La Conquista británica de España – Fin

Juan Bautista Alberdi preparó a la Argentina para la exterminación de sus indígenas. Cesáreao Jarabo Jordán te lo explica en su última entrega

No repasamos las vidas paralelas de todos los próceres, pero para terminar, podemos continuar con alguno de los que les siguieron inmediatamente los pasos

Y en esta España americana, en 1852, Juan Bautista Alberdi, autor intelectual de la constitución argentina de 1853 (otro masón “patriota” que prefirió vivir en Francia) publicaba la primera edición de Bases y Puntos de Partida para la Organización de la República Argentina, con perlas como la que sigue:

“Con tres millones de indígenas, cristianos y católicos, no realizaréis la República ciertamente. No la realizaréis tampoco con cuatro millones de españoles peninsulares porque el español puro es incapaz de realizarla allá o acá. Si hemos de componer nuestra población para el sistema de gobierno; si ha de sernos más posible hacer la población para el sistema proclamado, que el sistema para la población, es necesario fomentar en nuestro suelo la población anglosajona. Ella está identificada al vapor, al comercio, a la libertad, y nos será imposible radicar estas cosas entre nosotros sin la cooperación activa de esta raza de progreso y de civilización”.

Y seguía diciendo:

“La libertad es una máquina que como el vapor requiere maquinistas ingleses de origen. Sin la cooperación de esa raza es imposible aclimatar la libertad en parte alguna de la tierra.” Y seguía afirmando: “Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses… En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?… ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés”

Su adscripción al modelo racista británico afirmaba: “Haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de muestras masas populares por todas las transformaciones del mejor sistema de educación: en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente.”

Y menospreciando la realidad cultural que a lo largo de los siglos había marcado la Hispanidad como centro de la cultura que en las mismas ciudades americanas hoy pervive en el urbanismo hispánico y en las 20 universidades dispersas por toda la geografía americana, afirmaba que“En Chiloé y en el Paraguay saben leer todos los hombres del pueblo y, sin embargo, son incultos y selváticos al lado de un obrero inglés o francés que muchas veces no conoce ni la o.”

Evidentemente prefería la situación de Inglaterra, donde la asistencia en las escuelas de día habían alcanzado a una persona de cada 8,36 del total de la población en 1851, y la de Estados Unidos, que, como señala Dulce María Granja Castro,

“para 1776, año de la independencia de las 13 colonias norteamericanas, éstas sólo habían fundado nueve colegios, ninguno de los cuales era una verdadera universidad; para esa fecha, la Universidad de México, después de haber funcionado sin interrupción durante 225 años, ya había otorgado más de 1200 grados de doctorado y maestría, y 30.000 grados de licenciatura.”

De una Inglaterra que, sin embargo, y en boca de Daniel O’Leary, se atrevía a proclamar que “fué especial cuidado de la política española, no sólo mantener á los americanos en la ignorancia, sino aumentarla poniendo trabas á la inteligencia y perpetuándola por medio de la superstición.” La verdad es que todo hace indicar que ese aserto el radicalmente cierto, pero aplicado a la España de 2015, cuando se halla dominada por el espíritu británico.

La venta, que ya se había formalizado cuarenta años antes, era manifiestamente apoyada por los nuevos siervos: ‘‘Proteged empresas particulares (fiscales ¡jamás!) para la construcción de ferrocarriles. Colmadlas de ventajas, de privilegios, de todo favor imaginable sin deteneros en medios. Preferid este expediente a cualquier otro … Entregad todo a los capitales extranjeros. Dejad que los tesoros de fuera como los hombres, se domicilien en nuestro suelo. Rodead de inmunidades y de privilegios el tesoro extranjero para que se naturalice entre nosotros.” Un ministro británico no lo hubiese formulado mejor.

Las Bases de Alberdi para el desarrollo constitucional son esclarecedoras. Había que calmar los ánimos de un pueblo que era expoliado; por ello marcaba que :

“Ante los reclamos europeos por inobservancia de los tratados que firméis, no corráis a la espada ni gritéis: ¡Conquista! No va bien tanta susceptibilidad a pueblos nuevos, que para prosperar necesitan de todo el mundo. Cada edad tiene su honor peculiar. Comprendamos el que nos corresponde. Mirémonos mucho antes de desnudar la espada; no porque seamos débiles, sino porque nuestra inexperiencia y desorden normales nos dan la presunción de culpabilidad ante el mundo de nuestros caminos externos; y sobre todo porque la paz nos vale el doble que la gloria.”

Mientras, la usurpación de Malvinas ya era un hecho consumado…

Hispanista revivido.