La ‘independencia’ de Cuba nació torcida

El 30 de Abril de 1869, la Cámara de Representantes de la República Cubana, reunida en Guáimaro, acordó pedir al gobierno y al pueblo americanos la anexión de Cuba a los Estados Unidos.

El 30 de Abril de 1869, la Cámara de Representantes de la República Cubana, reunida en Guáimaro, acordó pedir al gobierno y al pueblo americanos la anexión de Cuba a los Estados Unidos, y, sancionado ese acuerdo por el Presidente Carlos Manuel de Céspedes, se envió para su ejecución al representante de Cuba en el extranjero.

Testigo presencial del acuerdo de la Asamblea, fue el ilustre Manuel Sanguily. Al documento acompañaron catorce mil firmas. Nunca se presentó, es verdad, al gobierno de Washington; pero como ha dicho el General Carlos García Vélez, fue un “grito de angustia” frente a los inicios “de una guerra civil entre cubanos.”

Nadie se atreverá a negar el patriotismo heroico, el noble amor a Cuba, de los revolucionarios de entonces. Entre los catorce mil firmantes de la petición anexionista, se encuentran nombres venerados por este pueblo y gloriosos en aquella trágica y sublime contienda.

Pero se equivocaron sin duda. Frente al horrible dilema de caer en la anarquía y la disolución o de rendirse humillados a las fuerzas españolas, volvieron la vista a los Estados Unidos, sacrificando la independencia a cambio de la libertad, mas ni el pueblo americano los hubiera oído, ni la anexión era entonces, como tampoco lo es ahora, la solución más aceptable para los Estados Unidos y para Cuba.

Pro patria, Lara, Justo de. Los dos protectorados. Habana: Impr. y Papelería de Rambla y Bouza, 1906.

Hispanista revivido.