“No necesito el dinero, pero quiero ayudar al país donde nací”, asegura el ejecutivo, sin embargo los hechos lo desmienten

Fuente: El Nuevo Herald

Solamente tres de sus nueve viajes a Cuba en los últimos 12 meses, dijo Gutiérrez, han sido a nombre de clientes de Albright Stonebridge. Cuatro han sido viajes no pagados como jefe del Consejo Empresarial Estados Unidos-Cuba, organización afiliada de la Cámara de Comercio de Estados Unidos que ha presidido sin paga desde febrero del 2015.

Su primer viaje, en agosto del año pasado, fue como parte de la delegación oficial norteamericana a la apertura de la embajada en La Habana, mientras los otros viajes fueron por invitación del Meridian International Center, una organización sin fines de lucro con sede en Washington que le pidió que participara en un intercambio cultural.

Aquella primera mañana en Cuba, Gutiérrez abrió maravillado las cortinas de su habitación en el Hotel Nacional, desde donde se puede ver buena parte de La Habana.

“Sentí alegría”, recordó Gutiérrez en una entrevista en la sede de Albright Stonebridge, que dirige junto con la ex secretaria de Estado Madeleine Albright. Su oficina está unas pocas calles al norte del Departamento de Comercio, la enorme entidad federal que dirigió hace menos de una década.

“Sentí alegría de estar en el lugar donde nací, el lugar en el que había pensado tanto, sobre el que había leído tanto. Fue una sensación muy especial. Y además, la gente es especial”.

Pero a pesar de esa alegría, tuvo que pagar un alto precio personal por el viaje.

Gutiérrez, un hombre apuesto, había sido el héroe de los cubanos en el sur de la Florida, el segundo cubanoamericano en integrar el gabinete en la Casa Blanca. El primero, Mel Martínez, fue secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano en el gobierno de George W. Bush antes de que Gutiérrez fuera nombrado al gabinete. Más tarde, Martínez representó a la Florida en el Senado federal.

Pero el acercamiento de Gutiérrez al gobierno de los Castro lo convirtió de la noche a la mañana en un paria entre los suyos.

“Lo consideran una traición”, dijo Gutiérrez.

Algunos amigos dejaron de hablarle, y no sólo Díaz-Balart. El representante Carlos Curbelo, republicano de Miami, cuya campaña de elección Gutiérrez apoyó en el 2014, dijo que el cambio lo sorprendió.

“Considero que su cambio de postura es drástico, y fue algo inesperado”, dijo Curbelo.

Algunos amigos de Gutiérrez lo consideraron una emboscada.

“Fue muy triste enterarme”, declaró a McClatchy Orlando Gutiérrez Boronat, jefe del Directorio Cubanoamericano en Miami. “Lamento que haya tomado esa postura”.

Al preguntársele si él y Carlos Gutiérrez todavía son amigos cercanos, Boronat respondió: “Somos amigos, pero hace ya un tiempo que no he hablado con él”.

Las dudas sobre sus verdaderos motivos enfurecen al normalmente imperturbable Gutiérrez.

“Los que se oponen debían tener el valor de ir a Cuba y ver el daño que esta fallida política [del embargo] ha provocado a millones de personas, en vez de sentarse en un escritorio y hacer declaraciones sobre un país que nunca han visitado”, dijo.

El ex presidente ejecutivo de Kellogg Co. dijo que varios colegas de su generación le han expresado apoyo en privado.

“He hablado con personas de unos 60 años y me han dicho: ‘Mira, me gustaría ir a Cuba, pero mis padres todavía están vivos. Sencillamente no puedo hacerlo mientras ellos estén vivos’ ”, dijo.

Gutiérrez salió de Cuba con su familia el 16 de julio de 1960, poco después de que el régimen de Castro confiscara una plantación de piña de la que su padre era codueño en Majagua, una localidad de la actual provincia de Ciego de Ávila, en el centro de la isla, unas 250 millas al sureste de La Habana. Gutiérrez tenía 6 años en ese momento.

