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La crisis de una humanidad hiperconectada

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La principal señal de alarma se da cuando alguien prefiere vivir en la virtualidad que experimentar el mundo en que vivimos.

Pedro Colmenares, pedro@colmenares.biz

Seguramente si usted se fija alrededor suyo (donde quiera que sea su ubicación) encontrará gente observando la pantalla del celular mientras se ríe y digita algo con los pulgares. Incluso es posible que sea usted el que esté chateando, mientras lee está nota en su smartphone .

Vivimos un momento de ‘hiperconectividad’ que, si bien nos ha liberado de las oficinas físicas, puede terminar atándonos a las pantallas de nuestros dispositivos. Ya en varios países se ofrece terapia para los ‘adictos a la internet’ -que yo llamaría más ‘adictos a la conectividad’-.

Conozco personas que no pueden comerse un helado sin tener que ponerlo en Instagram o pensar alguna frase sin tener que enviarla por Twitter. El asunto se complica cuando nos acercanos a la delgada línea entre ‘querer’ estar conectado a ‘tener’ que estar conectado.

Personalmente, paso mucho tiempo atendiendo a este mundo digital. Por esta razón estoy permanentemente conectado. Sin embargo, después de haber conocido a personas realmente adictas, estoy más que seguro que me encuentro a salvo.

La principal señal de alarma se da cuando alguien prefiere vivir en la virtualidad que experimentar el mundo en que vivimos. Conozco muchachos cuyos amigos son ‘nicks’ de videojuego, que solo se hablan y comunican cuando están en línea. Si bien es cierto que la virtualidad es otro lugar donde podemos interactuar, no es sano que sea ‘el único lugar’ donde lo hagamos.

No se trata de solamente una cuestión de ‘muchachos’. He sido testigo de como también en el ámbito laboral se ha perdido la capacidad de generar relaciones de valor que involucren el intercambio ‘cara a cara’. Si bien recurrir a los medios electrónicas puede ahorrar tiempo y ser más cómodo, es innegable que los seres humanos necesitamos contacto. La comunicación integra muchos componentes que son no verbales y que ocurren cuando estamos en frente de los demás.

También es cierto que las relaciones personales han cambiado mucho. El hecho de tener la capacitad de poder compartir fotos, música y mensajes con nuestra pareja facilita el mantenerse conectados en medio de un mundo sumamente acelerado. La comunicación digital no es mala ni buena. Todo poder depende de cómo se use. Trabajemos para humanizar a la virtualidad.

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