaje humanista. A esta cultura visual se pudo acceder a través de algunos viajes, el cine, escasas exposiciones, libros y revistas internacionales que llegaron a España no sin dificultad, especialmente anuarios fotográficos.

La actitud de los fotógrafos españoles fue la de promover el intercambio y contacto con el exterior, teniendo como resultado la práctica de una fotografía trasnacional y vinculada con las problemáticas que se sucedían fuera del país. Sus focos de actividad principales fueron Almería, Barcelona y Madrid.

Esta nueva fotografía se constituyó a través de prácticas individuales que compartían una apuesta por la renovación y experimentación del lenguaje fotográfico. Su proyecto no mostró interés por hacer arte ni fue un intento político de transformación social: los fotógrafos del momento se conformaron con retratar lo cotidiano y la vida de la gente común en la compleja realidad social de los años centrales del franquismo.

Por ello, el retrato fue uno de los géneros más practicados por los fotógrafos. Ello queda profusamente reflejado en la exposición a través de un amplísimo panel que agrupa instantáneas de numerosos autores que dan cuenta, por un lado, de la migración de la clase trabajadora campesina y rural del sur a las ciudades del norte para integrarse en el trabajo industrial, y por otro, la emergencia de la economía de turismo y sus formas inherentes de promoción de la cultura nacional basadas en el uso de la imagen.

La renovación también vino de la mano de agrupaciones como la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, que tuvo al grupo La Palangana como impulsor decisivo. Creado en 1959, estuvo formado por Leonardo Cantero, Gabriel Cualladó, Paco Gómez, Ramón Masats, Francisco Ontañón, Joaquín Rubio Camín, Juan Dolcet, Fernando Gordillo, Gerardo Vielba y Sigfrido de Guzmán.

La exposición también recoge en esta sala 415, once fotógrafos  españoles a París, un proyecto organizado en 1962 por Comissariat Général du Turisme del Estado francés en Barcelona con la intención de promocionar el turismo español hacia Francia. En él participaron Leonardo Cantero junto con Gabriel Cualladó, Eugeni Forcano, Joan Cubaró, Andreu Basté, Ramón Masats, Oriol Maspons, Francisco Ontañón, Xavier Miserachs, Paco Gómez y Joan Colom. Las fotografías que tomaron en la capital francesa se expusieron, posteriormente, en la Sala Aixelà de Barcelona, y en la Galería Biosca de Madrid. Fue el primer y único viaje profesional de Cantero al extranjero y, a su regreso, compuso una maqueta que tituló Gentes de París, que ha quedado inédita. Vielba también viajó a París en 1962, y aunque no formó parte del grupo de españoles, sus fotografías, al igual que las de sus compañeros, interrogan la vida cotidiana a ras de suelo.

En Afal se dio cita un grupo variado de fotógrafos que compartían un interés por la función social del fotógrafo y su implicación en la realidad de su tiempo. El ideal de todos ellos fue expresar mediante procedimientos sencillos y directos sus inquietudes estéticas, lejos de estereotipos heredados de la pintura.

Sus procedencias y ambiciones fueron bien distintas. Por un lado, fotógrafos amateurs como Gabriel Cualladó (Massanassa, Valencia, 1925–Madrid, 2003), Francisco Gómez (Pamplona, 1918–Madrid, 1998), Joan Colom (Barcelona, 1922) y Ricard Terré (Sant Boi de Llobregat, Barcelona, 1928–Vigo, 2009); algunos de ellos ligados a la cultura y las artes plásticas, como Gonzalo Juanes (Gijón, 1923–2014), Jesús de Perceval (Almería, 1915–1985), Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929–2006)y Josep Maria Casademont (Barcelona, 1928–1994).

