Para los que resuelven el tema de la censura en Cuba diciendo que después de todo en todas partes hay censura Tania Bruguera da una clase magistral de lo que significa ser censurado en Cuba

 

Publicado por Enrique del Risco en Fecebook

“[…] en otros lugares se censura, sí, pero el artista tiene derecho a rebatir esa censura de manera pública (a veces incluso en la misma institución que le censuró) y cómo eso se convierte en un debate público y no una mordaza que se le pone a todos para evitar que se hable del caso. […] la obra censurada encuentra otras instituciones donde ser exhibida en la misma ciudad y a veces inmediatamente, porque existe una solidaridad gremial; porque todo el mundo sabe que cuando se acepta que una obra sea censurada, sin más, se está colaborando con el censor y se está perdiendo un terreno de libertad artística que afecta a todos.
[…]en otros países […] se limitan a censurar la obra, no te exponen en el museo y ahí queda. En Cuba, por el contrario, la censura se ejerce con todo el peso de un gobierno, se usan todas sus instituciones, se extiende a todos los aspectos de la vida de una persona. La censura le da el derecho a la policía política de ir hasta el lugar donde trabajas; de contactar a tus amigos para aclararles que el impacto de la censura puede involucrarlos a ellos también si la cuestionan; para aclararle a todos que ya no eres confiable y por lo tanto este es el empezar de un paso por el purgatorio que no se sabe cuánto durará ni qué otras consecuencias tenga, ni a quién va a arrastrar con él; les da derecho a incidir en tu círculo familiar para desestabilizarlo; a decir cosas tan graves como que eres parte de la CIA o de la Seguridad del Estado según a quien quieren asustar para que no te defienda más. La censura en Cuba es vengativa, rencorosa, arrogante y es una manera de estar en una celda de castigo.

La censura en Cuba es aplastante y no te deja opciones. Ha hecho que más de un artista se vaya del país, que más de un artista haya dejado de hacer arte; que no tengamos acceso a la literatura, al arte y el cine que consideren los censores subversivo, por tanto buscar y consumir ese arte es como un acto ilegal. La censura en Cuba si no te destruye te convierte en mal artista porque de pronto tus propuestas estéticas son malas: no es lo que dices, sino como lo dices o cuándo lo dices. Cómo si diciéndolo de otra manera o en otro momento te dejaran decirlo.

La censura en Cuba es internacionalista, llega hasta los lugares donde te defienden otros, en otros países. Llega, en la persona de un funcionario de la embajada cubana, a las universidades donde un profesor que te ha defendido enseña; llega en la voz de un funcionario de una agencia de viajes que te aclara que si no quieres tener problema durante tu viaje no contactes al censurado; llega con una invitación a exponer en La Bienal o en el Museo Nacional a quien está en desacuerdo con la censura ejercida con la esperanza de poderlo callar a cambio de un impulso a su carrera; llega con el descrédito y los rumores sobre el censurado a todas partes para crear así un estado de opinión que desacredite los argumentos en contra de la censura y hagan deleznable por siempre al censurado. No creo que ningún museo, ninguna editorial, ninguna sala de conciertos, ninguna cinemateca en el mundo tenga los recursos para hacer este tipo de censura, ni tampoco creo que les interese ensañarse en la persona de esa manera. Me gustaría un día, por curiosidad, saber el presupuesto que se ha gastado en Cuba para la producción y ejecución de la censura”

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