El disidente Norberto Fuentes, íntimo del líder cubano, describe sabrosos episodios del carismático revolucionario

 

El crítico del The New York Times se entusiasmó tanto después de leer La autobiografía de Fidel Castro que escribió: “El autorretrato que se desprende es el de un superviviente maquiavélico: un ególatra que no sirve a una causa, ni a una ideología, ni a sus compatriotas, si no a su propia ambición”. Hay que decir que esta autobiografía no es tal. Está escrita por Norberto Fuentes (La Habana, 72 años), que fue íntimo de Fidel Castro (Holguín, Cuba, 89 años) e incluso se encargó de los servicios secretos cubanos. Luego llegó el desencuentro. Fuentes se exilió, en 1994, gracias a la mediación de Gabriel García Márquez. Las 665 páginas que hoy reúne la editorial Stella Maris están firmadas por Fuentes, noveladas, aunque el autor afirma que los hechos son reales. Castro, sin embargo, no la ha autorizado.

Fuentes aún reconoce su cariño hacia Fidel Castro y reflexiona sobre el revolucionario desde la otra orilla del Caribe: la que moja las playas de Miami y a la que, antes que él, tantos otros llegaron desencantados, cuando no perseguidos, por la dictadura cubana. “Hay algo que me diferencia de ellos”, nos cuenta el autor, a propósito de la edición de La autobiografía de Fidel Castro que esta semana ha llegado a las librerías españolas: “Ellos se sienten dañados, y cogen su historia y la convierten en acusaciones. Hay que sacar toda esa cáscara para llegar a una verdad”. Fuentes se muestra templado a la hora de analizar el régimen: “Una revolución debe juzgarse por el cumplimiento de sus promesas, y aún es pronto para juzgar la Revolución Cubana”.

Según el libro, las primeras veces de Fidel Castro ocurrieron cuando él tenía siete años y con una criada llamada Nereida. “Los roces y palpares eran conducidos de forma cada vez más deliberada a un clímax…”
Es la segunda vez que este texto ve la luz: la primera, en 2004, lo hizo en dos tomos y con más de 2.500 páginas. De plena actualidad gracias a los recientes giros diplomáticos entre Washington y La Habana –“hoy el Papa quiere ver a Fidel Castro”, recuerda Fuentes–, la versión reducida del libro no pierde cuenta de ninguna de las anécdotas que retorcerán aún más nuestra idea de una de las figuras más relevantes del siglo XX. También, de quien Fuentes recuerda como un hombre “con un alto sentido del humor, muy cubano, bronco, de los guerreros, de los hombres duros”. Extractamos del libro 17 episodios íntimos de la vida de Fidel Castro. Recuerden: no necesariamente tienen que ser verdad (o sí).

1. Quiero a esa chica, y rápido

Bastaba una señal al jefe de la escolta para que este supiera que el comandante quería acostarse con alguna de las mujeres con las que se había cruzado en su camino, como una diplomática o una periodista. Entonces, el equipo de seguridad emprendía un “peinado de información profundo” sobre la elegida. A veces, acondicionaba alguna de las casas del dirigente a las afueras de La Habana, “habilitadas para el efecto”.

2. Su madre temía que lo castrasen

Según el libro, la única, verdadera preocupación de la madre de Castro cuando este fue capturado por Batista era que se hubieran respetado sus genitales. Fue lo primero por lo que le preguntó al visitarle en la cárcel: “No te habrán cortado los huevos, ¿verdad?”. La idea de que el político, después de atrapado, pudiera ser “un eunuco” también fue objeto de propaganda por parte de los batistianos, que propagaron el rumor para desmoralizar a los seguidores de Castro.

3. En colegio privado y religioso

Castro estudió en Nuestra Señora de los Dolores, una escuela privada, tutelada por la Iglesia católica y regida por religiosos españoles. Es más, fue un empeño personal suyo, que le valió más de una discusión con su familia. “Mi padre estaba renuente a gastarse su dinero en el colegio de un muchacho tan díscolo y arrogante”, recuerda Castro, según el libro de Fuentes.

4. Su primera experiencia sexual

Las primeras veces de Fidel Castro ocurrieron cuando él tenía siete años y con una criada llamada Nereida. El dirigente no escatima en detalles (según el libro) sobre los escarceos que vivían juntos, cuando ella fingía ir a trabajar con los animales y él decía salir al campo a jugar. “Los roces y palpares eran conducidos de forma cada vez más deliberada a un clímax que aprendí a emparentar con la palabra orgasmo. Tras semanas de esfuerzo, me extrajo las primeras gotas de un líquido entre graso y acuoso que yo descarté inmediatamente como orine”. Eso sí, no hubo penetración en estos primeros escarceos.

5. Fidel se ha muerto muchas veces

La idea de que Fidel Castro hubiera muerto en algún momento ha sobrevolado mil veces la Historia reciente, pero se escuchó por primera vez antes de la Revolución Cubana, durante su exilio en México, entre 1955 y 1956. El revolucionario ya era entonces líder de la oposición, y Batista pretendía desmoralizar así a sus partidarios.

