París, 22 de noviembre de 2015.

Mi querida Ofelia:

Te hago llegar otro de los testimonios del ex guerrillero del Escambray Roger Redondo, que logré obtener durante mi reciente viaje a América.

“El Sirio Musa tenía una bodega de víveres en un lugar muy remoto, conocido como La Una, que quedaba sitio adentro. No sé cómo ni por qué, un sirio que llegó a Cuba se internó por aquellas tierras. Su esposa se llamaba Beatriz, era cubana y llevaba mucho tiempo viviendo por aquellos lugares, pues ya tenía un hijo hombre, que había nacido por allí cerca. El caso es que cuando Ramón Grau San Martín, era Presidente de la República, el Sirio Musa contrató a un carpintero de apellido Carnicero, natural de Galicia. El Sirio era un hombre belicoso y bravucón, que cuando debía dinero pagaba si le daba la gana y si le daba la gana. El carpintero, por su parte, hizo el trabajo que deseaba El Sirio Musa y también corrió con los gastos de todos los materiales. Pero El Sirio Musa Guas pensó que le era mejor negocio matar al gallego que pagarle. El español no tenía familiares y nadie reclamaría, aunque tenía amigos por la zona. El Sirio tenía contacto con un oficial de la guardia rural en Trinidad y con un abogado con mucha influencia de nombre Juan Armando Entriargo, que lo había sacado victorioso de otros percances. Sin embargo esta vez, no pudo y El Sirio fue condenado a la cárcel por asesinato, pero con su influencia con los rurales pudo cumplir su condena en la cárcel de Trinidad, que era una prisión para delitos menores. El Sirio, gracias a sus contactos políticos, le permitían ir a su casa y pasar días enteros en su bodega. No obstante a los vecinos les molestaba la arrogancia de El Sirio.

Después del Golpe de Estado de Batista, el poder del Sirio Musa aumentó y cuando comenzaron los guerrilleros a operar por la zona del Escambray, comenzó a servir de guía a las tropas de Batista por la zona de Topes de Collantes, donde él conocía muy bien el terreno, así como a los vecinos y sus preferencias políticas. El mando militar de Batista, determinó un bloqueo de víveres a toda las zona del Escambray, menos a la bodega del Sirio Musa. Por esa razón el Sirio ganaba dinero y también le podía dar informaciones al ejército, acerca de los pobladores que sospechosamente compraban muchos víveres que pudieran ser llevados a los rebeldes. Además, los precios en la bodega del Sirio aumentaron en más de cuatros veces. La oferta había descendido porque el resto de las bodegas estaban bloqueadas.

Por esos días el ejército batistiano operaba por toda la zona, pues eran muy numerosas las fuerzas gubernamentales y se producían continuamente muchas escaramuzas al mismo tiempo por todas partes, pero los rebeldes no tenían el dominio del Escambray. Una noche llegó a la bodega del Sirio Musa William Morgan, con varios mulos y le dijo al Sirio que se iba a llevar toda la mercancía de su bodega y que como él le había hecho al galleguito no le iba a pagar. Esa noche el Sirio estaba en la casa cuando el americano Morgan se fue con sus mulos cargados de mercancías. Pero El Sirio siguió a Morgan y como llovió esa noche, las huellas de los mulos estaban muy claras en el terreno y Musa vio donde se acampó la guerrilla del comandante norteamericano.

Ya localizada la guerrilla de Morgan, Musa se dirigió a Topes de Collantes, donde se encontraba un cuartel del gobierno de Batista, y una tropa reforzándolo. Entonces, el teniente Antonio Regueira formó rápidamente su tropa y se fue con el Sirio. Regueira era el único oficial del ejército que caminaba de noche y llegó con un grupo de soldados hasta los alrededores de la casa de Cheo Reyes, que era donde estaba el campamento de Morgan, donde sorprendieron al guardián que estaba de posta, que era Edmundo Amado Consuegra. Los soldados rápidamente hicieron una descarga cerrada e hirieron al soldado rebelde, que estaba de guardia, con cinco balazos. Milagrosamente Consuegra sobrevivió, pues no le afectó ningún órgano vital.

En esos días una avioneta comenzó a tirar unos panfletos, los cuales pedían a los rebeldes, que desertaran y se presentaran con sus armas, que les sería perdonada la vida y que les darían salvoconductos para que se fueran con sus familiares. Trece soldados rebeldes decidieron acogerse a esas promesas y desertaron, se presentaron, pero fueron torturados y asesinados. Todos no se fueron juntos, unos lo hicieron por Cumanayagua, otros por Trinidad y otros lugares.

Un día el hijo del Sirio Musa Guas, estaba montado en una mula, y se encontraba repartiendo los mismos panfletos que tiraba la avioneta, pero de casa en casa, cerca de Topes de Collantes. William Morgan lo capturó en un camino y le dijo: “reza”, y con su metralleta inglesa Sten 9 milímetros, le hizo una cruz de balazos en el pecho, amarró el cadáver en la mula y se la mandó con un rótulo, que no me acuerdo lo que decía, para Topes de Collantes. La mula llegaba de casa en casa y los campesinos la espantaban hasta que llegó hasta Topes de Collantes, donde se encontraba la tropa del ejército de Batista, con la macabra carga en su lomo.

En otra ocasión el Sirio Musa desde la cárcel de Trinidad donde él entraba y salía a su voluntad, organizó un grupo de reclusos, para que disfrazados con el uniforme rebelde, asaltaran a ganaderos y cafetaleros pudientes, diciéndole a sus víctimas que necesitaban dinero para la revolución, siendo éstos capturado por los rebeldes.

El día 28 de diciembre de 1958 entró a la ciudad de Trinidad una tropa del Directorio Revolucionario, al mando de Joaquín Milanés, conocido como El Magnífico, en compañía de Ernesto Valdés Muñoz, Manuel Solano y Jesús Hernández, más conocido por Espiritico y otros. Los cien soldados enemigos que se encontraban en esa plaza tenían orden de retirarse al puerto de Casilda, donde donde se encontraba una fragata que ya había recogido en el puerto de Júcaro a los soldados de Sancti Spiritus, Ciego de Ávila y otros puntos. Manuel Solano y Ernesto Valdés Muñoz, desconocían que se encontraba una docena de soldados cubriendo la retirada de sus compañeros hacia el puerto y cuando caminaban por la calle, desde el techo de un edificio los acribillaron a balazos.

Los soldados batistianos en su precipitada huida no soltaron al Sirio Musa, porque de esa forma paga el diablo al que bien le sirve. Cuando Joaquín Milanés, que era natural de Media Luna, Oriente, llegó a la cárcel el Sirio Musa gritaba en voz alta ¡Viva la Fidela Castro!, con su acento árabe. Pero El Magnífico le contestó: “ya se te acabó tu historia Sirio, tú tenías tres hijas nacidas en Cuba y fuiste a venderlas a Arabia Saudita. Y tú serás sirio, pero ellas eran cubanas!” “De Verdad que yo he oído esa historia de tus hijas, pero no lo sé por seguro, pero es un comentario fuerte”, concluyó El Magnífico.

Ese mismo día fue fusilado el Sirio Musa Guas y también un policía de Batista que cayó prisionero, de apellido Tapanes. El pelotón de fusilamiento lo dirigió Jesús Hernández alias Espiritico, quien tiempo después se alzó contra el gobierno revolucionario junto a Osvaldo Ramírez”. Roger Redondo

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Foto: De izquierda a derecha: Mario Marín, Eloy Gutiérrez Menoyo, Henry Fuerte (el Argelino) y William Morgan, de rodilla José Arcadio García.

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