La conquista británica de España, XX

“Todos los comandantes de la escuadra Sanmartiniana eran súbditos Ingleses”

Lo dice Juan Bautista Sejean que “no deberíamos ser nosotros los satisfechos, los gratificados, los orgullosos por la campaña de San Martín en Sudamérica, sino los ingleses. No es casual que, al regresar a Londres en 1824, lord Duff lo haya homenajeado como a un compatriota que vuelve victorioso a casa, y de eso se trataba porque su labor militar y política sirvió al engrandecimiento del imperio, mejor dicho, del emporio de su majestad.”

Pero la intervención británica era total y en todos los ámbitos, y los “próceres” actuaban al dictado del Foreing Office, como dejó plasmado San Martín en su campaña de los Andes; en ese orden, y según señala Emilio Ocampo, el 25 de mayo de 1817, el cónsul Staples “informaba al Foreign Office que San Martín lo había ido a ver para hablar de sus operaciones militares en Chile y “sus perspectivas en Perú” y para pedirle dos cosas: primero, “que el gobierno inglés le informara, de una manera privada, el curso de acción a seguir que mereciera su aprobación,” y segundo, que se le indicara una persona con la que pudiera consultar privadamente de manera tal de “dar el giro necesario a los asuntos de Chile para conseguir el objetivo propuesto.”

El 28 de julio de 1821, un Cabildo abierto proclama la Independencia del Perú y nombra a José de San Martín su protector, y el 26 de Julio de 1822 San Martín se entrevistó con Bolívar para reclamarle Guayaquil y pedirle refuerzos militares. Lo que en principio era un éxito para San Martín, que desde el 29 de Agosto de 1821 estaba intentando reunirse con Bolívar, acabó siendo la única reunión que tuvieron y ha estado rodeada de misterio. Nunca se supo exactamente qué hablaron ni tampoco la postura que cada uno habría adoptado. Por lo que se trasluce de la carta de San Martín , era que Bolívar quería tener el campo libre en Perú y no admitía la posición que había alcanzado San Martín.

Pero según Carlos Goedder, “el problema en cuestión era Guayaquil. Este puerto marítimo y su provincia se habían independizado de España el 28 de julio de 1821. Sus ciudadanos tenían tres tendencias políticas en su seno: proclamarse ciudad soberana (una suerte de ciudad-Estado), anexionarse a la Gran Colombia presidida por Bolívar o bien unirse al Perú cuya liberación era conducida por San Martín.” Parece que la entrevista no fue todo lo cordial que podía esperarse, decidiendo San Martín retirarse dejando paso libre a Bolívar, tras lo cual, al siguiente día, se retiró primero a Mendoza y, en 1824, a Inglaterra, su patria de adopción, a la que tan fielmente sirvió.

El secretismo que cubrió la conferencia de Guayaquil lleva dos siglos levantando polémica, pero todo hace indicar que el asunto es lo suficientemente sencillo: Jorge Luis Castro Olivas señala que “desde hace décadas, la masonería sostiene insistentemente que la Conferencia de Guayaquil fue una ‘tenida’ masónica, donde dialogaron ‘dos hermanos sobre objetivos ya impuestos por la masonería’.” El secretismo del asunto nos hace suponer que efectivamente ese fue el centro de la reunión, a lo que San Martín tuvo que ceder dado el mayor grado que ostentaba Bolívar.

Tras la “tenida”, y tras pasar por Buenos Aires, San Martín marcharía a Europa para no volver nunca más a América. No obstante, antes de dar este paso, desde su puesto de “protector de Perú”, tuvo una misión principal: buscar emperador. Los candidatos: Leopoldo, príncipe de Sajonia y protector de la masonería, y el duque de Sussex, Gran Maestre de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

No eran todos los candidatos, pues según Emilio Ocampo, el plan de San Martín era que “los Borbones de Francia podrían coronar a uno de sus príncipes en Buenos Aires, e Inglaterra, por quien San Martín tenía especial simpatía, tendría el bocado más apetecible, ya que un príncipe de la familia real inglesa podría ser coronado en Santiago o en Lima. Como incentivo adicional, San Martín ofrecía al gobierno inglés ventajas comerciales y la posesión de la isla de Chiloé y el puerto de Valdivia, para que sirviera de base en el Pacífico para la Royal Navy.”

Hispanista revivido.