El Iberismo, el ideal de ver unidos a Portugal y España, es un sueño de los más nobles que podemos emprender

Cada sueño que tenemos es una vida distinta que vivimos.
De hecho, cuando soñamos dormidos estamos viviendo una aventura diferente, que es tan dramática y emotiva como la de la realidad despierta.
Ese sueño iberista implica una filosofía de vida.
Es cierto que la unión pretende objetivos materiales: ser más fuertes para competir, evitar duplicidades, ser capaces de desarrollar proyectos de investigación más ambiciosos, etc.
Pero lo más importante es la situación personal y social que plantearía a portugueses y españoles.
Esa decisión nos obligaría a replantearnos lo que hemos sido, lo que somos y lo que pretendemos ser, a mirarnos hacia dentro buscando una identidad personal y social más íntima y desprendida de egoísmos, que no tendría nada que ver con la identidad prefabricada por los nacionalismos que se olvidan que humanidad es darse al otro y solo pretenden la consecución del poder.
Conocernos mejor para aprender del otro y perfeccionarnos con él.
Portugal y España se complementan, en cultura, carácter, proyectos. La unión, a la larga solo puede ser beneficiosa.

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