Primero, por no irnos muy atrás, nos llega fumando cigarrillos nacionales de tabacalera, con el mejor sabor que tenían los de contrabando, el llamado comunista Santiago Carrillo; y como en España, hasta ahora mismo, siempre se asusta el personal mucho más con un roto que con un descosido, el citado dirigente comunista español conduce el asunto de la transición de tal manera que, a poco, no se le pone, a los que financiaron el golpe de estado del treinta y seis, a los que disfrutaron y se regodearon con él, uno por uno, una medalla, en vez de espatarrarse la izquierda española, que es lo mismo que decir los perdedores de la rebelión milico-clerical, y todos aquellos que tenían sangre en las manos, que fueran juzgados por un tribunal competente y condenados.

La blandura de la ley que decían los de izquierdas que se aceptaba para evitar males mayores, es el mismo razonamiento que nos hace el ex-presidente, solo ex en la presidencia del gobierno, Felipe Gonzales cuando estima que ser cortijero y disponer de una finca grande; ser un terrateniente tiene sus calentamientos de cabeza; y, como nos quiere mucho a los españoles y es un padre patrio, Felipe está haciendo todo lo que está en sus manos, y en sus manos hay mucha basura del poder, para que la pobreza y la miseria campee a más, para mayor felicidad de los españoles.

España, si entramos a considerar su crónica escrita, su historia, es una sucesión sucesiva de gente conservadora de privilegios, involucionistas, todos equivocados en mayoría en el siglo que han nacido, porque de siempre les ha dado vértigo y un miedo especial, con su clero a la cabeza, de que la gente pueda comer tres veces en el día y ser felices y ricos en cultura. Y la lucha verdadera que siempre está viva y latente en España de cardenal a monaguillo, de rey a paje, es que ya vendrán otros que arregle el desaguisado, porque ellos, nuestros mandos, lo habitual es que ellos repriman cualquier atisbo de cambio hacia bien.

Hablar del mundo sindical español, es mencionar un sinsentido actual, que si no fuera por lo trágico que representa, lo mismo que se está obligando a que de la calles desaparezcan los nombres de los que triunfaron, y muchos disfrutaron, con la rebelión del treinta y seis del siglo pasado, nombres de sindicatos con un respeto que ya ni lo tienen ni se espera, sigan exhibiéndolo en el dintel y en las fachadas de sus elegantes instalaciones en la mayoría de los casos.

El dicho popular de que de un padre borracho no pueden salir los hijos aptos para soplar en un control policial de alcoholemia, vale como regla general con sus excepciones; pero un país, España, inmersa geográficamente en un contexto, Europa, donde en la mayoría de sus países pitan los árbitros los penaltis y aquí solo se discuten, es el campo propicio al que hemos llegado fruto que todos y cada uno de los líderes de la denominada izquierda española, solo saben, y lo saben hacer muy bien, traicionar a los que en un momento determinado ponen, o ponemos, en ellos todas las esperanzas.

En medio de una caída marrana y sucia en el precipicio de destruir lo poco que durante algunos años se logró forjar de estado moderno en el suelo español, aunque un franquismo profundo, un clero furibundo tenía un elevado nivel freático y aparecía en cuanto arañabas lo más mínimo, aquel soplo de aire reconfortante que significó para nosotros los que somos gente el movimiento social popular denominado el 15-M, fue visto como una tabla de salvación para dejar las cosas, por lo menos, como estaban, y en cuanto se pudiera, seguir a más; puesto que por historia ya sabemos que en España el ir a menos es cuestión de unos cuantos rosarios y un par de viacrucis.

Podemos, el movimiento político encargado de anular el 15-M, muy pronto dejó las calles y las casas españolas con más gente desengañada de Podemos, disidentes de Podemos, que aquellos otros que como mal menor intentaron, intentamos por activa y por pasiva, que alguna vez España pudiera disponer de un partido político que realmente no traicione lo que se ha venido llamando como izquierda: un país con una justicia que se La Justicia; un país laico, y que la sanidad, la enseñanza, el transporte, la energía, y todos los servicios al servicio de los ciudadanos sean públicos. Y el político que no los sepa llevar, que actúe de inmediato la justicia, porque nada es utópico y lo que realmente llama la atención y se enmarca en la pura utopía es que España, a rebosar de necesitados, nunca haya estado gobernada bajo un criterio social de izquierdas.

Y siempre nos sobran líderes para jodernos.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

1 COMENTARIO

  1. MANO NUEVA
    Si mi mano
    no fuera tal mano,
    y fuera de metal
    una vieja
    herramienta,
    junto a mi hermano,
    el que tiene
    explotada
    la osamenta,
    estaría mi mano
    en su mano:
    una mano de verdad
    de hermano.
    No hay
    hospital
    ni botica
    donde guarden vendas
    para curar
    las heridas
    de los muchos
    numerosos
    que al nacer,
    nacen
    ajenos
    a los derechos
    de los que heredan
    la tierra.
    Y que se sepa
    nadie,
    ningún hombre
    por hombre
    es parido
    por madre alguna
    para que sea esclavo,
    mano con mano
    de la mano
    del maldito
    capital.
    Y si mi mano
    fuera otra mano
    o tuviese
    un botón donde
    apretar,
    le amanecería
    temprano
    a mi hermano
    que madrugó,
    y tarde,
    muy tarde,
    al que entre
    rosario
    y patria
    lo explotó.

Deja un comentario