Podemos tiene un problema grave, no puede siquiera presentar un obrero en su aparato directivo de vanguardia leninista.

Leo y me cuentan que los compañeros podemitas de los madriles se han estrellado en su vano intento de censurar a Cristina Cifuentes.

Nunca antes, España había vivido tal despilfarro de capital humano y político en tan poco tiempo; los mensajeros de la prosperidad se han quedado sin mensaje y sin recursos; y mira que en España hay razones para hacer política.

Ser polítólogo no basta, ser guapo y joven tampoco; hay que tener enjundia; saber manejar los tiempos políticos y evitar cualquier espejismo de Coca Cola en el desierto.

Y Podemos, además, tiene un problema grave, no tiene siquiera un obrero en su aparato de vanguardia leninista; ya sabemos que los obreros deben ser guiados hasta la victoria final y, mientras se alcanza ese objetivo, preservarlos de los peligros que acechan en ruta.

Pero un obrero, uno solo ¡por Lenin!; que es muy feo eso de estar hablando siempre de la clase obrera (¿así se dice?) y ser casta universitaria de cátedra endogámica.

Entonar O Bella Ciao es enternecedor y ese afán de remover muertos y cambiar nombres de calles es revanchismo disfrazado de pasión justiciera.

Sobre todo, cuando el joven madrileño Ignacio Echeverría acaba de dar su vida en Londres por todos nosotros, por defender la libertad y la democracia europea que tanta sangre de combatientes antifascistas, socialistas, anarquistas y comunistas costó.

Pero Podemos y sus intoxicados asamblearios apenas han tenido tiempo para rendir tributo a un chico madrileño de Las Rozas, que iba a misa católica, patinaba y fue asesinado por el terrorismo radical de coartada islamista.

Cuando oigo a algunos de Podemos y veo sus actuaciones, me recuerdan al granadino Bernard Coard, un teórico de la revolución, que acabó asesinando al líder de la Nueva Joya, Maurice Bishop porque no era suficientemente puros en su ideal revolucionario.

Aquel asesinato, sirvió en bandeja la bella isla de Granada a la invasión USA, con Reagan mandando en la Casa Blanca.

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