Corría el año 1985, aún yo trabajaba en una dependencia estatal, como todos en nuestro país, y se hablaba en los Medios cubanos de una emisrora radial “enemiga” a la cual habían puesto, indebidamente, el nombre de Radio Martí.

Regina Coyula, por el ojo de la aguja

3187207970_7dd7c42426_zCorría el año 1985, aún yo trabajaba en una dependencia estatal, como todos en nuestro país, y se hablaba en los Medios cubanos de una emisrora radial “enemiga” a la cual habían puesto, indebidamente, el nombre de Radio Martí. Esto generó una encarnizada propaganda gubernamental contra la misma, sobre todo, por haberla bautizado con el nombre del Apöstol, del cual el desgobierno cubano se siente dueño absoluto.

Como es de esperar, a todos los seres humanos nos gusta lo prohibido, más aún tratándose de una fuente de información, cuya censura viene impuesta por un régimen totalitario. Mi curiosidad se incrementó y me dí a la tarea de buscar una fórmula para llegar a ella.

Valiéndome de un viejo radio de onda corta, que me habían regalado (su venta en las tiendas estaba prohibida), logré, recorriendo el dial de un extremo a otro una y otra vez, encontrar la proscripta estación, justo al ladito de la famosa Radio Rebelde, la cual le trasmitía a Radio Martí una insoportable interferencia, pero mi insistencia logró descubrir que, moviendo suavemente el aparato a un lado y otro, lograba capturar con bastante nitidéz la voz de la “manzana prohibida”.

A partir de ese glorioso momento, mi vida cambió, tuve conocimiento de lo que estaba sucediendo dentro y fuera de nuestras fronteras pero, sobre todo, me sentía felíz de dejar atrás la manipuladora retórica oficialista.

Como me era muy difícil no soltar, de vez en cuando, un comentario polémico en mi entonces centro de trabajo, influenciada, claro está, por esta nueva fuente de información, pronto me coloqué en la mira de la administración, por lo que en 1986 decidí renunciar a mi trabajo de oficina y dedicarme por entero a mi trabajo artístico, como modo de vida.

Cual no sería mi sorpresa y emoción, estando un día trabajando en mi taller con mi radio favorita pegada al oído, escuchar en una entrevista que estaban haciendo con relación a un evento de la SIP, la inconfundible voz de un familiar muy querido, con el cual hacía 26 años que no tenía ningún tipo de contacto. A pesar de las dificultades y las insoportables interferencias, me convertí en fiel seguidora de esta emisora radial, que me había abierto una nueva ventana al mundo de la información.

Mis más sinceras felicitaciones por su 30 aniversario a ese gran colectivo de trabajo, que en todos estos años ha hecho una reconocida y meritoria labor, en pos de brindar información a todos los ciudadanos cubanos, pues aunque a muchos no les llega, los que sí logran conectar, se encargan de difundirla, cambiando la visión única brindada por los Medios oficiales de la isla.

Corría el año 1985, aún yo trabajaba en una dependencia estatal, como todos en nuestro país, y se hablaba en los Medios cubanos de una emisrora radial “enemiga” a la cual habían puesto, indebidamente, el nombre de Radio Martí. Esto generó una encarnizada propaganda gubernamental contra la misma, sobre todo, por haberla bautizado con el nombre del Apöstol, del cual el desgobierno cubano se siente dueño absoluto.

Como es de esperar, a todos los seres humanos nos gusta lo prohibido, más aún tratándose de una fuente de información, cuya censura viene impuesta por un régimen totalitario. Mi curiosidad se incrementó y me dí a la tarea de buscar una fórmula para llegar a ella.

Valiéndome de un viejo radio de onda corta, que me habían regalado (su venta en las tiendas estaba prohibida), logré, recorriendo el dial de un extremo a otro una y otra vez, encontrar la proscripta estación, justo al ladito de la famosa Radio Rebelde, la cual le trasmitía a Radio Martí una insoportable interferencia, pero mi insistencia logró descubrir que, moviendo suavemente el aparato a un lado y otro, lograba capturar con bastante nitidéz la voz de la “manzana prohibida”.

A partir de ese glorioso momento, mi vida cambió, tuve conocimiento de lo que estaba sucediendo dentro y fuera de nuestras fronteras pero, sobre todo, me sentía felíz de dejar atrás la manipuladora retórica oficialista.

Como me era muy difícil no soltar, de vez en cuando, un comentario polémico en mi entonces centro de trabajo, influenciada, claro está, por esta nueva fuente de información, pronto me coloqué en la mira de la administración, por lo que en 1986 decidí renunciar a mi trabajo de oficina y dedicarme por entero a mi trabajo artístico, como modo de vida.

Cual no sería mi sorpresa y emoción, estando un día trabajando en mi taller con mi radio favorita pegada al oído, escuchar en una entrevista que estaban haciendo con relación a un evento de la SIP, la inconfundible voz de un familiar muy querido, con el cual hacía 26 años que no tenía ningún tipo de contacto. A pesar de las dificultades y las insoportables interferencias, me convertí en fiel seguidora de esta emisora radial, que me había abierto una nueva ventana al mundo de la información.

Mis más sinceras felicitaciones por su 30 aniversario a ese gran colectivo de trabajo, que en todos estos años ha hecho una reconocida y meritoria labor, en pos de brindar información a todos los ciudadanos cubanos, pues aunque a muchos no les llega, los que sí logran conectar, se encargan de difundirla, cambiando la visión única brindada por los Medios oficiales de la isla.

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