La paloma que se posó sobre 'el comandante'

La paloma entrenada no fue la que se posó sobre el dictador

El 8 de enero de 1959 Fidel Castro entró en una Habana que ya habían tomado las columnas de Camilo Cienfuegos y del Che Guevara. Casi ya a media noche, en la emblemática fortaleza Columbia, donde Batista había dado el golpe de Estado en 1952, el líder de la revolución pronunció un encendido discurso ante miles de cubanos. En medio del éxtasis general -«fue casi una misa», contarían algunos después-, avanzada ya la intervención, una paloma blanca revoloteó en torno a la cabeza de Castro y se posó en el hombro derecho del líder. «Hubo un silencio profundo», relató el periodista Luis Ortega, albacea de Luis Conte Agüero, secretario general del partido en el que militaba Fidel. Algunos, hasta se santiguaron.
¿Era una señal? «La gente pensaba que Fidel era un enviado de Cristo», se escribió. «El Espíritu Santo iniciaba una Epifanía posándose sobre Fidel», dijo Ernesto Cardenal, teólogo de la liberacón amonestado por el Vaticano. Los católicos siempre han visto mucha carga simbólica en la paloma, asociada al Espíritu Santo según se ha dibujado en la literatura cristiana.
En el exilio de Miami, Conte Agüero confesó a Ortega su propia versión. «Habíamos empezado a entrenar a una paloma para que se posara sobre Fidel, para darle un toque de religiosidad al primer encuentro del gran líder y su pueblo, y darle un toque carismático».
Pero la paloma entrenada no se posó y escapó. Otra paloma, entre varias soltadas por el público, fue la que se posó sobre el hombro de Castro. Conte, que oficiaba como «un sacerdote de la revolución», fue el más sorprendido.

Hispanista revivido.