La izquierda mala

La tumba de Karl Marx en Londres.

París, 17 de diciembre de 2015.

Querida Ofelia:

Como de costumbre, te envío este interesante artículo de nuestro gran amigo, el poeta disidente Yndamiro Restano. Me lo hizo llegar ayer desde Miami.

“La cuestión de la izquierda en esta nueva transformación mundial es tratar de sacudirse la carga de la izquierda marxista, que tanto daño le ha causado. Pues, la cosa va más allá de la filosofía marxista. A partir del marxismo-leninismo el propio pensamiento de Marx se convierte en una ideología de exclusión, que ve en el Otro, en el diferente, un enemigo. Obviamente, la gigantesca Revolución Digital o Comunicacional, que atraviesa el mundo de hoy, consiste, justamente, en lo contrario: pues, en esta nueva etapa global lo que busca el sujeto es comunicarse para autoconstruirse: comunicarse con el Otro para informar e informarse, para conocer y pensar, para entretenerse y disfrutar: La poderosa curiosidad digital repudia naturalmente el marxismo que se plantea como verdad absoluta.

Si recordamos los experimentos estalinistas del siglo XX y la simbiosis que se produce en ellos entre los Santones del liderazgo y la causa, comprobamos que el totalitarismo es el odio, el resentimiento, las bajas pasiones y toda la psicología del Santón: estructurada. Ya esto, por supuesto, va más allá de Marx. Recordemos la crítica que Marx realiza del caudillismo latinoamericano, que le llama bonapartismo. De cualquier manera, el marxismo-leninismo es hijo de Marx y este filósofo plantea, que hasta él la tarea de la filosofía había sido interpretar el mundo y de lo que se trataba era de transformarlo. Grave equivocación del pensador alemán: no se puede cambiar el mundo sin interpretarlo: esto es un exabrupto de Marx, que propicia la ausencia de racionalidad en una supuesta praxis revolucionaria que se va volviendo cada vez más ideológica, y por lo tanto más falsa y más destructiva. Todo proceso que pretenda cambiar racionalmente la realidad tiene que someter a una constante revisión crítica los resultados obtenidos en cada ciclo de su desarrollo. La personalidad autoritaria y los resentidos, se apropiaron de este exabrupto de Marx y declararon sospechosa la racionalidad y criminal y contrarrevolucionaria la crítica.

De cualquier manera, el proyecto marxista y específicamente marxista-leninista es destructivo porque intenta destruir la sociedad capitalista por medio de la violencia revolucionaria para entonces, de las cenizas de esta inmensa hoguera histórica, construir un mundo y un hombre nuevos. Los comunistas han decretado la muerte del capitalismo y de la clase burguesa y a partir de este decreto apocalíptico, todos los medios son validos para realizarlo. Sin embargo, irónicamente lo que feneció fue el comunismo porque nadie decretó su muerte sino que fue la vida la que le pasó por encima, espontáneamente, sin que nadie lo decretara. Al contrario, el comunismo se derrumbó ante los ojos atónitos de la humanidad. La vida de los seres humanos y de las naciones no se puede encarcelar con decretos y tesis intelectuales de carácter absoluto. Lo vemos ahora en Cuba, que quieren actualizar el sistema por decreto. Pues, no funciona. Hay que liberar la energía creadora de la vida. La vida no se puede planificar ni encerrar en esquemas ideológicos ni se puede engañar a la gente impunemente con ingenierías políticas. El ser humano es fundamentalmente libre y por eso nuestra especie es sagrada. Lo que nos diferencia del resto de las especies es que somos libres, que podemos construirnos más allá de los instintos, que podemos llegar a ser sujetos creadores y responsables si nos empeñamos en este proyecto personal que va más allá de los condicionamientos circunstanciales. Si no hubiera sido por la libertad no estaríamos hoy viviendo esta Revolución Informática. Porque no se trata de que uno se crea un hombre nuevo sino de abrir nuestras conciencias a lo universal: De crear un mundo cada vez más libre, más justo y más confortable, entre todos, sin excluir a nadie.

Primero la libertad: después la verdad; nos enseña la filosofía anglo-norteamericana. Y ahí están los resultados: El siglo XX no lo cambió ninguna de las hipótesis socialistas totalitarias : ni Mussolini ni Hitler ni Stalin; cambiaron el mundo en esencia. Estas locuras inundaron el mundo de sangre; pretendieron ahogar a la humanidad por medio del terror e hicieron saltar lágrimas de los ojos entristecidos de muchos de los mejores seres humanos, que no podían creer lo que estaban viviendo. Quienes cambiaron el siglo XX en esencia fueron Franklyn D. Roosevelt; Martin Luther King; Mahatma Gandhi; Nelson Mandela; Jimmy Carter; Juan Pablo II y muchos otros egregios defensores de la libertad.

Roosevelt reformó la sociedad Americana de su tiempo, sacó a los Estados Unidos de aquella imponente crisis económica y construyó un estado de bienestar que todavía perdura en los Estados Unidos. Carter, en la Conferencia de Helsinky, logró que se aprobara una Declaración relativa al respeto de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales. La ex Unión Soviética estuvo presente en la conferencia, pero obviamente, no garantizó los Derechos Civiles de los disidentes en Europa Oriental. Pero de ahí en adelante, ya el debate universal no fue más acerca de la etiqueta con la que se legitima el poder desde su nacimiento sino su récord en torno al tema de los Derechos Humanos.

La izquierda mala ha hecho mucho daño a las causas sociales en el mundo y aunque a estas alturas ya las mencionadas clasificaciones de izquierda y derecha no tienen una significación clara: Hay cosas que la izquierda racional puede mantener y una de ellas, es un estado de bienestar, que tenga como base la libertad. Un mundo diferente está naciendo y el pensamiento simple de la izquierda mala jamás lo podrá comprender. El diferente, el Otro; no es un enemigo; es un reto para la autoconstrucción, por parte del sujeto libre de prejuicios, de una mentalidad más compleja: El Diferente también soy yo”. Yndamiro Restano

Un gran abrazo desde la espléndida Ciudad Luz con cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

Hispanista revivido.