Es ahora cuando bajo el Islam, bajo el cristianismo o el judaísmo, la mujer ha perdido toda su condición particular de mujer, y ha pasado al lugar que el hombre le quiere dejar, como una regla general que dice muy poco o nada del hombre; y también pone de relieve la forma acomodaticia que se ha producido en el comportamiento, en general, de la mujer.

Todas las gaitas de la Ley Salica, algo que se sacaron de la manga los francos Salios (no salíos), gente germánica establecida en la dulce Francia y, por tanto no franceses, sino del eje franco-alemán que ya jodía por aquellos medievales años, fueron los que entendieron que la mujer debería de apartarse de las cuchilladas que los reyes, siempre elegidos por la gracia dios, y, la gracia de dios seguramente consiste en pegarse espadazos padres contra hijos o hijos contra padres por alcanzar el poder, y que era mejor que las mujeres que se dedicara a labores de zapa, de cuya actividad probablemente hayan salido de entre las mujeres los mejores zapadores del mundo.

Un pueblo, caso actual de España, donde toda su memoria histórica radica en que mucha de su gente no quiere que se le cambie los honores dados en rótulos de calles a verdaderos carniceros franquista que mandaron fusilar a gente inocente muchos años pasados del calendario del fin de la traición clericó-milico del año del treinta y seis del siglo pasado; a  unas gentes así, que se oponen a algo tan simple y elemental, no le puedes hacer entrar en la cabeza, ni aún a las propias mujeres, que los monoteísmos, islam, cristianismo y judaísmo, son los que siguen encargados desde que comenzaron a campear, en evitar una realidad existente de que la mujer y el hombre, con sus diferencias de propia naturaleza, caminen en parejo.

Entre las gentes marroquís que denominamos como bereberes, el caso de Kahina (la diosa), reina de Ifriqiya, sin entrar, por el momento, al tremendo poder de igualdad que tuvieron en Bizancio las mujeres bajo un cristianismo emergente, pone claramente de manifiesto que el invento social posterior; que fue aceptado por los monoteísmo la esclavitud, cualquier consideración social con respecto al ser humano, hombre o mujer, ya no va a tener valor alguno.

Kahina la reina bereber a la que voy a dedicarle una atención de renglones en mi libro Tiempos del Moro Muça, (porque voy haciendo, lentamente a la vez lo de Cuba y lo de Muça, y así no me canso de tema), fue una mujer de su tiempo, en nada adelantada ni una excepción al respecto de su época, supuesto que las diferencias entre los sexos, entre el hombre y la mujer, los que pusieron y ponen un especial interés es que se mantenga y se aumente son los jefes que dirigen en la actualidad las religiones monoteístas.

En Marruecos, me decía hace años un anciano que vivía por las sierras del Rif, que él recordaba que su abuelo le hablaba que cuando era pequeño una mujer podía recorrer toda la sierra caminando sola y que se le tenía un respeto y una consideración muy diferente de la de ahora, donde una serie de prejuicios han pasado de la pura esclavitud a quedarse vigente en la mujer, ante la vista gorda de las religiones, que de siempre les encantó la esclavitud.

Estamos hablando, pues de un tiempo de recorrido en los días muy corto, supuesto que la desigualdad entre el hombre y la mujer se ha acentuado en la medida que las sociedades se consolidaron en cuanto a su poder adquisitivo de propia subsistencia, y, como regla general, el hombre aumentó su presencia en el hogar, y la mujer fue perdiendo protagonismo en él, con pleno consentimiento de las religiones que le asignaron una tarea sin consultárselo.

Del mismo modo que cada vez que hay que cambiar el rótulo de una calle que aleje el recuerdo de la traición clericó-militar que se produjo en España, asunto o jornadas que nada tienen que ver con nuestra cultura ni fueron gentes que aportaron nada positivo a la vida y a la sociedad y si y mucho a la muerte, al terror y los odios revanchistas, si para algo tan elemental como semejante asunto, hay llantos y crujir de dientes, arranque de cabellos, y un despropósito alegando que nos vamos a quedar sin memoria histórica, no va a ser tarea fácil que la sociedad, que la mujer, entienda que su diferencia viene y se potencia en la medida que son más poderosas las religiones.

En España, concretamente, por pura experiencia, el clero vaticano sabe que la mejor manera de dominar un pueblo es quitarle su memoria histórica. Y en ese trabajo de recuperar la verdad, gentes como el vasco de San Sebastián, paleontólogo e historiador de gran conocimiento y ciencia, nacido en el año número tres del siglo pasado, y muerto en el año con el número setenta y cuatro, antes de morir dejó unas perlas históricas únicas, como pueden ser su obra Los Árabes Jamás Conquistaron España, o La Revolución Islámica en Occidente, con cuya lectura se llega tranquilamente al convencimiento del despojo de la identidad que realmente era nuestra, con la que nos metieron las religiones con una profundidad que van a ser necesario la incidencia de muchos escritos e historiadores contando la verdad del barquero para que la gentes se lo crea y lo asimile.

Si tornáramos de nuevo al concepto del Iberismo pre llegada de pueblos que podemos denominar religiosos, en ese antiquísimo iberismo olvidado, dejado y desdeñado como cosa de salvajes, podemos encontrar un concepto igualitario entre los dos sexos, entre el hombre y la mujer, que en el proceso evolutivo, paralelo con la esclavitud, fue perdiendo respeto social la mujer y contenida, animada a resignarse, e incluso a dictarle por hombres interesados, cuáles deberían ser sus tareas sociales y sus normas de conducta, mientras ellos se reservaban la hamaca para dormir junto a la espada.

Y así va el chiringuito. Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

2 COMENTARIOS

  1. FUE A TU PASO

    Fue a tu paso;
    cuando tu pasaste,
    el otro día,
    por mi lado.

    Una estrella:
    millones de años luz,
    y cuando la estamos
    viendo,
    ya no existe;
    está muerta:
    se ha apagado.

    Tú,
    menos vieja
    que yo;
    pero vieja.
    No tan vieja en años luz
    como una estrella,
    porque prendida,
    la imagen
    que tenía perdida
    de ti,
    quedó encendida
    a tu paso.

    Mujer, el tiempo,
    el que se usa para envolver
    los recuerdos,
    envuelto tenía
    el tiempo tuyo
    de ayer
    con algo del mío
    envuelto.

    La distancia,
    la languidez,
    las dos unidas,
    en un raro vaivén
    que me agitó parado,
    me hizo ver
    un tiempo todo,
    cuando junto a mi,
    hace poco,
    a mi lado
    has pasado
    y se ha pasado.

    Se, mujer,
    que has caminado mucho,
    mientras yo,
    lo más seguro
    es que esté parado;
    siga parado.
    Pero lo que vi.
    y sentí
    cuando hace poco
    junto a mi has pasado,
    no es la luz de una estrella
    nueva,
    que acaba de nacer,
    y viajará por el tiempo
    que envuelve
    el tiempo de los recuerdos:
    luz y tiempo al fin,
    que no será nunca
    olvidado.

    Porque si una mujer
    es más que una estrella,
    el mundo entero
    salvaje y dentado
    estará salvado.

    Algo así,
    sentí,
    a tu paso.

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