La marca España

El amplio foso divisorio entre las dos Españas que tan amplio,  lustroso y determinado se aprecia hoy, a muchos nos cabe la honra de saber que hace años, muchos años, no fue así

Suelo decir con cierta frecuencia que la suerte que tiene Francia, es que están ahí, imponentes y separadores los montes Pirineos, que han servido de mucho históricamente y aún ahora, de que a un lado campee el genio español, y, al otro lado, los tirando a tonticos de los franceses, según el sentir ibérico inyectado, antiguamente por la ignorancia paleta, y actualmente por misma ignorancia, pero televisada.

Aquí, en el lado sur de los Pirineos, viene un grupo bancario catalán, que no pone un duro por cierto, porque no los saca a todos del saco público, coge un partido político, Ciudadanos, que estaba más viejo y chuchurrido que una higuera en diciembre, sin apenas voz ni voto en el más inteligente espacio político catalán que en el resto ibérico, le echan los citados banqueros cuatro gotas de televisión a Ciudadanos, reparten cuatro euros entre unos tertulianos (que no dan el aspecto de ser gente que se vende cara, sino todo lo contrario), y lo lanza al galope de toda la democracia española siempre encabezada por el caballo blanco de Santiago, como un partido mediocre, de gente mediocre, pero que, en el reino de los mediocres, es uno más, y, hasta parte el bacalo español lleno de espinas, de mentiras y de gente, como adjetivo más piadoso, inútiles y eureros, aplaudidos a rabiar por el pueblo televisivo, porque el que no ve la televisión (lo que se llama la izquierda) ni los conoce y les importa tres carajos y medio.

España, pese a lo que digan los catecismos, pese a que el poder y el dinero lo tenga ellos, hagan, pongan y quiten famosos y demás en todos los campos, pantallas, libros y ondas, ni ha sido ni es cristiana vaticana más allá de la apariencia. Y del mismo modo que dentro de una de las Españas se ve con frecuencia la televisión, en la otra España, para evitar arcadas y vómitos no ve la tele más allá de alguna película, y, para aprender léxico y ampliar diálogo, películas pornos.

El amplio foso divisorio entre las dos Españas que tan amplio,  lustroso y determinado se aprecia hoy, a muchos nos cabe la honra de saber que hace años, muchos años, no fue así. Y los que desde el comienzo mismo uso de razón nos cayó de mal a rabiar el franquismo y las manos blandas y blancas del clero, conocemos por la historia verídica paralela superviviente (por quemar el clero quemó hasta la crónica histórica en cinco tomos del Moro Rosis, y algo nos quedó de su hijo), que gracias a que España nunca fue en la pura realidad cristiana y todavía no nos hemos tragado lo impuesto a espada y sangre de la trinidad, se pudo salir y amortiguar, por obra y gracia del unitarismos religioso del Islam y a la arabización de la iberia, algo de aquellas dos Españas tan diferentes como lo era la España de los nobles y los obispos del tiempo de los inestables reyes godos, y la España pos romana, amante de ver correr las aguas de los ríos y escuchar el canto del viento en los juncales.

La tristeza de la España actual, donde un pueblo responde como si estuviera anestesiado o hipnotizado, y parece que le encanta que el diferencial de jornales entre un obrero y político se multiplique por millones, y que vuelva el derecho de pernada (que siempre fue como ahora, a pelo y a pluma, aunque la crónica siempre lo escriba a pelo) no es ni más ni menos sino que, aquellos clanes de la España goda, cuya génesis social la ha trasmitido por centurias el clero vaticano hasta ahora, están todavía en el poder mandando en una España, que hizo su intento Pirineos hacia arriba con un costo económico y de sangre tremendo, pero volvió fané y descangallada a esta iberia geográficamente compartimentada en razón de su orografía, lo que da mucho juego para que las leches no sean todas del mismo color blanca, y los caciques se críen de gordos como boniatos en campos regados a saliva, si hace falta de los hipnotizados paisanos.

Si en España han existido leyes tan injusta y atrasadas como aquella que condenaba al fuego de azufre en el infierno (había varios focos calóricos según pecado y categoría) a los que ligaban con una reina viuda, porque le salió de sus entrepiernas a los señores obispos del momento, se debería de legislar ahora que todos esos que les gusta el copago sanitario, el no tener sanidad pública, ni pensiones, el que sus hijos vayan a los colegios de curas y a las universidades de ellos, como a muchos los conocemos, pues eso, que lo cumplan a rajatabla, supuesto que lo votan tan alegremente y con alegría manifiesta, y el que no lo haga, como son de la cuerda de la manos blancas y blanda, al infierno del fuego del azufre con ellos.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.