La familia pasó en Miami sus primeros dos años y medio en Estados Unidos, comenzando con una estancia de tres meses en el Hotel Richmond en Collins Avenue. Entonces se mudaron a Nueva York, y después a México, donde Gutiérrez comenzó lo que sería una carrera de tres decenios en Kellogg. En abril de 1999 fue nombrado presidente del directorio y presidente ejecutivo del fabricante de cereales, el primer hispano en dirigir una compañía de la lista Fortune 500 en ese momento.

Aunque trata de desayunar saludable, Gutiérrez reconoce que tiene debilidad por Froot Loops y Frosted Flakes.

“Frosted Flakes y leche entera, difícil de superar”, dijo.

Gutiérrez sigue viviendo en Washington, aunque con frecuencia viaja a otros países y visita a sus amigos en el sur de la Florida.

El cambio de postura de Gutiérrez sobre Cuba se anunció en una columna de opinión en The New York Times el 23 de junio del 2015, seis meses después de que Obama anunciara que Estados Unidos reanudaría las relaciones diplomáticas con La Habana después de 54 años de distanciamiento cimentado en la Guerra Fría.

Con el título de Una postura republicana sobre la política de Obama hacia Cuba, Gutiérrez escribió: “Hoy me siento cautelosamente optimista por primera vez en 56 años. Veo un rayo de esperanza de que, en momentos en que Cuba permite el funcionamiento de unos cuantos emprendimientos privados y muchas empresas norteamericanas están entusiasmadas por entrar a un nuevo mercado, podemos ayudar al pueblo cubano”.

Un mes antes, en un discurso en la Universidad de Georgetown, Gutiérrez había dado algunas pistas sobre la evolución de su postura. Señaló las mejoras en el Puerto del Mariel para acomodar los barcos de carga más grandes que pasan por el ampliado Canal de Panamá como una señal clave del compromiso del gobierno cubano con las reformas económicas.

“En la costa este de Estados Unidos hay puertos que no están listos para los resultados de la ampliación del Canal de Panamá, pero el Puerto del Mariel está listo”, dijo Gutiérrez. “¿Para qué van a construir esa clase de puerto si no estuvieran pensando en cambiar el sistema económico?”

En febrero de este año, Gutiérrez presentó al ministro cubano de Comercio Exterior e Inversiones, Rodrigo Malmierca, a la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Washington, que le tributó una ovación de pie, el mismo día en que los dos gobiernos firmaran un acuerdo sobre aviación comercial en La Habana.

“Como orgulloso ciudadano estadounidense nacido en Cuba, se me hizo muy evidente que el amor del pueblo, el amor de la tierra donde nací, donde nacieron mis padres, mis abuelos, la tierra de mis ancestros, ese amor era más grande que cualquier diferencia política que pudiéramos haber tenido entre los dos países”, dijo Gutiérrez a los líderes empresariales estadounidenses.

Gutiérrez exhortó al Congreso a poner fin al embargo impuesto a Cuba en octubre de 1960, durante las últimas semanas del presidente Dwight D. Eisenhower en el cargo.

Todo esto asombró a los amigos cubanoamericanos de Gutiérrez. Para muchos, este giro de 180 grados de hombre de línea dura a defensor del acercamiento fue algo completamente inesperado.

Una foto ampliamente publicada de un sonriente Gutiérrez junto a Malmierca fue un golpe duro en las comunidades cubanoamericanas del sur de la Florida, Nueva York y Los Angeles.

“Alguien me llamó Judas”, dijo Gutiérrez con una sonrisa triste.

Es que durante muchos años, Gutiérrez defendió con fuerza la línea dura hacia Cuba.

Cuando era secretario de Comercio, copresidió el Comité de Asistencia a una Cuba Libre, establecido por Bush con el objetivo expreso de derrocar el régimen de Castro.