Por otro, muchos que iniciaban su carrera profesional en la fotografía como Alberto Schommer (Vitoria, 1928–2015), Xavier Miserachs (Barcelona, 1937–1998), Ramón Masats (Caldes de Montbui, 1931), Oriol Maspons (Barcelona, 1928–2012), Julio Ubiña (Santander,1922–Barcelona, 1988), Francisco Ontañón (Barcelona, 1930–Madrid, 2008), Jesús Aguirre (Almería, 1928) y Joan Cubaró (Barcelona, 1926–1970).

No existía, por tanto, un “estilo Afal” asumido por sus miembros. El nexo de unión entre ellos se basaba en el intercambio y en la confrontación de propuestas, que podían resultar tanto del acuerdo como de la disensión. Los valores de la nueva tendencia fotográfica que introdujo Afal en aquel periodo de posguerra se aprecian en la obra de cada uno de sus integrantes, quedando constancia en los textos publicados en la revista y los recogidos en las correspondencias.

Los miembros de Afal estaban dispersos por toda la geografía española. Los núcleos más importantes, además de Almería, fueron los que se reunían en torno a la Agrupación Fotográfica de Cataluña, en Barcelona; el Casino del Comercio de Terrassa; la Agfoval de Valencia y la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, cuyo presidente Gerardo Vielba también simpatizaba con Afal. Los integrantes madrileños formaron en el año 1958 el grupo La Palan-gana. En sus tertulias discutían la selección de fotografías para las exposiciones de Afal y compartían sus conclusiones por carta con el grupo de Almería.

Los 36 números de la revista Afal (1956-1963) se publicaron a lo largo de cuatro etapas consecutivas con distintas características. Los tres primeros números fueron editados como boletines de agrupación al gusto salonista. A partir de julio de 1956, el formato cambia a revista y se inicia un periodo de apogeo: las portadas muestran lo mejor de la producción de los jóvenes fotógrafos miembros y en el interior se traducen textos importantes de la literatura fotográfica de la época.

En 1958 la revista acusa el momento de crisis económica del grupo debida a la publicación del Anuario de la Fotografía Española, que no obtiene las ventas esperadas, y vuelve a editarse en formato boletín. Finalmente, a partir de enero de 1959 se dio más importancia a la sección de cinematografía y se eligieron para las portadas casi exclusivamente retratos femeninos; asimismo, se incluyó una edición bilingüe de los textos con las colaboraciones extranjeras, entre las que destaca la del fotógrafo francés Roger Doloy, que había propuesto incluso una edición conjunta de la revista con sedes en París y Almería.

La redacción de los artículos relacionados con el cine estuvo, desde un principio, en manos de Guillermo Berjón, miembro del grupo de Almería, que se encargó de buscar colaboraciones de calidad en los medios cinematográficos españoles aglutinados en torno a las revistas Objetivo y Con la Cinema Universitario, ambas de Salamanca. En esta sección colaboraron corresponsales de talla intelectual como José María Berzosa, Eduardo Pons Prades, Joaquín de Prada, Manuel Michel y Ricardo Muñoz Suay.

Por otra parte, el buen criterio literario de Artero hizo que el atractivo de la revista fuera más allá de la imagen fotográfica. Desde los primeros números se incluyeron textos poéticos de Manuel Alcántara y de Antonio Castro Villacañas, dos poetas estrechamente relacionados con Almería, y también de poetas de la Generación del 98 y la del 27 que habían sido silenciados por la censura franquista: Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán, Azorín, Federico García Lorca y los hermanos Antonio y Manuel Machado.

El trabajo conjunto de poetas y fotógrafos fue una propuesta original de Afal desde sus primeros números, como el dedicado a la Semana Santa (n.º 14), en el que se alternan poemas cortos con fotografías. Pero lo que llamó más la atención de la revista, en cualquiera de sus épocas, fue la inclusión en cada número de un porfolio monográfico dedicado a un fotógrafo o a un grupo fotográfico. Son notables los números dedicados a Gonzalo Juanes (n.º 7), al trío catalán formado por Ricard Terré, Xavier Miserachs y Ramón Masats (n.º 8), a Carlos Pérez Siquier (n.º 11) y a Alberto Schommer (n.º 13).

