París, 28 de septiembre de 2015.

Querida Ofelia:

Este es un nuevo testimonio del ex guerrillero del Escambray Roger Redondo. Lo recibí ayer desde Miami y por medio de ti deseo hacerlo conocer en nuestra sufrida Patria.

“El día 3 de abril, Jueves Santo de 1958, 109 soldados rebeldes se encontraban rodeados por varios cientos de soldados del gobierno de Batista en un lugar llamado Charco Azul. Desde las 7.30 a.m. hasta las 3 p.m., hora en que Lázaro Artola atacó al enemigo por donde se encontraban los oficiales enemigos, lo que produjo una gran confusión.

Nosotros salimos del cerco. Sólo Morgan quedó dentro del encierro con un grupo muy pequeño que tuvo muchas escaramuzas esa noche.

Cuando pasamos revista, comprobamos que tuvimos cinco muertos y un solo herido -nativo de la ciudad de Trinidad-, de nombre Pote Pena. Perdimos una docena de mochilas y una planta de radio trasmisora. Entre los muertos se encontraba también nuestro operador de radio. Nos retiramos caminando lentamente toda la noche hasta la casa de un familiar del Dr. Armando Fleites, de nombre Enrique López.

En la casa de Enrique el Dr. Fleites y Rolando Cubela operaron al herido extrayéndola la bala que tenía alojada en el muslo izquierdo.

Allí nos reorganizamos el 5 de abril. Dos días después del combate de Charco Azul llegaron a la casa de López, Cesar Páez, Juan Abrantes, (el mejicano) y Tin Tin Días Argüelles. Provocó un gran alboroto el arribo, pues fue en medio de mucha actividad militar.

Ellos venían desde Miami donde se encontraban en calidad de exilados. Se abrazaron a Cubela y a Tony Santiago con mucha alegría. También apareció Morgan con su gente, siendo el último en escapar, nos contó con detalles los tiroteos que nosotros pudimos oír, sin saber lo que pasaba.

El día 9 de abril fue convocado el paro general por el M-26-7. Todas las esperanzas cifradas en esa huelga general fueron aplastadas por la dictadura en muy corto tiempo. Aquel gran fracaso dio lugar a que el liderazgo del Movimiento 26 de Julio se centralizara en la figura de Fidel Castro, que hasta ese momento compartía con Faustino Pérez y otros dirigentes. Fidel era reconocido como el líder pero no con poderes absolutos, como lo obtuvo después de la reunión que él convocó en las Alturas de Monpies, en la Sierra Maestra.

La dictadura de Batista después del día 9 de abril que hizo fracasar la famosa huelga, consideró oportuno lanzar la gran ofensiva a la vez contra los dos focos Guerrilleros: el de Oriente y el de Las Villas. De tener éxitos en derrotar a los pocos cientos de alzados, Batista ganaría la Guerra Civil.

Fidel Castro, que a pesar de llevar un año más que nosotros en el Escambray, sólo contaba con 200 hombres armados y un grupo de hombres desarmados, razón por la cual no podía recibir a gente sin armas, pues no podía protegerlos y alimentarlos. Ya en el Escambray para el 9 de abril 1958 contábamos con casi 200 hombres bien armados lo mismo que Fidel en la Sierra Maestra, y sin la impedimenta de hombres desarmados. Sin contar con una retaguardia organizada, ya que los hombres del clandestinaje se encontraban a la desbandada, unos se refugiaban en las Sierras y otros en embajadas o en el extranjero.

El Estado Mayor designó al Comandante Armando Fleites para ir al llano a organizar la retaguardia, en un momento extremadamente peligroso, en medio de la mayor ofensiva. Al Escambray, con mucha actividad militar y policíaca fueron enviados 2000 soldados y diez mil hacia la Sierra Maestra.

Se puede decir que desde el día tres de abril comenzó la ofensiva. Una tropa enemiga caminando de noche por un lugar conocido por el nombre de Escandel, al amanecer se encontró con un pobre hombre que acostumbraba a llevar comida ya cocinada a una mujer viuda con varios hijos pequeños, que vivía en un bohío a la orilla del camino real. El hombre no pudo convencer a los soldados de cuál era el destino de los alimentos que él acostumbraba a llevarle a esa familia desvalida desde años atrás. En verdad, los rebeldes acabábamos de llegar a ese lugar y el hombre nunca tuvo la oportunidad de vernos.

Lo torturaron y vivo aún le cortaron los labios. Sangró mucho, después le dispararon un tiro a la cabeza, abandonando el cadáver a la vera del camino. Se fueron y acamparon en un valle de nombre Río Negro. Dos días después Menoyo con treinta hombres, se acercó- burlando a los centinelas- a la casona de madera donde el ejército se encontraba. A muy corta distancia, cuestión de 15 metros, abrieron fuego cerrado por espacio de diez minutos. Al día siguiente se vio mucha actividad sacando a los heridos.

Nos retiramos a una altura de nombre La Coliblanca. Morgan en su chapurreado español, le explicó a Menoyo que no teníamos armas pesadas para enfrentarnos a aquella invasión, por lo que no la podríamos detener, y si lo tratábamos perderíamos las pocas balas que teníamos, además que si nos quedábamos sin balas nos matarían a todos. Artola, que era el que más leía sobre las Guerras de Independencia de Cuba, nos explicó a los que estábamos allí, que desde las alturas ahorrando las municiones tratando de herir y no matar a soldados de día y por la noche atacar los lugares donde ellos acampaban para no dejarlos dormir, sentirían terror. Era la única solución que teníamos.

