El jardín y el patio después del ciclón

Por Daniel D. Fernández

Quizá muchos se aprendieron la lección de la manera más dura por no podar sus árboles a tiempo. Una pena perder un árbol por falta de cuidado. Los árboles deben podarse profesionalmente todos los años, si son muy grandes, o cada dos, si no son muy coposos; no solo para mantenerlos a una altura segura con respecto a su casa y los ciclones, sino por la eventualidad de los frentes fríos.

Sí, la temperatura es más baja a medida que se asciende, y un árbol tropical muy alto puede sufrir duramente una ola de frío. También hay que “aclarar” las copas de los árboles, de manera que el viento pase sin hacer muchos estragos. Mucho cuidado con las enredaderas, que lucen muy bellas, pero densifican las copas y agregan un peso que puede desplomar árboles enteros o quebrar las ramas que las soportan.

¿Pero qué hacer una vez que pasó el ciclón? Primero debe inspeccionar cuidadosamente y levantar toda planta que se haya caído y sea salvable y ver cuántas epifitas, como orquídeas, bromelias y anturios han salido volando de su lugar. Los cestos colgantes también pueden haber sufrido, si usted no los puso a buen recaudo antes del huracán.
Una de las cosas más importantes que debe hacer es regar, pues a veces los ciclones, como el Irma, traen poca agua, y el viento fuerte se lleva las hojas y deja árboles y plantas como quemados. El regar es fundamental. El tomar estas medidas a tiempo puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de muchas de sus plantas.

Durante un tiempo, aproximadamente 15 días, debe dejar sus plantas tranquilas, después de realizadas las reparaciones de emergencia, como cortar alguna rama a medio quebrarse o cambiar las macetas que se hayan roto o volver las plantas a sus tiestos. Después del traumatismo ciclónico, el mundo vegetal también necesita salir del shock, y el abonar o fertilizar sus plantas no solo es inútil, sino que puede ser contraproducente.

Pero no todo es negativo en un ciclón. Se debe ver el desastre causado en jardines y patios como una invitación a remodelar. Así pasa en la selva, en la naturaleza: el incendio le da la oportunidad a nuevos árboles; la muerte de uno de los miembros del bosque da espacio y luz a jóvenes miembros que irán apareciendo. En el patio, ahora ese espacio con más sol puede inspirarle la creación de un jardín acuático, un cantero de flores, o plantas para mariposas. Vida y muerte cumplen su ciclo.

Y a propósito de mariposas, poco después de Irma, en la primera mañana de reposo, los desastres del patio fueron visitados por mariposas, lagartijas, colibríes, azulejos y aves de varios tipos… y de noche, la oscuridad por la falta de fluido eléctrico se ornaba con inesperados cocuyos. ¿De dónde venían tantos animalitos? ¿Cómo sobrevivieron las ventoleras implacables? La vida renace en el caos, y esas visitaciones eran como para decirnos que, aun en medio de los ciclones más tremendos, hay una mano invisible que se ocupa de que persistan hasta las más delicadas mariposas.

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