6. La técnica del puro con la que ganaba negociaciones
Los cigarros habanos fueron fundamentales en el gesto del revolucionario, que recurría a ellos cuando prefería seguir escuchando a dar la réplica a su conversador. Al dejar de fumar, lo sustituyó por un inhalador, que también “usaba para ganar tiempo” antes de dar una respuesta. Es una técnica que copió de Stalin, que pasaba el día con una pipa apagada en la boca.

7. Matar es natural

En el libro, Castro no duda en hablar con ligereza, y también con frivolidad, de las ocasiones en las que ha quitado la vida a otras personas: no solo como soldado, sino como verdugo, una vez proclamada la Revolución. “No importa la cantidad de gente que mates. Basta con uno. Cuando pasas de ese número, el rostro de la víctima se pierde”, reflexiona el dictador, según el libro novelado de Fuentes.

8. Un niño muy bélico

El primer recuerdo consciente del mandatario ocurrió a los cinco años, al ver a su padre tumbado, fumando debajo de un árbol. “El paisaje bucólico y enteramente cubano que yo mismo voy a destruir treinta años después”, cuenta Fuentes que dijo Fidel.

9. La táctica del rifle para seducir
Ya como presidente, Castro solía celebrar el mismo ritual al recibir la visita de autoridades extranjeras: un paseo por la escuela 26 de Julio, antiguo cuartel Moncada, cuyas paredes están repletas de esculturas de él. El mandatario “te tutea y te pasa el brazo por encima, y tú de pronto entiendes que estás ungido por la gloria”. Al final del recorrido, deja coger al invitado uno de sus rifles: “Y yo ya sé que eres mío para siempre, cuando te veo balbucear alguna frase de cumplido”.

10. Luna de miel en casa del enemigo

El enemigo del imperio norteamericano pasó una luna de miel de tres meses en Miami y Nueva York, a los 22 años y antes de licenciarse. Allí se compró un caro Lincoln Continental, con el que condujo de una ciudad a otra. Finalmente, tuvo que pedir dinero prestado para pagar los gastos de aduana con los que llevarlo de vuelta a Cuba.

11. Austeridad en el vestir

El dictador pasó el lustro que dura una licenciatura con un fondo de armario de tres trajes: el último de ellos, comprado durante su estancia en los Estados Unidos. Como cuenta, los estudiantes de Derecho cubanos siempre acudían a la universidad vistiendo “dos piezas, pantalón y saco, de un mismo paño. Nada de mangas de camisa”.

12. Cartas de amor desde la cárcel

Fidel Castro aprovechó su paso por la cárcel, de algo menos de dos años, para leer a Victor Hugo: también Los miserables, lectura a la que recurrió para escribir cartas de amor desde su celda. Tras no tener noticias de su esposa, empezó a dirigir sus epístolas a otras de las mujeres de su vida.

13. Antes de cenar con mi mamá, a lavarse las manos

En plena guerra de guerrillas contra el gobierno de Batista, Castro hizo un alto en el camino para celebrar la Nochebuena de 1958 con su madre. Llegó a su casa, en la provincia de Holguín, acompañado de unos cuatro coches. Solo algunos de los militares que viajaron con él obtuvieron permiso para sentarse a la mesa, siempre después de lavarse cuidadosamente las manos.

14. El poder oculto del comandante

Fidel Castro dedica (según la novela de Fuentes) unos cuantos párrafos a hablar de su miembro, el cual, “en estado de combate”, abarcaría 16 centímetros. Tampoco olvida su longitud en estado de reposo: cerca de los 9 centímetros. El dictador se jacta de que su “pinga victoriosa. La que apetecían todas las mujeres cubanas” está, para su consuelo, muy por encima de la media de su raza , y “no tan lejos de los compañeros negros”. También se siente satisfecho con su “coloración”, algo más oscura que la del resto de su cuerpo.

15. Prohibido piropear a las mujeres

“La única vez en toda mi carrera política que yo me he echado para atrás”, recuerda el dirigente según el libro, “fue a propósito de los piropos”. Se refiere a una ocasión en la que un periodista le preguntó si estaba bien que los hombres negros piropeasen a mujeres blancas. Tratando de reprocharle el racismo de la pregunta, Castro acabó, sin querer, criticando la práctica del piropo. Una crisis de rumores recorrió Cuba pensando que la Revolución acabaría con el cortejo de a pie de calle.

16. Cuido mi barba con esmero

La frondosa barba por la que se recuerda al mandatario no es el resultado de la dejadez que esperaríamos de un intelectual, sino lo contrario. Fidel Castro cultiva con paciencia un vello que, según el autor, tarda mucho en dejarse ver: “Soy más bien lampiñón, de barba rala y muy lenta de crecer y de que su presencia se advierta”.

17. Bicicletas para el pueblo

El revolucionario odiaba las bicicletas, ya que se rompió la nariz, de niño, jugando con una. Sin embargo, en 1991, su ejecutivo compró cerca de un millón de ellas a China y las repartió en los lugares de trabajo, para crear el hábito. Ocurrió durante una crisis en la que la isla adoleció de vehículos y combustible.

Deja un comentario