No participo para nada de catalogar a Simón Bolívar con el titulo oneroso de asesino

Por supuesto que no participo para nada de catalogar a Simón Bolívar con el titulo oneroso de asesino; porque, aparte de que suena y chirría demasiado mal en los oídos hispanos tan dramático adjetivo calificativo, ser un asesino, según el diccionario que tanto nos une y al mismo tiempo tanto nos separa en el lenguaje o idioma común entre latinoamericanos y españoles, para que una persona tenga el tremendo en lo negativo calificativo de asesino, hay que desarrollar previamente al delito o los delitos una cautela y un protocolo para la comisión del delito o de los delitos, sin riesgo para el delincuente; al tiempo que tiene que existir un ensañamiento y una recompensa, y, por supuesto una necesaria cautela para lograrlo. Y nada de todo esto se dio en la persona y figura del gran Libertador Simón Bolívar a lo largo de su formidable existencia, y sí y mucho en la sociedad multinacional Vaticano-España.

Además, podía anotar un detalle de los que otorgan impronta en una persona, en un dictador o en un asesino, y es, que, por regla general, los dictadores asesinos – en Europa los hemos sufrido a capazos-, los indicados mandamases asesinos que con abundancia, para nuestra desgracia, nos ha regalado la historia, generalmente no saben hablar otro idioma extraño al suyo propio, y carecen de la más elemental cultura, y Simón Bolívar era un hombre culto, al margen de que hablaba, que se sepa, correctamente el francés, y el español.

Ya, afortunadamente por el lado de la riqueza social y hasta genética, resulta normal, especialmente en ciudades, zonas o regiones españolas que no gozan ni tienen fama de ser cerradas y poco abiertas a la convivencia con gentes de otros países, el escuchar y ver por la calle paseando o en muchos centros de trabajo a gentes latinas o de otras procedencia geográficas, cuya presencia, a diferencia de lo que piensan muchos cazurros, su número y presencia no es negativo para el país que los acoge, sino todo lo contrario, es negativo para sus países originarios.

Ser viejo es una buena carta de presentación para iniciar pláticas con esa gente de afuera que, entre llamada y llamada de teléfono móvil, al más puro estilo nacional costumbrista, he podido constatar que muchos de ellos vienen hasta aquí con una idea o con una frase hecha, que ni tiene sentido, ni ocupa el momento y el lugar más apropiado.

Está claro que la historia hay que conocerla para intentar no repetirla. Está más que claro que al hombre le encanta abusar y esclavizar a sus contemporáneos en cuantico lo dejas con posibilidades de poder hacerlo; y está también muy claro que los mandamases, en España, las llamadas “Casas Ducales”, no contentos con tener el dinero y el poder sobre nosotros las gentes, establecieron pagando y publicitando en falso que por la vía de Santa Ana, árboles genealógicos que descendían y eran familia de Jesucristo.

Pero ni todos los que vienen de aquellas hermosas tierras, asoladas, explotadas, oprimidas, humilladas, violentadas entre los gringos, las multinacionales y sus latigueros, son descendientes de las clases reinantes de aquellos enormes grupos dominantes especialmente en las tierras continentales, ni tampoco son responsables absolutamente de nada de lo que pudieron hacer sus antepasados, ni los que estamos por acá, en nuestra inmensa mayoría no pasamos de ser supervivientes en un árbol genealógico, del que tomamos parte activa de una rama en adelante, y todo lo demás nos vino ajenos a nuestro albedrío, o por lo menos eso piensa la ciencia hasta el momento. No somos, por tanto, responsables de nada de lo que aconteció cuando unos intereses de grupo definido y determinado, descendientes del citado árbol de Santa Ana se aprovecharon de la necesidad, y las gentes literalmente se mataban por marchar a Las Indias a buscar nuevas formas de vida, porque las existencias que acontecían por acá, en poco se diferenciaban de otros animales bípedos.

Incluso en la ruptura social posterior motivada por el mal trato español y europeo en general contra las gentes originarias de aquellas tierras, para nosotros tierras del poniente, tienen culpa principal y achacable las gentes de ambas orillas de la mar, supuesto que desde el primer minuto del avistamiento todo lo malo, absolutamente todo lo malo del mundo llamado viejo, se marchó para allá y sobresalió muy por encima de aquel don Juan, que con un clavel en la solapa y un sombrero de ala ancha se hizo a la mar en busca de una nueva vida.

España es, de siempre, caciquil e inculta, violenta y primitiva, entendiendo lo de primitiva como de escasa o nula capacidad colectiva de responder ante males de gobierno y aptitud de sus mandos, y sus repuestas, si existen, no pasan de ser del nivel o volumen de tribu o grupo. Y se quiera o no, con todos sus peros e inconvenientes, dentro de los platillos de la balanza de lo que impropiamente llamamos justo o injusto, el platillo del lado español sí que fue un platillo asesino y totalmente injusto.

Pero como hombre americanista que me identifico y me preocupo, no me siento responsable de nada, ni trato de ser por eso más simpático o menos con la belleza y preciosidad genética del mestizaje que nos llega para enriquecernos.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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