La generación Castro II al asalto del poder

Durante las reuniones preparatorias para la cita parlamentaria de este fin de semana, se observó la presencia del primogénito, Fidel Castro Díaz-Balart, en numerosas comisiones de trabajo

 

  • Más cercano al actual mandatario que de su padre que nunca le hizo caso, Díaz Balart recibió un premio Honoris causa en 2012

Texto de Café fuerte

¿Cómo fué realmente su vida como hijo de Fidel Castro?

José Raúl (nombre que usó durante su estancia en la Unión Soviética) o Fidelito -como prefieran llamarle- regresó a Cuba con el triunfo de la revolución liderada por su padre en 1959. Hay varias versiones sobre este regreso, una de ellas, la que más he oido, es que Fidel Castro lo llevó a la isla y nunca más lo regresó al lado de su madre, Mirtha Díaz-Balart. Si hubo o no reclamaciones por parte de Mirtha no lo sé, pero lo cierto es que Fidelito se quedó en Cuba. Pero quedarse en Cuba no significa específicamente que en estos años estuvo al lado de su padre, ni que recibió el calor y cariño paternal.

José Raúl convivió más con su tío Raúl Castro que con su propio padre.

Conocí de esta historia cuando Fidel Castro Díaz-Balart ya vivía en el complejo habitacional de la Calle 26 en el barrio de Nuevo Vedado, lugar de residencia de la familia Castro-Espín, sus tíos y primos. Durante muchos años un oficial de la Seguridad Personal de apellido Fulleda era el encargado de atender todas las necesidades del adolescente, incluso en su etapa de estudiante que regresaba a Cuba en periodos vacacionales.

La realidad es que Fidel Castro no se ocupaba de nada de lo relacionado con su hijo, raramente lo veia o conversaba con él, y esos contactos se hicieron aún más esporádicos en la medida en que fueron apareciendo otros hijos de la prole con su actual esposa, Dalia Soto del Valle.

Malas relaciones con la camarada Dalia

A decir verdad, las relaciones de Dalia y Fidelito eran inexistentes. Dalia se portaba como una loba protegiendo a su manada, celosa con la prioridad para sus cinco hijos, que no tenían contacto con Fidelito ni con Jorge Angel Castro Laborde, otro de los descedientes concebidos por Fidel Castro fuera de matrimonio. Los celos maternales de Dalia llegaban incluso a limitar el intercambio de sus hijos con los de Raúl Castro; recuerdo que el Alejandro de Dalia y Fidel vino a conocer a su primo Alejandro, el único varón de Raúl Castro y Vilmma Espín, cuando era ya un adolescente.

José Raúl se crió sin el calor de una madre, que se radicó en Madrid desde 1959, y sin la atención que Castro debió darle como padre. De esa manera, Fulleda, el oficial a cargo, llenaba en cierto modo ese vacío afectivo.

Fidelito comenzó sus estudios superiores en la antigua Unión Soviética en la Universidad Lomonosov. El paseo por la villa universitaria, bordeada de manzanos, debió impresionarle y tal vez forme parte de sus recuerdos imborrables de esa época. El gobierno cubano asignó entonces uno de los funcionarios de su embajada en Moscú para que lo atendiera y se ocupara personalmente de las necesidades de Fidelito, mientras que oficiales de la KGB supervisaban su seguridad. El primogénito residía en un apartamento en la capital moscovita y tenía todas las condiciones de confort para su disfrute.

Cuando terminó sus estudios universitarios, regresó a La Habana y tiempo después se creó el Instituto de Energía Nuclear, “la Nuclear”, como era conocida esa institución situada en la 5ta Avenida, en el barrio de Miramar. Para apoyar a Fidelito se creó por orden directa de José Abrantes, por entonces Viceministro del Interior cubano (MININT), un departamento especial para la seguridad, tanto de Fidelito como del recién creado instituto. Algunos de sus efectivos fueron sacados de la antigua Unidad de Tropas Especiales del  MININT; de esta forma también surgió un equipo de escoltas y autos que lo acompañaban a todos los lugares.

Escolta de gatillo alegre

En 1985, un nuevo escolta asignado a Fidelito por la Seguridad del Estado fue objeto de un incidente sangriento en Nicaragua. El militar sostuvo una discusión en un bar de Managua con un hombre que lanzaba críticas contra Fidel Castro y el altercado terminó con tres balazos y la muerte del hombre. El escolta fue llevado de regreso a Cuba y suspendido en sus funciones, aunque Fidelito fue a visitarlo en prueba de solidaridad con su protector.

Aún estando alejado afectivamente de su padre, Fidelito trataba de imitarlo en todo lo posible. Se dejó crecer la barba, tenía autos marca Alfa Romeo como los había tenido el dictador y llegó al punto de tener trajes, vestimenta y refrigerios en los baúles de los vehículos, en el mejor estilo de Fidel Castro.

Estas deferencias ofrecidas al joven Castro levantaron una ola de comentarios adversos dentro de la cúpula gubrenamental, ya que Fidelito no tenía ni el rango ni el cargo para contar con tanta ostentación de poder. Pero lo que realmente causó una debacle en su carrera fue el hecho de que el estado financiero de ¨la Nuclear¨era cada vez más desastroso, y sus gastos personales en viajes y vacaciones resultaban extraordinarios, al punto que llegaron a competir con los gastos administrativos de la institución que dirigía.

Fidelito había copiado tanto y tan bien a su padre que, sin ser un alto funcionario del gobierno, malversaba y despilfarraba tanto recursos como su progenitor.

Aprendiendo la lección

Sin embargo, esas prebendas de poder sólo están reservadas en Cuba para el propio Fidel Castro y su hermano Raúl. Los demás, sean quien sean, tienen que estar y mostrarse muy por debajo de este estándar de vida. Y así fue que sobrevino el descalabro de Fidelito al frente del desarrollo de la energía nuclear en la isla.

Aunque no ha sido eliminado del todo, pues aún le quedan los cargos de principal dirigente de la Comisión Nuclear en el Parlamento cubano y asesor del Consejo de Estado para asuntos nucleares, nunca más ha tenido en sus manos tantos recursos como los que tuvo a sus pies en los años 80 y comienzos de los 90. Otra persona en su lugar hubiera ido a prisión como chivo expiatorio para esconder la corrupción en los máximos niveles del poder, pero su condición de hijo de Fidel Castro lo salvó del mal rato.

Imagino que Fidelito ha aprendido bien la lección y esté dedicado a recoger las migajas que le den su padre y su tío, mientras atiende a su madre en las temporadas que pasa, cada vez con más frecuencia, en La Habana. A los 62 años es mejor recordar el splendor de los manzanos de la Universidad Lomonosov que intentar posesionarse de lo que su padre, su tío –y también sus mediohermanos y primos- creen que les pertenece por derecho propio.

*Juan Reynaldo Sánchez fue escolta personal de Fidel Castro entre 1968 y 1994, con grados de teniente coronel. Fue destituido y cumplió prisión en Cuba. Logró abandonar la isla en el 2008 y actualmente reside en Miami. Tiene en preparación un libro sobre su experiencia en la seguridad personal del gobernante cubano.

Hispanista revivido.