La gran promesa por cumplir de la “Revolución”

Con medio millón de viviendas menos de las que necesita, Cuba recurre al alquiler. Pero ese mercado clandestino está lejos ser una solución para la gran “promesa por cumplir” de la Revolución

“De entrada, cuando anunciamos que estábamos esperando un hijo, nos sacaron de la casa donde vivíamos de alquiler porque al casero, con más miedo que dinero, le preocupaba no podernos sacar luego, asustado por una leyenda urbana sin sustento legal alguno que hace pensar que el bebé tendría derechos de convivencia sobre la casa”. Así reseñaba su experiencia como padre novel y arrendatario, Charly Morales, un periodista de provincia radicado en La Habana desde hace años.

Allí trabaja para la agencia noticiosa Prensa Latina, la principal del país, y colabora con diversos medios alternativos, uno de los cuales -‘El Toque’- publicó hace varias semanas una crónica protagonizada por él, su esposa y su hijo de dos años, quienes en ese tiempo han vivido en “seis municipios diferentes”.

Para ellos, como para la inmensa mayoría de las parejas jóvenes en Cuba, resulta una utopía tener casa propia. Se trata de un fenómeno que no se centra solo en la capital del país, aunque como es lógico, allí alcanza sus tintes más dramáticos. De acuerdo con corredores de viviendas y sitios digitales especializados en el tema, con menos de 5 000 dólares en mano no tiene sentido buscar techo propio en la urbe, salvo que se contemplen entre las posibilidades alguno de los derruidos solares del centro histórico o los numerosos barrios insalubres de la periferia, comúnmente conocidos como “llega y pon”.

Sigue en El confidencial

Hispanista revivido.