La conquista británica de España (quinta parte)

Paralelamente ya comenzaban en América las actividades “culturales”, donde recalaron diversos personajes relacionados con la masonería. Al respecto, Pedro Pérez Muñoz señala que “entre los emisarios que vinieron a la América fue uno un tal Munsiur los Ríos, francés de nación y de profesión médico. Llegó éste a Cartagena de Indias el año 91 y desde luego fue preso por el Tribunal de la Inquisición, por las opiniones erróneas y seductoras que vino sembrando. Puesto en libertad siguió viaje a Santa Fé donde formó escuela y sus discípulos principales fueron Nariño, Cea, Cabal y otros que pasaron a España en partida de registro el año 93; llegaron a la península y fueron puestos en libertad y aún premiados porque ya encontraron en la corte jacobinos protectores y más en la piedad falsa y carácter blando y compasivo del gobierno. El marqués de Selva Alegre, Don Juan Pío Montúfar hizo viaje desde Quito a Santa Fé en unión de los Espejos para alistarse en la cofradía francmasónica y regresados a su patria fraguaron el año 93 los pasquines y plan de rebelión.”

Francisco de Paula Santander

Y es que las actividades de las logias eran cada vez más intensas, extremo que queda reflejado en los archivos de la Inquisición. Basándose en ellos, Mario A Pozas afirma que “es posible confirmar que autores como Juan Jacobo Rousseau, el abate Pradt, el Barón de Montesquieu, Voltaire, Paine, Hume y Jeremías Benthan, eran leídos y conocidos en la región, a la vez que doctrinas tales como las del pacto social, la soberanía popular, la división de poderes, los derechos naturales, el poder constituyente y la teoría de la representatividad estaban difundidas entre los intelectuales y políticos de la época pre-independentista.”

En concreto Simón Bolívar se mostraría ferviente seguidor de las doctrinas de todos ellos, aspecto que deja reflejado en sus escritos, entre los que es destacable el siguiente juicio, por lo que lleva implícito:

“Vea Ud. Lo que dice De Pradt de la aristocracia en general, pues la británica está multiplicada por mil, pues se halla compuesta de cuantos elementos dominan y rigen al mundo: valor, riqueza, ciencia y virtudes; éstas son las reinas del universo y a ellas debemos ligarnos o perecer.”

Estos valores serían perennes en los libertadores, siendo que, como señala Luis Corsi Otalora, “durante el ensueño del Congreso de Panamá culminaría esta visión: ‘El carácter británico y sus costumbres las tomarían los americanos por objetos formales de su existencia futura’.”

Ya en 1781, Antonio Espejo se significaba como elemento subversivo, lo que le ocasionó conflictos jurídicos que lo retuvieron en Santa Fe de Bogotá. Señala Germán Rodas Chaves que “Llegó a Santafé de Bogota en 1789. Permaneció en dicha ciudad hasta 1790. Durante ese tiempo desarrolló una fructífera relación con Antonio Nariño quien le invitó a participar de las tertulias del núcleo denominado El Arcano Sublime de la Filantropía, a cuyo interior la aprehensión de las ideas de la Ilustración y la reflexión colectiva sobre tal marco ideológico favorecieron el compromiso de los dos patriotas con las causas de la independencia en sus países.”

Y en 1793, Antonio Nariño traducía los principios de la Revolución Francesa. Acusado de desfalco realizado desde el puesto que ocupaba en la administración como tesorero de los diezmos, fue juzgado y Camilo Torres se negó a ser su defensor. Condenado a embargo y exilio, consiguió escabullirse, con ayuda de los hermanos masones, a su llegada a Cádiz, desde donde partió a París y a Londres. En proceso paralelo fue también condenado Francisco Antonio Zea.

Pero su ostracismo, el de Zea y el de Nariño, duraría poco gracias a la acción benéfica de los jacobinos. Así, Emilio Ocampo nos dice que Zea “fue liberado en 1798 y luego de una estadía de varios años en Francia, a partir de 1803 se estableció en Madrid. Al producirse la invasión napoleónica se convirtió en entusiasta partidario de José Bonaparte y fue nombrado prefecto de Málaga” , mientras Nariño logró escapar, también por los mismos métodos, y regresó a Colombia en 1797, donde colaboró con los británicos.

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