Llegó la noticia desde todas partes de que el enemigo acampaba en las casas grandes y de que usaban los secaderos de café como trincheras. Todos salieron a cubrir sus posiciones. Menoyo, que estaba de acuerdo con Morgan y Artola, fue el único que rompió con la orden de no hacerles resistencia y dejar pasar el enemigo para tirotearlo de día desde las alturas. Porque se enteró de que en Manantiales, la tropa enemiga venía quemando las casas de un grupo de familias españolas- con los cuales él hizo amistad- que allí vivían: la gallega Clotilde, Cándido de Armas, Tadeo Carballo, la gallega doña Rosa. Alfonso Matías, y otros.

Menoyo recogió a todos los soldados rebeldes más cerca de donde él se encontraba, entre ellos a un grupo de hombres que vinieron con Bordón sin mucha experiencia y le hicieron tanta resistencia al ejército, que evitaron que les quemaran todas las casas. Pero a la gallega Clotilde un mortero le tumbó la mitad de la suya.

A pesar de gastar muchas balas, le ocuparon al enemigo más de las que utilizaron, porque en su huida abandonaron balas por el terreno sueltas y magazines de m-1 de 8 tiros de los Garan.

De los distintos lugares en que acampaban, salían grupos de soldados que eran tiroteados desde las alturas sólo para producirles bajas. Por la noche Morgan y Menoyo atacaron el mayor campamento enemigo en el chalet de los hermanos Loras, desde las 11 de la noche hasta los claros del día. Ellos dos pudieron entrar dentro de la casa, tiraron las únicas dos granadas de manos que tenían a las otras habitaciones de la casa dándole mucha moral a sus hombres con esa demostración de valor y temeridad. La tropa enemiga se retiró por una puerta trasera hacia un bosque donde se internaron.

Víctor Bordón llegó después del día 9 de abril con 16 hombres, pero a diferencia de Faure Chomón que llegó después de que se retiraron todos los soldados enemigos y quedábamos los rebeldes amos totales de las montanas, Bordón sí participó en varios combates al igual que sus hombres.

Faure Chomón ha dicho que él regresó el día 10 de julio de 1958, lo cual no se ajusta a la verdad. Él llegó a la casa de las hermanas Suárez en calle Dolores # 60 en Sancti Spiritus en esa fecha, pero de ahí lo llevaron a Dos Arroyo en el Escambray varios días después de terminar la ofensiva. Cuando él llegó al Escambray, ya los rebeldes habían desalojado hasta el último soldado enemigo.

Las fuertes lluvias fueron nuestro mejor aliado en el Escambray, pues no permitían a la fuerza aérea enemiga operar, ni ofrecer apoyo, ni suministrar medicamentos ni repuestos del material bélico que gastaban los soldados alegremente disparándole a los bosques. Contaban que podían recibir cuanto necesitaran. A la vez crecieron los ríos, hubo un momento que pensábamos que tomaríamos a muchos prisioneros. Algunos grupitos de soldados pudieron romper el cerco rebelde de noche, y escaparon a los pueblos más cercanos.

Rolando Cubela cumpliendo las órdenes del Estado Mayor, con una docena de combatientes para dar fe de que teníamos fuerza, atacó un tren que transitaba por el ramal de Cumbre a Trinidad. En el poblado de Meyer se reportó un soldado herido. También Cubela fue y paralizó la construcción de la planta de la Hidroeléctrica del Hanabanilla. Menoyo con menos de 20 hombres paró un camión propiedad de un civil y se incorporó a una caravana del ejército por la carretera del Circuito Sur, siguiendo al último carro. Como estaba oscuro, la gente no podía verles las barbas. Al entrar por un camino pavimentado al central Soledad -hoy Pepito Tey-, cuando comenzaron a bajar de los camiones, los rebeldes abrieron fuego a corta distancia. Se desconoce número de bajas que hubo.

A pesar de que el Escambray estaba lleno de soldados enemigos, estos hechos daban la sensación en las poblaciones cercanas de que estábamos ganando, al demostrar la capacidad de poder bajar y atacar. Era la mejor propaganda.

Pero la gran victoria se nos escapó de las manos con varios cientos de soldados de Batista. Morgan los mantuvo rodeados, los ríos crecidos y las lluvias eran la mejor arma. El enemigo no tenía la capacidad de atacar ni de retirarse, estaban a punto de rendirse en un lugar conocido como Dos Bocas, donde se unían los ríos Guanayara y Negro. Las aguas bajaron lo suficiente como para que pudiera pasar por sorpresa una tropa enemiga con carros de doble tracción y tanquetas artilladas, en una operación muy rápida para rescatar a sus compañeros con éxito.

No recuerdo los nombres de todos los que murieron, sólo de algunos. Puedo decir que teníamos dos hospitales de campaña y ambos al terminar la ofensiva estaban llenos de heridos. Los muertos fueron alrededor de 20. Dieron sus vidas sin ser reconocidos por los que manejan los medios oficiales, a pesar, de que … ‘¡REVOLUCIÓN ES NO MENTIR JAMÁS!’

Los compañeros de la Sierra Maestra tuvieron una ventaja, Wilfredo Velázquez, (‘el compañero José’), informó todos los planes del enemigo con tiempo suficiente como para que Rogelio Acevedo y su hermano pudieran requisar 300 vacas para hacer tasajo. En el Escambray tuvimos que comer malanga y carne de jutía. Es justo decir también que allá mandaron a 10,000 soldados y al Escambray 2000. La ofensiva en la Sierra Maestra duró 70 días y en el Escambray 68”. Roger Redondo

Un abrazo con gran cariño y simpatía desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández

Foto El Escambray

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