La Casa de Cantabria fue fundada en la primera década del siglo XX, concretamente el 20 de noviembre de 1910, con el nombre de Centro Montañés de la Habana y con esta denominación se mantuvo en el siglo XX

  • Reabrió sus puertas en 2011, tras una reparación capital, con un moderno bar-restaurante y otras espaciosas salas para los asociados.
  • Una de las aspiraciones de los cántabros habaneros es obtener la compensación que el gobierno castrista debe por la incautación del inmueble que anteriormente tenía el Centro montañés de La Habana

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Surgió por la iniciativa de un grupo de cántabros residentes en la isla y durante todo ese tiempo la asociación ha trabajado principalmente con el objetivo de destacar su origen cántabro, compartir la vida social y cultural de Cantabria y fomentar la unión y solidaridad entre los montañeses, sus descendientes y afines en la República de Cuba.

El presidente de la entidad, Reynaldo Rojas, ha remodelado la junta directiva para rejuvenecer la institución e impulsar nuevos proyectos. Junto a él está la vicepresidenta, Aída Grau y un equipo formado por Armando Zambrano, Olga María Sayás, Rubén Mesa, Elba Llama, Sofía Sordo y María Isabel Lasa. «Estoy satisfecho porque además de aumentar el número de socios ahora existe un equipo de personas dispuesta a trabajar a fondo por mejorar la Casa de Cantabria. El servicio de restaurante se ha vuelto a poner en marcha y poco a poco queremos mejorar todas nuestras prestaciones, a pesar de las dificultades con las que topamos».

El Centro Montañés, que cuenta con 502 asociados, tuvo que dejar la sede del Paseo del Prado y dispone hoy de un pequeño local en la calle Neptuno en el que su actividad fundamental se centra en la cultura y la recreación, tratando de mantener vivas la historia y tradiciones de Cantabria.

Una de las aspiraciones de los cántabros habaneros es obtener la compensación que el gobierno castrista debe por la incautación del inmueble que anteriormente tenía el Centro montañés de La Habana. Un magnífico edificio en el Paseo del Prado esquina con la calle Neptuno, que aunque no llegaba al tamaño y lujo de los centros asturiano y gallego era, desde luego, infinitamente superior al actual. El centro Asturiano ha conseguido recientemente que tras la incautación de su palacio-sede, convertido en museo estatal, les sea cedido un edificio de cuatro plantas en el Paseo del Prado, donde tienen servicio de restaurante, bar, salas para clases de danza y ensayos de una banda de gaiteros, biblioteca y salón de estar.

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