La victoria de David contra Goliath y la visita de Goliath

El próximo lunes, cuando el presidente Obama rinda tributo a José Martí en su Memorial debe recordarse que ese día fue escrita la “Vindicación de Cuba” publicada un 25 de marzo de 1889

La Habana, 20 mar (PL) El acontecimiento ha sido recibido con beneplácito por la inmensa mayoría de los cubanos de la isla y de todas partes, además de los millones de amigos que la resistencia estoica de Cuba le ha ganado en el último medio siglo, pues esta visita confirma la intención de ambos gobiernos de construir nuevas relaciones sobre la base del respeto mutuo a la soberanía de las naciones y al derecho internacional. Sin embargo, para algunos ha sido vista, por un lado, como una “concesión” del gobierno de Obama, y por otro, como un “giro audaz” hacia la política de soft y el smart power, que pretende atacar, precisamente, el núcleo duro de los argumentos que los representantes de la isla han esgrimido durante medio siglo y que básicamente incluyen el bloqueo económico, comercial y financiero, la ocupación ilegal de la Base Naval de Guantánamo y la política de doble rasero aplicada a Cuba en temas migratorios, para no hablar de las campañas mediáticas dirigidas a socavar el inmenso prestigio que la política exterior de la isla le ha granjeado en la mayoría los pueblos y gobiernos del mundo, especialmente de Asia, África y América Latina.

Desde el 17 de diciembre de 2014 han sido numerosas las voces de amigos que alientan a los cubanos a cuidarse de semejante acercamiento. No obstante, en más de un año de avances en las conversaciones se ha podido comprobar la mesura del gobierno cubano y la serenidad con que ha demostrado su buena intención de avanzar sin hacer concesiones de principios por los que se ha peleado durante casi doscientos años. A lo largo de todos los continentes, los hombres y mujeres de buena voluntad y de honrada memoria tienen claro las circunstancias en que se ha llegado hasta aquí: nada se nos regala; lo hemos ganado los cubanos con firmeza y sin odio. Rara combinación ésta en los tiempos que corren.

Pero es bueno echar una mirada a la historia para ir a la raíz de esas justificadas aprensiones que, si bien han de tenerse en cuenta y a la vista, no deben convertirse en freno del proceso en el que están inmersas ambas naciones. Siempre será mejor dirimir las diferencias en paz y respeto que por medio de la coerción y la violencia.

La confirmación de esta sentencia final sobre las relaciones de los cubanos con los estadounidenses se ha demostrado fehacientemente a lo largo del último medio siglo de Revolución en el poder. Por respeto a la patria de Lincoln, en las innumerables marchas y concentraciones en las que millones de cubanos han protestado contra las continuadas agresiones de que han sido víctimas por parte de la política injerencista del gobierno norteamericano, jamás se ha quemado una bandera de ese país, ni se ha agredido a la que hasta hace poco fue su Oficina de Intereses, ahora embajada. En pocos países ha tenido un ciudadano norteamericano tanta seguridad, simpatía y hospitalidad como en la agredida y calumniada Cuba. Cuando han llegado diversas delegaciones solidarias, como la Caravana de los Pastores por la Paz, han sido recibidas con el cariño y la admiración que jamás la cultura del pueblo cubano le ha negado a gesto noble alguno en los doscientos años de forja de su nacionalidad profundamente arraigada en valores propios y, al mismo tiempo, con vocación ecuménica y universal.

De igual manera se han recibido a sus delegaciones oficiales, y a los organismos con los que las distintas instancias del Estado cubano han coordinado acciones conjuntas con sus homólogas norteamericanas a fin de hacer avanzar investigaciones científicas, proyectos culturales y deportivos, o preservar la seguridad de ambos pueblos frente a diversas contingencias. Jamás se ha condicionado la colaboración cubana a este nivel por cuestiones ideológicas, religiosas o de otra índole.

El próximo lunes, cuando el presidente Obama rinda el merecido tributo a José Martí en el Memorial donde el pueblo de Cuba honra su memoria y en cuyos muros inscribió, en letras de oro, las máximas sagradas que encierran la fe en que fue fundada la Nación, habrá de recordarse que ese día de 1889 fue el escogido por Martí para escribir aquella tremenda protesta que constituyó su artículo Vindicación de Cuba publicada un 25 de marzo. Y ese espíritu, a la vez rebelde frente a todo lo que hiera la dignidad cubana, y solidario hasta la ternura en todo lo que toca su sensibilidad de pueblo amasado con esa rara mezcla de espiritualidad y de bravura, habrá de ser tomado en cuenta para continuar dando los pasos necesarios a fin de devolverle a los cubanos el trozo de patria secuestrado en Guantánamo y acabar de una vez con el estrangulamiento vergonzoso que ha significado estas más de cinco décadas de bloqueo, para acercar definitivamente, sin suspicacias ni temores, a dos pueblos leales que han sabido pelear por lo que creen.

Hispanista revivido.