A pesar de la inolvidable hijaputada que le gastó el gobierno francés a los republicanos españoles, muchos pudieron encontrar en la vecina y dulce Francia algo muy diferente de lo que le robaba esta España.

Vista desde esta España de ladrones patrios aplaudidos y homenajeados desde los altares y la calle, Francia, la vecina y dulce Francia, es un caramelico que cualquier español medio se lo puede comer con papel y todo, y le resulta mucho más dulce que lo que tenemos aquí, a pesar de Maríne Le Pen y el peligroso “primo de Ciudadanos” afrancesado, en este país que rememora su victoria del dos de mayo, y muchos españolitos de a pie nos preguntamos ¿”a cuala” victoria?.

Porque si eres país para ver como todo lo que han forjado unas generaciones de trabajo y responsabilidad laboral, para ver como familias enteras (de las que ahora mismo se sabe, de las que no se sabe; pues eso, no se sabe, aunque se intuye) tanto en Madrid como en Barcelona y otras localidades, roban a manos llenas y siguen disfrutando de lo robado en espera de que pasen los calores y dentro de un par de años le sigan llamando don y doña (todavía se lo dicen) y disfruten a espuertas de lo robado, con tan solo el gasto de comprarse un braguero de quijada (evita las carcajadas) para no reírse a mandíbula batiente de todos los españoles.

En Francia, donde existen leyes y pueblo; un pueblo para hacerlas y hacerlas valer y un estamento para aplicarlas, esas dos familias organizadas para el robo, más todo el iceberg que, sin arañar ni la corteza del melón podrido, que los Pujol amenazaron con abrir si los tocaban; los han tocado y ni lo han abierto; ni lo han arañado de la mierda que existe Pirineos abajo, de Pirineos para arriba habrían devuelto lo robado y encima tendrían sobre ellos no el baboseo español sino el peso de la justicia.

A pesar de la inolvidable hijaputada que le gastó el gobierno francés a los republicanos españoles; a pesar de que Francia siempre ha sido una mala puta para España, gracias a las necesidades nacionales francesas, muchos de los españoles que nacieron en aquellos años en los que nací, los de la vuelta del tribunal de la santa inquisición que siguió enviando a civiles al pelotón de fusilamiento entre rosarios y letanías, muchos pudieron encontrar en la vecina y dulce Francia algo muy diferente de lo que le robaba esta España, que ahora no fusila pero desahucia a ancianos inválidos todavía vivos.

Francia es un país hecho, cuajado. El poderío de Francia se vislumbran con precisión cuando se viaja de norte a sur o de este a oeste por unos terrenos educados, por unos pueblos cultos, limpios, decentes; poblados por gente que sabe lo que quiere y lo ha logrado, y mantiene vivos y decentes estamentos que aquí en España no es que huelan a podrido es que se pudrieron con el franquismo y el nacional catolicismo, y el franquismo y el nacional catolicismo sigue vive y funcionando y cada vez con más fuerza.

Francia lleva más de un siglo siendo tan católica y tan trinitaria vaticana como lo pueda ser la santa España, pero allí, el que quiere cura se lo tiene pagar. Y, lo peor es que si faltan perras para mantener los vaticanistas, desde el banco central vaticano, las perras que llegan de ayuda las han puesto, las hemos puesto, los españolitos de a pie, porque aquí la santa iglesia de boca para afuera, pero sin mover ni un solo músculo (en el fondo hacen bien mientras haya tontos que paguen a gusto) para autofinanciarse con sus devotos super creyentes devocionarios.

El próximo domingo la disyuntiva del voto es muy jodida para los franceses, porque ninguno de los que han quedado son el lado menos malo. El primo del Ciudadanos español, (no se el nombre ni me molesto en buscarlo), tiene más peligro o el mismo que los Ciudadanos catalanes que están hundiendo a España y jodiendo a manos llenas sin tener ni idea de lo que están haciendo y obedientes solo al dinero de los bancos.

Por otro lado, lo de Marina Le Pen, en lo de hacer de una puta vez Europa o irnos a tomar por saco y dejarnos de tanta consideración hacia los Usa y sus imposiciones, estoy con ella. No puedo estar en eso de que los débiles de la tierra (los emigrantes) sean los culpables de los males que le aquejan a Francia. Y si aparcara ese punto tan demencial y fascista, por supuesto que la preferiría al otro peligro que son los primos del Ciudadanos español que enciende la mecha social sin saber lo que es una bomba cuando estalla.

No lo tienen fácil los franceses; pero peor los tenemos todos con no estar unidos ante el verdadero peligro que son los Usas bajo el payo ese que lleva en la cabeza una tortilla francesa de dos güevos por pelo, que ese sí que es un peligro mundial, no solo para los emigrantes y débiles de la tierra, sino para todos los que habitamos en el planeta, porque estoy convencido que ni él ni su entorno cercano saben exactamente donde habitamos y cuales son las dimensiones del mundo.

Francia no me preocupa. Es un gran pueblo, y sus estamentos funcionan sin saber quién manda en París.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

2 COMENTARIOS

  1. VINO DEL SUR
    Vino del sur,
    joven,
    demasiado joven
    para ser ya un desterrado
    y dentro del planeta Tierra,
    por su color,
    un desahuciado.

    Vino del sur hasta este norte
    en el que vivo,
    y vino llorando entre churretones
    un sur que lo lleva encima
    escrito
    punto a punto en sus ojos
    todo lo por el sur pasado.

    Vino del sur,
    con la tremenda pega para el norte
    en el que vivo,
    que el que vino
    vino de negro,
    un color que no se lleva,
    y que sepa,
    nunca se ha llevado.

    Vino del sur,
    de esa tierra
    donde mar adelante
    se van mis ojos de continuo
    cuando estoy junto al mar,
    y podría,
    si quisiera,
    mirar y procurar hacia otro lado.

    Y tuve suerte,
    la gran noticia,
    la del miedo esperado por el blanco
    en el norte donde vivo,
    se produjo,
    porque el que vino,
    vestido la piel de negro,
    agotado y cansado
    hasta la playa,
    vino y había llegado,
    desde patera adentro,
    nadando.

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