El régimen que ha fusilado a más de 10.000 opositores, y ha creado las condiciones para que más de 70.000 de sus ciudadanos se lancen a la muerte en Estrecho de la Florida, infestado de tiburones

 

El mito de la revolución cubana como proveedora de alimentación, sanidad y educación de calidad para sus habitantes, no se sostiene. Basta con pasear por la Cuba la real, la que no visitan los turistas ni los dirigentes invitados por el gobierno de los Castro, para ver que el estado de decrepitud imparable de las antaño bellísimas ciudades como La Habana, Matanzas o Santiago de Cuba, no es más que el reflejo arquitectónico de la miseria humana que padecen los cubanos. Con unos sueldos que oscilan entre los 15 y los 20 pesos cubanos convertibles (CUC, casi a la par con el dólar estadounidense), la mayoría de los habaneros solo se pueden permitir una comida al día, que desde hace décadas es el consabido arroz con frijol negro, y algo de pollo o cerdo, cuando lo hay. El litro de leche -de venta ilegal pero tolerada- a 2,65, o el pollo entero a más de 4 CUC, está simplemente fuera del alcance de los sufridos habitantes de la isla. Cuba, además, importa hasta el 80% de los alimentos que consume, incluido el azúcar y el café para mayor vergüenza del régimen.

En una hora de sexo por dinero, un cubano puede obtener el equivalente a cuatro meses de su sueldo

Por consiguiente, el cubano se ve obligado a resolver, lo que se traduce en la sustracción y consecuente venta en el mercado negro de los bienes del Estado (el mayor depredador de todos), o en la rampante prostitución que domina las noches de los centros turísticos, ejercida por miles de profesionales egresadas de los centros educativos cubanos cuya única salida es el vender su cuerpo a cambio de unos dólares. En una hora de sexo por dinero, pueden obtener hasta el equivalente a tres o cuatro meses de su sueldo mensual. La sanidad revolucionaria no resiste mejor el paso del tiempo, con unos hospitales faltos de los equipos médicos más básicos (en las consultas rurales se dan casos de transfusiones de sangre hechas con latas de refresco) y el rebrote del dengue y el cólera, que había sido erradicado de la isla en 1882.

Tampoco parece importar a algunas de sus señorías, alcaldes y concejales en España, la violación sistemática de los Derechos Humanos de un régimen que ha fusilado a más de 10.000 opositores, y ha creado las condiciones para que más de 70.000 de sus ciudadanos se lancen a la yuma en un bote para tratar de salvar el Estrecho de la Florida, infestado de tiburones. Derechos fundamentales sobre los que se asienta cualquier régimen que se reclame democrático, como los de expresión, información, reunión o asociación, no existen en Cuba, donde la disidencia sigue pagando con cárcel su disconformidad con la dictadura, y todos los medios de comunicación pertenecen al Estado.

El objetivo comunista de crear un hombre nuevo no es más que la negación de la naturaleza humana

La reciente relajación que ha permitido a los opositores Yoani Sánchez o Guillermo Fariñas salir de la isla para narrar los horrores del régimen no es más que un gesto del gobierno de los Castro, pretendiendo que las cosas están cambiando, para que todo siga igual. El sistema jurídico mantiene la figura de la condena por “convicción moral”, a falta de pruebas concluyentes, y en 2003 fue capaz de fusilar a tres muchachos cuyo único delito fue secuestrar un barco de manera incruenta para huir de la isla. La lista de desmanes y abusos de la dictadura de los Castro es interminable.

Los males inherentes al proyecto revolucionario, la violación sistemática de derechos colectivos e individuales, y la degradación irrefrenable del entorno material y social de la isla, han hecho del cubano un pueblo abatido por la certeza de saberse atrapados en un sistema que les impide la realización de los sueños y proyectos legítimos e inherentes en cualquier persona. El objetivo de crear al hombre nuevo de cualquier régimen comunista, no es más que la negación de la naturaleza humana.

El espectáculo de ver a parte de nuestros políticos solidarizarse con la dictadura de los Castro, ignorando los padecimientos de un pueblo verdaderamente hermano como es el cubano, es una de las manifestaciones más insufribles de la crisis de valores y de la carencia del sentido histórico de España que caracteriza a buena parte de nuestros políticos. La dignidad de los oprimidos, que Irene Montero cree ver en la dictadura cubana, llegará a la isla el día en que el régimen de los Castro deje de ser el amo y señor de las vidas de los cubanos.

*** Fernando Javier Padilla Angulo es historiador, máster en Relaciones Internacionales

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