La Maleta. Cuarta parte de las aventuras y desventuras de Matilde en Cuba

París, 31 de agosto de 2016.

Querida Ofelia:

Recibí desde Miami la cuarta parte de las  aventuras y desventuras de nuestra querida amiga Matilde L. Álvarez. Te la envío pues sé que te va a agradar y para que la hagas circular entre nuestros amigos allá en San Cristóbal de La Habana.

“Conté en Aventuras y Desventuras #3,  que al vender nuestra vajilla, fue tan obvio el miedo que sentí por semanas, hasta entregarla, que la embajadora entendió el terror con el que vivíamos los cubanos que por desgracia teníamos que marcharnos al exilio para vivir en libertad. Por ello y pena conmigo quiso sacarme al extranjero una maleta mediana que contuviera cosas que queríamos salvar. Ella especificó que no podía ser a su país sino “al hermano país mejicano”.

No iba a hablar nada del contenido de la maleta pensando que eso era solo importante para nosotros y para más nadie, sin embargo, después me dije que quizás, ello le haría comprender a alguien más, el valor afectivo que cada cosa encerraba para nosotros y que de haberlas perdido era otro dolor más en nuestras vidas de exiliados.

¿Qué puse en la maleta? Mi traje de novia hecho por Bernabeu, el más famoso modisto de Cuba cuando nos casamos, regalo de mis padres  y que quería guardar por si teníamos una hija que lo usara. La Contaflex, una cámara fotográfica muy especial para Alberto pues con ella había sacado buenísimas fotos a través de muchos años. Las fundas y las sabanas de arriba de tres juegos de cama de hilo, que yo adoraba. Uno blanco con un diseño de bordados espectaculares que yo llamaba el “juego de novia”, uno rosado con incrustaciones de un encaje muy valioso de la familia y uno amarillo con unos bordados de margaritas preciosos que mi madre nos había regalado. ¿Para qué salvar estos juegos? Por una razón similar a la que tenía con mi traje de novia, por si teníamos hijos que tuvieran algo bello del pasado de sus padres.

Y lo último, pero confieso, por otras razones… nuestro completo juego de cubiertos de pura plata Reed Barton, diseño clásico “silver wheat”. ¿Por qué esto? En “Mi testimonio” expliqué que íbamos al exilio con los padres de Alberto que eran muy mayores y mi madre viuda. Necesitábamos tener algo de valor para vender si nos veíamos en un grave aprieto de dinero.

La maleta salió para Méjico a casa de E.R. una intima amiga de M.J, una casi hermana mía con la petición de que la  guardara hasta que nosotros saliéramos al exilio y pudiéramos pagar el costo de su envío a nuestras manos. Esos fueron los planes, pero Dios dispuso otra cosa.

Ya en Estados Unidos los cinco y al alquilar un dúplex para vivir, le mandamos a E.R. nuestra dirección con el ruego de que aguantara la maleta un poco más en su poder porque todavía no podíamos pagar por ella. ¡Pero E.R. nos dio una mala noticia!: se estaba divorciando y tenía que mandarnos la maleta inmediatamente. No teníamos más remedio que recibirla y pedir prestado a la familia el dinero para pagar lo que fuera necesario para recuperarla en el aeropuerto cuando llegara.

Cuando llegó nos avisaron de allí y fuimos a sacarla. Al llegar nos informaron que se le había roto la cremallera y que ¡solamente estaba amarrada por unas sogas! Para qué decir lo que sentí y pensé… tantos esfuerzos e ilusiones en vano, seguro que se habían robado casi todo. Pero Dios nos regaló otro verdadero milagro, ¡todo estaba como lo había mandado originalmente! Luego, una vez en casa me di cuenta que no habían llegado las doce cucharitas de café que eran muy chiquiticas. Seguro se habían salido ya que iban sueltas porque no me cupieron en el estuche de terciopelo con bolsillos donde puse los cubiertos y las numerosas piezas para servir. Todo, absolutamente todo lo demás había llegado bien ¡en una maleta cerrada con unas sogas!

Epílogo: No tuvimos hijos así que los que lean ésto se preguntarán qué hicimos con las cosas que eran para ellos. Las tienen una hija y una nieta de O. una amiga que es como mi hermana. Los cubiertos, la hija mayor y el traje de Bernabeu, la nieta que está estudiando diseño.

De los juegos de cama el rosado y el amarillo se los di a L., otra como hermana que ahora los está disfrutando un poco y que serán para una de sus hijas eventualmente. Me he quedado solamente con el blanco que yo llamaba de “novia”.

La cámara Contaflex, aunque Alberto no la usó más, la tiene guardada en una gaveta.

De todas formas de vez en cuando rezo por “la embajadora que fue tan buena conmigo”. El poder sacar lo que en aquella época era tan importante para nosotros, fue algo que nos dio un gran consuelo en medio de tantas tristezas, como ahora nos lo da el que lo tengan seres que queremos mucho, como familia y que los saben apreciar además.”   Matilde L. Álvarez

En junio del 2012 Doña Matilde L. Álvarez publicó su primer libro titulado “Perfumes del Mar y mis Recuerdos”, en abril del 2013 “Encuéntrate conmigo en las Estrellas”, en septiembre del 2014 “El Cofre de mis Recuerdos” y en octubre de 2015 “Con mis blancas gaviotas”. Todos fueron presentados en la Casa Bacardí del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICAAS) de la Universidad de Miami.

Le deseo muchos éxitos a esa gran dama de la Literatura Cubana que es Doña Matilde L. Álvarez. Su preciosa amistad me honra.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.