Por: R. Muñoz.
El reino de España boquea agónico, el galeón de la identidad hispana hace aguas, destrozado el maderamen en las escolleras de la izquierda más radical, pero lo que le hace realmente vulnerable es la ostensible pérdida de identidad nacional y orgullo cervantino.
Justo es reconocer que los antaño enemigos del oriente, los emporios islámicos más radicales como Irán, han hecho bien su trabajo sembrando de mezquitas el territorio español, además de subvencionar de forma encubierta el ala comunista de la política, desestabilizando a golpe de billete el ambiente gubernamental. Si a esto le añadimos la influencia de la “nueva” Rusia, que prosigue bajo el mando del antiguo Politburó y la KGB, el futuro es poco prometedor.
La antigua Hispania parece ceder ante el empuje de una democracia liderada por ineptos y corruptos, que a costa de mantenerse en la dirección del país, ceden de manera habitual un terreno cada vez más amplio a los sacerdotes de la hoz y el martillo.
Sin embargo, lo más peligroso es la pérdida de la identidad frente a lo políticamente correcto preconizado por un socialismo senil con visos marxistas. Un país de fuerte tradición católica, retira toda señal religiosa cristiana, mientras subvenciona la invasión islámica. Al día de hoy, parte de la población siente complejos de su condición hispana y prefiere contemplar pasivamente la destrucción de sus valores como país, antes que levantar la voz por defender las tradiciones de sus ancestros.
En algunos casos, es literalmente enfermizo, diría que rayano en la imbecilidad como el padre de un niño masacrado en el salvaje atentado terrorista en Barcelona, que abrazaba al otro día al imán de una mezquita mientras era exaltado por la prensa nacional o como en días recientes, que la madre del niño brutalmente asesinado por su madrastra dominicana, decía que su hijo había ganado, mientras también era aplaudida rabiosamente por los acomplejados nacionales. ¿Es qué se ha perdido el raciocinio? ¿Qué ganó este niño? ¿Acaso es una victoria su vida truncada y que su cuerpecito deshecho, descanse hoy en el camposanto? Están enfermos, literalmente anémicos de identidad nacional.
Por estos días, tras el enaltecimiento a la violencia injustificada de la izquierda nacional más radical y basados en una noticia falsa, bandas de cuatreros senegaleses (los llamo como les corresponde), se dedicaron durante varias jornadas a destrozar la propiedad pública y privada en Madrid.
Mientras España intente sustituir su natalidad decreciente con la entrada de emigrantes sin profesión, muchos de ellos pertenecientes al crimen organizado, tráfico de drogas y delitos económicos, el problema irá creciendo y gracias al manejo político del impuesto de todos, que entregan nuestro dinero por votos, a costa del bienestar de su país al que están obligados a defender.
Es hora de decir basta y golpear en las urnas a los políticos incapaces de garantizar la paz de los españoles.
Tengo fe en España, tanto como aquella frase genial de von Bismarck, de que España era tan grande, que ni siquiera sus políticos habían podido destruirla.

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