José Oro, el futuro de Cuba pertenece por entero al capitalismo

Desconocido para el vulgo patriotero, José Oro es director de inversiones de la gestora Thomas Herzfeld

 

Maneja un fondo de private equity que cuenta con casi mil millones de dólares que espera entrar en el capital de empresas que inviertan en Cuba

«El respaldo de Wall Street es total», explica Oro, que con este fondo continúa una carrera que comenzó en 1991 con una huida de Cuba que el propio interesado califica de «antiheroica»: el Gobierno de Fidel Castro le envió a un congreso a Estados Unidos y, según cuenta, «viajé en primera clase de Toronto a Boston, y me quedé», recuerda Oro, que es ingeniero de minas y geólogo, y estudió en Cuba o Polonia. En aquel momento, ocupaba el cargo de director del Ministerio de Industria Básica.

Son muchas incertidumbres. Pero el mercado, a raíz de la apertura iniciada el 17 de diciembre entre Washington y La Habana, apuesta por Herzfeld. Tras dos décadas de su creación, el Caribbean Basin ha triplicado su valor, hasta los 100 millones de dólares. Pero no es ése su único vehículo para acceder a Cuba. Hace poco creó Virtus, un fondo de private equity con un valor de unas decenas de millones de dólares. El otro, de una escala mucho mayor, es el fondo que Oro está levantando y en el que la inversión mínima será de un millón de dólares para inversores individuales y cinco para institucionales. Sus áreas de inversión serán agroalimentación, construcción o transporte aéreo y marítimo, y se centrará sólo en Cuba. Tanto Virtus como el nuevo fondo son cerrados, es decir, los inversores deben aceptar ventanas de cinco o 10 años en las que no podrán sacar su dinero. Este financiero cree que la apertura económica en Cuba será «muy controlada», tanto porque La Habana va a seguir el ejemplo de Vietnam como porque el desmantelamiento del embargo de EEUU va a ser gradual.

Oro cree que la próxima industria a la que llegará el sector privado será la de la construcción. «Ya hay equipos formados por albañiles, fontaneros, carpinteros… que están modernizando viviendas para que sus propietarios puedan alquilar casas y habitaciones. Están realizando obras en unas 8.000 casas. Este sector ya recibió en 2014 préstamos de la banca estatal cubana por un valor que, al cambio, fue de 108 millones de dólares». No en balde, Airbnb, la empresa que conecta a través del ordenador o del móvil a personas que alquilan casas y a viajeros y que ha dinamitado el sector hostelero en Nueva York, ya opera en Cuba.

Las construcción y el turismo van de la mano en Cuba. Lo mismo que las infraestructuras. «Cada turista necesita en promedio 75 galones [cerca de 300 litros] de agua al día, si se tiene en cuenta desde el consumo hasta el aire acondicionado o la piscina», revela Oro. Por ello, la construcción va a ser una de las principales áreas de atención del nuevo fondo, además de la tecnología y telecomunicaciones.

Invertir en Cuba tiene riesgos adicionales. Por ejemplo, las reclamaciones por las expropiaciones masivas tras la Revolución. Eso ha obligado a Oro a realizar una due diligence extra, al crear una base de datos de 1.200 empresas, en cuya elaboración «hemos sido muy cuidadosos al distinguir entre las que pueden ser objeto de reclamaciones por las expropiaciones de la Revolución y las que no». No quiere que el dinero de sus fondos vaya a empresas blanco de litigios.

El director financiero de Herzfeld, sin embargo, cree que esos obstáculos no empañan el futuro de Cuba. Cita como ejemplo el país de sus ancestros: España. «La primera vez que estuve en España fue a finales de los 70»; volvió en 1983. «El país había cambiado tanto que no lo reconocía. Había pasado de ser como un país latinoamericano a un país europeo. Lo mismo pasará en Cuba».

 

Hispanista revivido.