La historia al servicio del poder

“Preguntas a cualquiera en la calle y muy pocos pueden decirte algo de la etapa que va desde la llegada de Colón hasta la entrada de Fidel Castro en La Habana

 

Ernesto Pérez, Cubanet

[…] Para muchos, la historia de Cuba es lo que pasó en los últimos 60 años, y restringiéndose solo a lo que aparece en el periódico Granma o, a lo sumo, en los libros de historia por los que obligan a estudiar en Cuba”, afirma Daniela de Armas, joven profesora e historiadora cubana actualmente radicada en México: “Dentro de Cuba la enseñanza de la historia se mezcla con la ideología en el poder y muchos conceptos como nación se falsean, se confunden, pero muy a propósito, para reducirlo todo a una consecuencia de lo diseñado por Fidel Castro, y él mismo como una consecuencia del pasado. […] Desde la perspectiva del gobierno, todo comienza y termina con la revolución, antes no había nada, solo caos; y llegó dios e hizo el mundo, esa es la idea que intentan transmitir, muy bíblica, nada novedosa, muy funcional para sus propósitos de ser el alfa y el omega de la nación cubana. Después de ellos, el diluvio. […] No creas, esa idea está latente en muchas personas, incluso fuera de Cuba, lo veo entre mis estudiantes, y es porque, hacia el exterior, se han usado los estudios históricos como propaganda de mercado”.

“Manipular la historia nacional para exaltar una figura política, es típico de los regímenes totalitarios”, nos explica un prestigioso investigador y profesor de Historia de la Universidad de La Habana que ha pedido no ser identificado: “No se trata de magnificar la nación sino de justificar la permanencia en el poder por la fuerza. Son un “mal necesario”. Todos los dictadores se creen imprescindibles para la nación e incluso agregan su figura al concepto y para eso promueven un proceso de deificación a través de las artes y la historia. La mejor poesía es la que canta loas sobre ellos y la mejor historia es la que sale de su boca o de sus acólitos. La historia, para ellos, nada tiene que ver con la verdad sino con la construcción de un paradigma para esas multitudes ansiosas de colocar su fe en algo. […] Dentro de Cuba, ligados a las instituciones oficiales, es muy difícil lanzarse a estudiar la historia de los últimos 60 años si no se tiene el visto bueno de quienes administran el gran relato. Al final, te encuentras que no investigas sino que reproduces un mito, lo alimentas, es decir, haces religión, te conviertes en guardián de un dogma. […] Han manejado todo bajo la idea del líder supremo como ser divino, más allá de lo mortal. La figura de Fidel es la del súper héroe que sobrevive a atentados, a enfermedades, que amenaza con vivir más que cualquiera, el iluminado que vaticina catástrofes y que a la vez conversa de tú a tú con tres Papas. El hombre que lo sabe todo y que lo observa todo desde la perspectiva del Olimpo y que alimenta el terror por todos los medios. Al final, te encuentras que, donde parece haber mucha historia escrita, no hay nada, un vacío cada vez más grande que nadie, dentro de Cuba, se atreve a llenar porque es propiedad privada”.

Si no me dicen que los van a evaluar, ni me tomo el trabajo de comprarlos, asegura Vanessa (foto del autor)

Al observar los anaqueles de nuestras librerías y bibliotecas, por el número de libros sobre la revolución cubana y sus dirigentes, pareciera que esa visión oficial de la historia de Cuba ocupara un lugar importante en las preferencias de los lectores en el país, sin embargo, en opinión de libreros, bibliotecarios y estudiantes son libros que ya apenas se venden o se leen en sala, a no ser que sean orientados como material de estudio por los profesores.

“Si no me dicen que los van a evaluar [en clase], ni me tomo el trabajo de comprarlos”, nos asegura Vanessa, una estudiante de Historia de la Universidad de La Habana: “Hay muchas divergencias entre lo que dicen los profesores en clase, a puerta cerrada y en voz bajita, y lo que uno lee en los libros [oficiales]. Si no tuviera un profesor que me diga dónde buscar y cuánto dudar, estaría perdida”.

“Hay períodos de la historia de Cuba que son como parcelas privadas. Todo lo que uno sabe de esas etapas proviene de la misma fuente, y no hay posibilidad de contrastar la información”, dice Pablo, estudiante universitario y vendedor de libros de uso en la Plaza de Armas: “No se vale contradecir o poner en duda otras visiones que son las aprobadas. La mayoría de los libros publicados en Cuba necesitan una lectura crítica, un proceso de criba para hallar la verdad entre líneas pero a veces ni así. El estudioso quiere saber la verdad, y no que lo sigan tupiendo. No es que la gente no quiera saber de la historia, es que para leerse un invento mejor compran una novela. Los libros de historia y de política son solo suvenires para turistas”.

Ernesto Ponce, historiador y bibliotecario independiente, nos da su visión del asunto: “Los libros que ofrecen datos y testimonios que fueron siempre rechazados por la historia oficial se convierten en verdaderos best seller dentro de Cuba. Últimamente han salido algunos, como el de los propietarios cubanos antes del 59, que están por esa línea de mostrar que hubo un pasado y que fuimos una nación entre las primeras de América. […] Ese libro no hubiera visto la luz en los años 70, ni siquiera en los 90. […] Los libros que nadie quiere son los de puro teque, hay otros que parecen de gran aceptación pero es que los medios le hacen mucha propaganda y parece que todo el mundo quiere leerlos pero ya el truquito no está funcionando y se empantanan en las librerías. […] La internet está haciendo que las personas se salgan del corralito y el gobierno muy pronto tendrá que bajar las armas ante esa marea de nuevos historiadores desafiantes, irreverentes, críticos que tendrán que reescribirlo todo para deshacer el maleficio”.

Nadie sabe si los cambios que pretenden transformar de manera radical la economía cubana terminarán por afectar el andamiaje sobre el cual se alza la nación cubana, para algunos, construido de materiales demasiado endebles como para resistir una puesta al día que demanda más de lo real que de lo mitológico. La investigación histórica, que en Cuba en ocasiones parece perderse en los márgenes de lo ficcional, pudiera dejar de ser un terreno resbaladizo, muy peligroso, para convertirse en elemento indispensable en la reconstrucción nacional.

Hispanista revivido.