En septiembre del 2008, casi al final de su período al frente del Departamento de Comercio, dijo en un discurso en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard: “Lo que el embargo ha logrado ha sido negar a un enemigo jurado de nuestro país más recursos que hubieran podido usar en contra nuestra”.

Inicialmente, incluso se opuso al cambio de política de Obama hacia Cuba. “Estados Unidos ha hecho muchas concesiones y no ha recibido nada a cambio”, declaró a la revista Time.

Pero en los seis meses siguientes Gutiérrez publicó su columna en The New York Times, y su vida sufrió un cambio sísmico.

Gutiérrez batalla para identificar lo que provocó ese cambio. Una razón fue la conversación privada con Obama y su larga experiencia en China, primero con Kellogg y más recientemente en su cargo actual.

“He visto a chinos que salieron de su país regresar, hacer negocios allí y mirar al futuro”, dijo. “Una interrogante que siempre he tenido es: ¿Por qué no puedo hacer eso sobre Cuba? Eso es lo que he tratado de responder objetivamente”.

El haber salido de Miami cuando era niño, dijo Gutiérrez, también lo hizo más abierto a los cambios.

“Creo que es duro para los que viven en Miami registrar intelectualmente que han pasado 58 años, ser capaces de dar un paso atrás y ver a Cuba objetivamente, no emocionalmente”.

Haber vivido durante 30 años en México y Battle Creek, Michigan, sede de Kellog, expuso a Gutiérrez a diferentes puntos de vista.

A un nivel más personal, Gutiérrez dijo que su padre fue menos rígido ideológicamente que otros exiliados de su generación. “Mi padre era muy realista”, dijo. “No quería oír hablar de Cuba. Nunca quiso regresar. Pero decía: ‘Eso se acabó, y nunca será lo mismo’ ”.

John Kavulich, fundador y director del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, Inc. (Consejo de Comercio y Economía EEUU-Cuba, Inc.), con sede en Nueva York, que ha impulsado el comercio con la isla mucho antes de que la Cámara de Comercio de Estados Unidos pensara en hacerlo, cree que, al final, el cambio repentino de postura de Gutiérrez sobre Cuba probablemente siga siendo un poco misterioso. Durante los últimos meses, Gutiérrez le ha hecho muchas preguntas a Kavulich en reuniones y conversaciones telefónicas antes y después de sus viajes a Cuba.

“Él tiene peso porque fue presidente ejecutivo de Kellogg y secretario de Comercio de un gobierno republicano”, dijo Kavulich. “Ahora ha tenido esta epifanía. Ver la luz puede ser bueno. Pero ahora la pregunta es qué hará con esa revelación más allá de usarla como una herramienta de mercadotecnia. Es difícil saber lo que piensan los demás”.

Jaime Suchliki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, es uno de los amigos de Gutiérrez que no puso fin a su relación con su cambio de postura. Gutiérrez es experto de la institución y miembro de su junta asesora.

Los dos fueron a desayunar en Miami hace unos meses y tuvieron una conversación franca. Suchliki le preguntó si quería ganar dinero o que lo nombraran embajador en Cuba, y Gutiérrez dijo que no a las dos preguntas.

“Fui duro con él, pero mantuvo que quiere ayudar al pueblo cubano, que quizás esto provoque algún cambio”, dijo Suchliki.

Cuando Gutiérrez le preguntó si quería que rompiera sus vínculos con el Instituto, Suchliki le dijo que no.

“Le dije:‘Pienso que estás equivocado, pero tienes derecho a tu opinión’ ”, recordó Suchliki.

Aunque Gutiérrez siente alguna tristeza sobre las amistadas perdidas, ha hecho las paces con su controvertida postura.

“Estoy a gusto con mi posición”, le dijo a un reportero. “Y me puede citar textualmente”.

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