La revista dejó de editarse en 1963, lastrada por el déficit económico derivado de la edición del Anuario y también de la crisis de colaboraciones, debido a la entrada de los fotógrafos del grupo en la esfera profesional.

El Anuario de la Fotografía Española de 1958 fue el proyecto más ambicioso del grupo. Se imprimieron 2500 ejemplares, con reproducciones en huecograbado de más de 100 fotografías de 48 autores. La cuidada y exigente selección se hizoen base al estilo personal de sus autores, no al gusto de los promotores, y en ella se reflejaba la diversidad de enfoques que coexistían en España, a diferencia de la monótona reunión de fotógrafos de una sola tendencia de los anuarios europeos.

Además de los miembros del grupo, se invitó a los fotógrafos de otros sectores, tanto amateurs como profesionales. Entre estos últimos destacan el reportero catalán Francesc Català-Roca, el retratista húngaro afincado en Madrid Nicolás Muller, el retratista catalán Ramón Bargués -cuya serie de desnudos al estilo Man Ray tuvo que librar una batalla con la censura, sorprendentemente ganada por Afal- y el joven fotógrafo barcelonés de publicidad y moda Leopoldo Pomés.

El Anuario recibió muy buenas críticas desde el extranjero, entre las que destacan las de Emmanuel Sougez, Henri Cartier-Bresson, Giuseppe Turroni, Otto Steinert y Edward Steichen, quien incluyó varias de las fotografías en una exposición que se celebraría en el MoMA en 1959. Con la Sin embargo, la crítica española, interesada por una fotografía de estética pictórica y academicista, no apoyó el proyecto.

El gran mérito de los promotores de Afal, más allá de los salones que organizaban en Almería, fue la introducción de sus fotógrafos en certámenes y la organización de muestras colectivas en el extranjero, entre las que destacan la participación en el Salon Albert I de Charleroi (Bélgica) y en la Bienal de Pescara del año 1958. En diciembre de 1959 llevaron a cabo una exposición colectiva en París junto con el Club Photographique Les 30 x 40 que itineró por Berlín, Moscú y Milán.

En su relación con la agrupación francesa no hubo una influencia formal o temática, sino que supuso sobre todo un apoyo a la difusión internacional de la obra del colectivo. Aunque pocos de los fotógrafos de Afal viajaron al extranjero, todos ellos asumieron que para dotar de rigor a su producción debían conocer la fotografía que se estaba haciendo en Europa y América. De esta manera, convinieron unas referencias comunes sobre las que no cabía discusión y que sirven para definir su manera de entender la fotografía: el catálogo de la exposición The Family of Man, la obra de Henri Cartier-Bresson, los ensayos fotográficos de Eugene Smith, los reportajes urbanos de William Klein y la creación de la Agencia Magnum, proyecto paradigmático del periodismo fotográfico de autor.

También las revistas ilustradas americanas de reportaje (Life) y moda (Vogue) aparecen constantemente mencionadas en los escritos de los jóvenes del grupo, junto con las ediciones de fotolibros y los anuarios fotográficos alemanes, japoneses y americanos, que Carlos Pérez Siquier compraba asiduamente y que ha donado al Museo Reina Sofía.

Con el cambio de década admiraron el trabajo de sus colegas italianos de las agrupaciones La Gondola y La Bussola, como Gianni Berengo Gardin y Mario Giacomelli respectivamente, a quienes presentaron por primera vez en España. De gran influencia para muchos miembros del grupo fueron las teorías acerca de la fotografía subjetiva de Otto Steinert, quien promocionó la fotografía española en la última muestra de Subjektive Fotografie, en 1958.

A partir de sus contactos con Steinert, Afal defendió la fotografía abstracta como signo de modernidad y la revista desde sus inicios, con la voluntad de trazar relaciones con otras artes, emprendió una labor pedagógica para acercar el arte abstracto al público, cuya exposición y trabajo crítico tenía un auge inusitado en la España de 1950. La mayoría de los fotógrafos, aun los de carácter más reportero como Masats, ensayaron una fotografía “estática”, como llamaron a la fotografía que recreaba la naturaleza muerta o la macrofotografía.

Afal se preocupó asimismo por la presentación en España de fotógrafos extranjeros, enriqueciendo el panorama cultural español tan pobre en la representación de la fotografía. Para ello, desarrolló iniciativas como la exposición itinerante del salón Joven fotografía belga, la exposición del grupo La Ventana de México (íntegramente donada por Carlos Pérez Siquier) y la exposición itinerante de Otto Steinert durante los años 1962 y 1963.

La donación de Pérez Siquier: La producción fotográfica de un autor no puede entenderse únicamente a través de sus imágenes. Los documentos relacionados con ellas, que describen los procesos y plasman las dudas y discusiones en torno al ejercicio creativo, forman parte del discurso de la fotografía entendida como obra de arte.

En el caso de Afal, el fondo documental que conservaron Carlos Pérez Siquier y José María Artero permite interpretar y estudiar la obra fotográfica de sus autores. Un legado que Pérez Siquier ha decidido donar al Museo Reina Sofía, después de custodiarlo durante más de cincuenta años. De esta forma, el Museo Reina Sofía ve recompensado el trabajo realizado en los últimos años para ampliar la presencia en sus fondos de los protagonistas de esta generación, convertida en referencia en la historia de la fotografía española.

Esta donación se compone de publicaciones y materiales especiales, entre los que se cuentan documentos de relevancia histórica como la correspondencia que intercambió con los fotógrafos españoles más importantes, desde los años de la revista Afal hasta la edición de los anuarios Everfoto y la exposición del grupo Afal en Almería en 1991.

El contacto que mantuvo con todos los miembros del grupo incluye cartas muy analíticas en las que se repasan los acontecimientos fotográficos y el contenido de las publicaciones. Como en cualquier relación de amistad juvenil, no faltan las anécdotas divertidas que muestran los gustos, las apuestas vitales y la ideología de toda una generación. Se trata de una auténtica plataforma de discusión estética para entender la fotografía del periodo.

En este fondo documental también se incluye el archivo de correspondencia de José María Artero, centrado fundamentalmente en las labores propias de gestión de las actividades del grupo y la edición de la revista. Sus corresponsales componen un conjunto diverso de tipos y estamentos, desde fotógrafos, poetas, talleres tipográficos, directores de periódicos, agrupaciones de toda España, censores, embajadores, cargos de la administración, entre otros.

Contiene asimismo las cartas de sus amigos íntimos, entre los que hay novelistas, profesores universitarios, médicos, veterinarios y peritos agrónomos que dan cuenta del panorama cultural en aquella época. Además de estos archivos epistolares, se incorporan a la Colección del Museo originales fotográficos de los miembros del grupo, además de felicitaciones navideñas, tarjetas postales, publicaciones de Afal (revistas, catálogos y anuarios) y maquetas de una decena de números de la revista. Pérez Siquier también ha donado un gran número de libros, catálogos, anuarios y revistas especializadas en fotografía tanto de la etapa de Afal como posteriores, que ayudan a componer el mosaico de la fotografía nacional e internacional en la segunda mitad del siglo XX.

Humanismo y subjetividad en la fotografía española de los años 50 y 60. El caso Afal. 30 de mayo de 2016 – 7 de noviembre de 2016. Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini, 4ª Planta. Comisariado a cargo del Departamento de Colecciones del Museo Reina Sofía con Laura Terré. Coordinación: Concha Calvo y Almudena Díez

Mi agradecimiento al Gabinete de Prensa del Museo Reina Sofía por toda la valiosa documentación tan amablemente ofrecida.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta España,

Félix José Hernández.